domingo, 9 de junio de 2013

Los padres no se equivocan


Los seres humanos tenemos la posibilidad de ser padres en forma consciente de ello. Aunque el instinto juega un papel importante, la mayor relevancia está en que tenemos la posibilidad de tomar conciencia de este papel y perfeccionarnos por medio de nuestra observación.

Muchas veces he escuchado decir que lamentablemente no existen las escuelas para padres y que los hijos vienen al mundo sin un manual de instrucciones. Seguramente el plan consiste en que justamente sea así. Somos padres con todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición según nuestro nivel de conciencia, con la finalidad de observarnos y aprender junto a nuestros hijos todo lo que sea necesario aprender por medio de nuestro libre albedrío.

Los hijos nos elijen como sus padres, así tal cual somos. Seguramente necesitarán experimentar nuestras propias falencias para aprender las lecciones que vienen a experimentar con la finalidad de aportar algo valioso para ellos mismos y para el mundo. Nunca los padres pueden equivocase aunque se hayan cometido algunas acciones no alineadas al amor o se hayan dejado de hacer otras importantes para el bienestar de los hijos.

En niveles superiores, todas las situaciones son adecuadas y necesarias para superarnos y para crecer en conjunto con los hijos. Debido a esto, no vienen al caso los reclamos, las quejas y el guardar resentimientos entre padres e hijos. Estas actitudes solo pueden hacernos demorar en obtener las valiosas lecciones de aprendizaje necesarias para ambas partes. Es más provechoso utilizar los inconvenientes para comprender, aprender y crecer en amor.

Los padres influencian a sus hijos con sus patrones mentales y emocionales en un alto porcentaje que puede llegar a ser hasta de un 90 %. Cuando los hijos se quejan de sus padres, en realidad, se están quejando de sus abuelos y al mismo tiempo de los padres de sus  abuelos. Toda condición familiar viene heredada de varias generaciones anteriores. Se sabe que un acontecimiento familiar puede llegar a influenciar hasta la cuarta o quinta generación. No tiene mucho sentido culpar a los padres de algo que vienen arrastrando de antiguos condicionamientos de los cuales ni siquiera son activamente conscientes.

Cuando los padres son conscientes de sus patrones erróneos, tiene la posibilidad de corregirlos y hacerse responsables de ellos. Sin embargo, muchas veces esto no sucede así y en esas oportunidades los hijos tendrán la ocasión para mejorarlos.

Todos estamos influenciados por nuestros antepasados y debido a ello, se presentan las situaciones y circunstancias actuales como una oportunidad de comprenderlas y colaborar en digerirlas en el amor. Los hijos tienen la oportunidad de  aportar a esta gran misión, los padres presentan la oportunidad.

La presencia del amor y el entendimiento son suficientes para terminar con todo resentimiento y frustración que pudiera haberse gestado al interior de las familias. Darnos cuenta de la responsabilidad que cada uno tiene en su actuar, otorga la posibilidad de sanar todo lo que corresponda sanar. ¿Quién puede juzgar a quien?

Si los hijos se sienten afectados por las falencias o por los dañinos comportamiento de sus padres, es porque se han quedado detenidos al inicio del camino que recién comienza. Si se atreven a romper aquellos patrones emocionales que pudieron quedar gravados en ellos, se encontrarán con una apertura que ni siquiera imaginan, con una gran puerta que los llevaran a ellos y a sus padres a un lugar mucho mas amoroso y feliz que los sorprenderá gratamente.

Romper los patrones militantes de los padres y transmutar aquellas viejas energías de dolor son la puerta hacia la dicha de vivir. No es casualidad que los padres presenten a sus hijos cierto tipo de retos, seguramente son los que mas se ha necesitado trabajar y son los mas urgentes de resolver.

Los padres nunca se pueden equivocar. Pueden hacer lo mejor que se encuentra a su nivel de conciencia y sus hijos tendrán que dar los pasos que siguen y luego los nietos los que aun puedan faltar. Es una larga cadena de aportes mutuos que lleva mucho tiempo rodando y que gracias a ella, nos ha permitido evolucionar.
Aunque en la humanidad aun existe la violencia y la falta de amor, no podemos negar que esta va en ascendente evolución. Hoy no es común ver los atropellos que antaño eran tan comunes. Si bien falta mucho por lograr, todo va caminando hacia el amor. Cada integrante de cada familia puede aportar a este grado de perfección.
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domingo, 5 de mayo de 2013

Los niños aprenden con el ejemplo


Los padres tienen la tendencia a enseñar a sus hijos por medio de lecciones teóricas, pero los niños aprenden mucho mejor con el ejemplo. El ser humano, niños y adultos, tiene la innata condición de aprender por la experimentación.

Ya es bien sabido que en aquellas escuelas donde se enseña haciendo, es donde se obtienen los mejores resultados de aprendizaje. No tan solo se logra aprender mucho más, sino que además el aprendizaje queda incorporado de tal manera que nunca mas se puede olvidar. Esto se debe a que en este proceso utilizamos todo nuestro ser, la mente, las emociones y el cuerpo. Se unifica al  ser completo enfocado en una experiencia.

Muchas veces he visto que los padres quieren trasmitir a sus hijos mensajes que pueden ser muy validos y certeros, pero que al ser entregados solo por medio de las palabras, no alcanzan a llegar a ellos, generado un “yo se lo he dicho, pero no entiende”.

Para los padres puede ser complicado en la práctica tratar de enseñar o transmitir algo importante por medio de la experimentación. Los tiempos, los compromisos y la falta de practica en esto asuntos, nos impulsan a quedarnos solo en el plano teórico, desde donde, poco se consigue.

La mejor manera de que nuestros hijos puedan aprender algo, es por imitación de sus padres. En realidad, ellos están permanentemente aprendiendo de nosotros, sin que siquiera nos percatemos de esto. Toman nuestros modelos casi de forma automática, adquieren nuestra manera de relacionarnos, de enfrentarnos a los desafíos, de resolver problemas, del manejo del dinero, de nuestros hábitos de alimentación, de la manera que en general enfrentamos la vida, incluyendo todos nuestros patrones mentales y emocionales. Las palabras se quedan muy cortas a la hora de querer enseñar a los hijos. Todo lo que somos como padres, está siendo un modelo para ellos, hasta la manera en que nos movemos y respiramos.

Cuando queremos que nuestros hijos adquieran algún valor o condición que nos parece importante para su bienestar, podemos mostrárselos a ellos en forma práctica más que con palabras. Los discursos no funcionan con los hijos. Solo funcionan los modelos.  Si queremos que ellos cambien algún patrón que consideramos negativo para su bienestar, podemos comenzar por observar como hemos sido transmisores de ese patrón con nuestro comportamiento.

Los hijos pueden llegar a imitar a sus padres en un 80 a 90 % de todo lo que son. No es exagerado entonces revisarnos nosotros primero cuando vemos en ellos algunos comportamientos que no nos parecen adecuados o convenientes para su vida.
Quizás, de todo lo que podemos trasmitir a nuestros hijos, lo más importante sea su auto valor. Si ellos llegan a comprender que son amados, valiosos y únicos, el resto de las enseñanzas por venir podrán ser muy fáciles de asimilar.

A veces, antes de resguardar su alta autoestima, los padres se esfuerzan por entregarles valores secundarios como la escolaridad, buenas costumbres y otros. No digo que no sean importantes, solo me refiero a la prioridad. Los valores secundarios se pueden aprender en cualquier momento, pero un bajo valor personal en nuestro hijos, les impedirán crecer en cualquier aspecto, lo queramos o no. He visto a algunos padres que pueden sacrificar el bienestar emocional de sus hijos al tener como prioridad lo que los demás puedan pensar de ellos.

¿Cómo podemos proteger la alta autoestima en los hijos cuando nosotros no la tenemos? Los  niños están mas cerca de amarse a si mismos que los adultos. A medida que pasan los años, los adultos vamos incorporando mucho condicionamiento que no siempre nos ayuda a cuidar nuestra autoestima. Debido a esto, por lo general, aprendemos muy rápidamente a cuidar nuestra imagen de lo que los demás puedan pensar de nosotros y nos fabricamos algunas mascaras sociales que pretenden ayudarnos en esta tarea. Los niños no tienen mascaras, son auténticos y en este sentido son los mayores maestros que podamos tener en algún momento de la vida.

Entonces, cuidar la autenticad de nuestros hijos y valorarlos tal como son, se convierten en tareas que ellos mismos pueden enseñarnos a nosotros. Jesús dijo: “sean como los niños” y debe ser por algo. Hay muchas razones por las cuales los hijos pueden ser maestros maravillosos para sus padres y algunas de estas son su auto valor, su autenticad, su naturalidad y su expresión libre de lo que realmente son.

No tenemos tanto que aprender para enseñarles a los hijos y tenemos mucho que aprender de ellos. Ellos simplemente son, no tienen un discurso. Los padres pueden relacionarse con ellos en ese nivel, con menos discursos y siendo ejemplo de todo lo que quieren trasmitir a sus hijos.

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domingo, 21 de abril de 2013

Los hijos atraen cosas nuevas


Los padres nos sentimos muy inclinados a querer repetir en nuestros hijos muchas de las cosas que para nosotros fueron habituales, sin darnos cuenta de que ellos son distintos, se mueven en un mundo distinto y tienen oportunidades distintas a las que nosotros teníamos cuando éramos niños.

Tenemos la tendencia a querer inculcar cierto condicionamiento a una generación que viene a mejorar aquellas líneas que recibimos y que dominan en la sociedad actual. Los hijos, más que necesitar de la transmisión de estos condicionamientos antiguos, necesitan una oportunidad para atraer cosas nuevas, porque la naturaleza es así.

Para los padres puede ser un tanto complicado abrir las compuertas para dar paso a nuevas posibilidades. Muchos niños nos desafían fuertemente, tienen ideas revolucionarias, no quieren ir al colegio, no les interesan los estudios formales, desean dedicarse a sus propios asuntos y les interesan cosas tan distintas a las que se supone que deberían entregarse. 

Para algunos padres esto puede convertirse en un gran dolor de cabeza, pero también podría convertirse en una gran oportunidad de abrirse a nuevas maneras de expresar el Ser. ¿Quien puede asegurar que lo que existe hoy no se pueda mejorar? ¿No será valido estar abiertos a escuchar las nuevas propuestas para mejorar las propias vidas de los hijos y la calidad de vida de la sociedad?

Quizás no estemos preparados para enfrentar cambios tan drásticos como los que ellos nos proponen, pero bien podríamos advertir que nuestros hijos necesitan mejorar y completar la educación que están recibiendo en sus hogares y en los sistemas tradicionales de estudio. Se están abriendo nuevas maneras de relacionarnos, nuevas maneras de aprender, nuevas maneras emprender, nuevas áreas laborales, nuevas alternativas de vocación, nuevas maneras de desenvolverse en la sociedad, en fin, nuevas maneras en muchos aspectos.

Lo que hasta hace unos pocos años era tan necesario y tan crucial, ahora puede dejar de serlo. Años atrás era muy importante que un niño se adaptara a la formalidad de la sala de clases, ahora puede ser necesario reemplazar aquella formalidad por una participación personal, con un aporte individual al grupo, honrando las inclinaciones particulares de cada uno y aprendiendo lo que sea de su propio interés en un medio que les permita experimentar por sus propios medios lo que antes era entregado en una formación teórica.

Es posible que sea necesario reemplazar aquella rigidez, por una gran libertad para moverse, para expresarse libremente, para saltar y correr como es natural en un niño. Es posible también que sea necesario, dejar que ellos dictaminen lo que quieren aprender y no sea una condición impuesta por alguien que no ha tenido la claridad de hacerlo.

Es posible que una de las más grandes necesidades sea honrar sus vidas y sus inclinaciones, sin juzgarlos porque son distintas a las nuestras o distintas a las que propone la sociedad. ¿Qué poder tiene la sociedad para tener la verdad? Los niños de hoy necesitan más de lo que nosotros recibimos. Ellos necesitan tener una fuerte autoestima, necesitan saber quienes son, conocer sus propios valores, descubrir sus propias inclinaciones, explorar y utilizar sus dones y talentos, aprender que la vida puede ser sustentable y que el mundo esta a su disposición.

Otro aspecto muy importante es acercarlos a los conocimientos necesarios para que comprendan la abundancia y sepan tener acceso a su prosperidad personal en todos los aspectos de la vida. Ellos no necesitan seguir nuestras líneas personales si estas no nos han dado el bienestar que quisiéramos haber alcanzado. Si pretendemos repetir en ellos nuestros modelos fallidos, nos perdemos la oportunidad de que puedan hacer los cambios que son necesarios para alcanzar nuevos modelos más exitosos que nos lleven a más bienestar.

Nuestros hijos necesitan que les demos la oportunidad de atraer cosas nuevas. No necesitan que los queramos acomodar a lo que ya no funciona. Necesitan escuchar que ellos tienen las capacidades y las energías para cumplir con sus sueños aunque sean tan distintos a los que eran los nuestros. Necesitan escuchar muchas mas veces que ellos pueden, que merecen aun mas de lo que nosotros hemos conseguido hasta hoy, que son dueños de sus destinos y que sus sueños traen un aporte que se requiere entregar.

La mayoría de los adultos ha recibido una formación muy restringida, muy poco estimulante, muy centrada en lo que no se debería hacer, en vez de en lo que sí se podía hacer. Se sabe que un adulto ha recibido demasiados “no, no puedes” y muy pocos “si, si puedes”. Debido a esto, no resulta sencillo dejar que nuestros hijos se desarrollen bajo una libertad que no conocemos.

Muchos padres piensan que sus hijos tienen que cumplir con sus propios modelos que perpetúan lo mismo de siempre, pensando que vienen sin un propósito especial y que tendrían que adoptar el que sus padres imponen. Pero en realidad, cada ser que nace en este mundo, viene a avanzar en el camino para ser cada vez más feliz.

Algunos padres pueden tener una fuerte resistencia a que sus hijos sean más felices de lo que ellos fueron o son en la actualidad. En forma consciente o inconsciente, pueden pensar que no es justo que sus hijos tengan una vida más fácil que la que ellos tuvieron y sienten que sus hijos tendrían que aprender que la vida es una lucha que tienen que aceptar como tal. Les resulta difícil observar que sus hijos puedan disfrutar más de lo que ellos disfrutaron.

No es fácil entregar libertad y amor a los hijos cuando los padres no lo tuvieron en sus propias vidas, pero ese es el desafío, permitir que sus hijos atraigan cosas nuevas.

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viernes, 1 de marzo de 2013

Los hijos en la separación de los padres




Nadie quiere que los hijos sean partícipes de la separación de sus padres, sin embargo, muchas veces la situación de los padres se complica en niveles tales, que una separación parece ser la única solución.

Los padres pueden sufrir un gran estrés debido a la posterior situación de los hijos tras una separación. En algunos casos este estrés toma ribetes de drama, cuando en realidad los hijos son los menos propensos a los dramas. Si existen dramas en este aspecto, son mayormente generados por los padres, por sus propias experiencias personales, por sus propios dramas internos.

A los hijos les importa mucho el amor, podríamos decir que lo único que les importa es el amor. Ellos no conciben que no exista el amor y menos entre sus padres, lo esperan siempre como algo natural. Pero no es posible engañarlos y fingir que el amor sigue presente cuando ya no está. Ellos saben cuándo está verdaderamente y cuando se está fingiendo que está.

En algunas ocasiones es posible que los padres quieran seguir fingiendo estar en una relación sana frente a los hijos, a la familia y a la sociedad. Podrán lograrlo en cierto grado, pero nunca podrán tener éxito en este empeño frente a sus hijos. Ellos saben ver la energía que circula en el hogar y no hace falta expresar con palabras lo que está sucediendo para que ellos lo sepan con mucha exactitud.

Los hijos siempre esperan el amor en forma natural y es extraño para ellos que eso no sea así. Estas situaciones basadas en fingir, pueden resultar inmensamente dañinas para ellos, porque se les presenta un modelo de una relación vacía que no les deja más que confusión y dolor. Esta confusión puede llevarlos en la edad adulta a formar relaciones donde fingir parece ser la manera normal de relacionarse. 

Sería más sano para ellos trasparentar la situación y darles a entender que siguen siendo amados aunque la relación esté a punto de terminar entre sus padres. Al menos pueden tener la certeza de que eso es inalterable y que no guarda relación con la ruptura de la pareja. Es importante que ellos sepan que sus padres los aman de todas maneras y en cualquier situación. Tratar de fingir frente a ellos es una muestra de cobardía que no se acerca a los valores del amor.

Pero sus experiencias en estas circunstancias no son en vano, ellos tienen algo que aprender de todo esto que está sucediendo. Seguramente tendrán que ver como los adultos estropean la expresión del amor, como los adultos creen amar incondicionalmente cuando no es verdad y como los adultos se han bloqueado al amor y a su expresión natural. Debido a que ellos aún están más conectados al amor, saben que no se trata de falta de amor, saben que solo se trata de un bloqueo de la expresión del amor.

Todo lo que les sucede a ellos tiene una finalidad, no es casualidad que se encuentren participando de esta experiencia. Seguramente han elegido vivirla junto a sus padres desde antes de venir aquí y tendrán mucho que aprender para aportar a la evolución de la humanidad.

Podrían ver con claridad que los adultos pueden y tienen derecho a vivir en el amor tal cual cuando somos niños. Ellos pueden comprender que pueden preservar ese amor que ellos sienten en forma natural y expresarlo fluidamente aun siendo adultos. Ellos pueden comprender la importancia de vivir en amor y la importancia de expresar el amor. Ellos podrán dar el valor a esa actitud maravillosa de no alejarse nunca del amor.

Todo lo que puedan vivir ahora les puede ayudar a comprender eso y entonces van a querer formar familias amorosas. Además, sus corazones hermosos podrán seguir amando a sus padres con un amor amplio y abierto. Ellos pueden comprender que el amor no ha sido bien entendido por sus padres, pero que ellos si pueden hacer las correcciones para acercarse más a él.

Ellos realmente pueden crecer en esta experiencia. Si sufren en la separación, será exclusivamente por influencia de los adultos (de sus padres y familia), no es porque ellos tengan que sufrir. Todo el condicionamiento de tradiciones y otras cosas no le pertenece a los hijos, solo le pertenece a los padres y los padres pueden transmitir eso a sus hijos haciéndolos sufrir.

Los hijos no sufren, ellos son más incondicionales. Los adultos somos los que tendemos a sufrir por todo y les transmitimos a ellos el mensaje de que les corresponde sufrir.

Si los padres que se están separando les enseñan a sus hijos que estarán más cerca del amor, todo estaría muy bien. Pero seguramente se les hará difícil hacer eso porque esa es la razón de estar necesitando la separación de la pareja, haberse sentido alejados del amor.

Si observamos con atención, los hijos de los padres que se han separado, están más cercanos a aprender la lección que encierra una separación, incluso más que los mismos padres. Muchas veces los padres no aprenden mucho de eso, pero los hijos tienen más probabilidad de hacerlo.

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jueves, 17 de enero de 2013

Cuando somos niños





Cuando somos niños suceden muchas cosas, suceden demasiadas cosas que van quedando almacenadas en la memoria mientras vamos avanzando en la edad. Esta memoria conformada por los recuerdos de situaciones que guardamos en forma de imágenes y con un sabor especial aportado por la emoción experimentada en esos momentos.

Las emociones son las responsables de que esos recuerdos se mantengan en la parte consciente de nuestra mente, ya sea porque fueron muy agradables o porque fueron muy desagradables. Lo que recordamos fácilmente es lo que más nos gustó y lo que menos nos gustó. Lo que no queda en forma consciente, se va quedando olvidado y aunque nos da la impresión de que se olvida, simplemente es archivado en el subconsciente.

Cuando somos adultos, la parte consciente de nuestra mente mantiene muy clara la información recordada y podemos utilizarla a nuestro favor, ya sea para disfrutar de sus resultados o ya sea para cambiarla por otra que sea más útil, para acercarnos mas a nuestro bien.

Sin embargo, los recuerdos almacenados en el subconsciente, van quedando allí casi como un misterio. Con el tiempo van quedando cada vez mas sepultados debajo de la inmensa cantidad de información que somos capaces de ingresar, pero siguen estando vivos y siguen manejando nuestra manera de ser desde esas profundidades que a veces nos parece increíble de comprender.

Muchas veces no sabemos por qué pensamos, sentimos o actuamos de determinada manera. Nos queda una sensación de que existiera otra persona dentro de nosotros, que nos domina y que no nos permite ser lo que realmente quisiéramos ser. Nuestro subconsciente es muy grande debido a la cantidad de información que queda almacenada allí y conforma una amplia zona con oscuridad donde es difícil ir a observar y encontrar algo que nos explique lo que nos sucede. Y no es porque toda esa información sea equivocada o errónea, es que simplemente está olvidada y no se encuentra disponible y fácil de utilizar. Es como una biblioteca guardada en el subterráneo de la casa donde nunca nadie baja y tiene la entrada obstruida con otras cosas que no permite el paso libre y expedito.

El ser humano está capacitado para vivir sin este subconsciente, o sea,  vivir siempre en la zona consciente, pero aun no descubrimos muy bien cómo hacerlo. De momento vamos creando esa zona enrome que requiere de nuestra energía también para mantenerse allí. Los niños aun siguen aprendiendo a crear ese subconsciente que luego les sorprenderá con su contenido en la edad adulta.
Debido a esto, es importante que los padres podamos colaborar para favorecer el crecimiento de los niños en un ambiente agradable, con libertad de expresión personal, con apoyo y contención emocional y facilitar la gran tarea que significa estar en la edad adulta limpiando aquellos recuerdos negativos guardaos en la mente subconsciente, responsables de muchos resultados desastrosos, complicados, tristes y vividos con impotencia, rabia y frustración.

Muchas veces los padres no somos conscientes de la cantidad de información que vamos generando en las mentes abiertas de los hijos. Estando en la playa, meditaba en todo lo que observaba a mi alrededor, algunos padres molestos con sus hijos porque corrían, porque no corrían, porque saltaban, porque no saltaban, porque reían fuerte, porque no reían, porque querían ir al agua, porque no tenían que ir al agua, porque tenían que comer, porque no tenían que comer, porque tomaban algo que no debían tomar, porque no tomaban lo que debían tomar, porque caminaban, porque no caminaban, porque se sentaban, porque se paraban,  porque se mojaban, porque no se mojaban, porque contestaban, porque no contestaban, porque se caían, porque se podrían caer, porque se ensuciaban, porque esto y porque aquello, etc., etc., etc.

Todo lo que observaba me hizo pensar en la gran cantidad de información inútil que vamos transmitiendo  a nuestros hijos y pensé en cuánta de ella será solo parte de una carga emocional negativa y pesada de superar en la edad adulta. ¿Será necesario recargarlos tanto con ideas limitantes y no será mejor dejarlos libre un rato para que jueguen y se muevan en libertad?

Es mucho lo que almacenamos cuando somos niños y gran parte queda escondido en las profundidades del subconsciente que es tan difícil de remover en la edad adulta. Podemos ser más conscientes y hacer un filtro de nuestras ideas para generar fluidez en la energía vital de nuestros hijos y evitarles la gran e inmensa tarea de limpieza en la edad adulta.

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domingo, 9 de diciembre de 2012

Los hijos y el nuevo mundo que se avecina


Por mucho tiempo hemos deseado que el mundo sea diferente a lo que actualmente es. En alguna medida, todos esperamos que las personas en la tierra seamos más amables, mas amorosas, más honestas y más felices.

Tenemos la tentación de creer que alguien tendría que hacer algo para acercarnos más al bienestar de la humanidad, pero lo cierto es que este depende de la vibración personal de cada uno de nosotros. Cada granito de arena conforma toda la arena de la playa.

En el enorme y vasto océano no parece relevante una gotita de agua, pero aunque nuestros ojos físicos y nuestro sentido común nos puedan engañar, la vibración de cada Ser en este planeta tiene una gran importancia y un gran valor. Una sola persona puede ser capaz de activar un gran cambio y si son varias mucho mejor.

Nuestros amados hijos llegan a este mundo con algunas tareas por cumplir y nosotros somos participes y colaboradores para que ellos puedan hacer su personal aporte. El encuentro entre las generaciones de padres e hijos a veces parece complicado, pero si prestamos atención, no lo es tanto. Más bien, los inconvenientes que se pueden presentar se deben a la resistencia que los adultos interponemos entre ellos y nosotros.

Nuestros hijos nacen más cercanos al amor que al miedo. Siendo pequeños, ellos son especialmente abiertos y confiados, son dulces y amorosos, tienen sensibilidad y miran a todas las personas libremente. Ellos están más cerca que nosotros de ese mundo que anhelamos internamente.

Es deseable que seamos capaces de aprender de ellos en vez de insistir en que ellos se parezcan a nosotros. Los adultos que no hemos tenido aun el privilegio del despertar espiritual, podemos tener la posibilidad de acercarnos a él por medio de la observación y la adaptación de muchas de las características de nuestros pequeños hijos.

Muchas veces no consideramos sus actos u opiniones ingenuas precisamente porque las catalogamos de ingenuas. Sin embargo, podríamos recibir grandes lecciones de la más elevada espiritualidad al escucharlos y meditar en sus ideas y conceptos.

En estos tiempos los niños nacen cada vez más despiertos y muchos padres son sorprendidos con sus palabras llenas de sabiduría. A veces los padres nos sentimos muy extraños porque en el fondo sabemos que ellos están expresando verdades profundas, pero nos cuesta mucho aceptarlas porque parecen sacadas de cuentos de hadas y pensamos que no son aplicables a la vida común de las personas en este planeta.
Por ejemplo, los niños saben que todos los bienes materiales les pertenecen por derecho y nosotros nos empeñamos en demostrarles que ganarse la vida es difícil, que se debe trabajar duramente y que se deben preparar mucho para conseguirlo. Muy rápidamente comenzamos a enseñarles lo que pensamos que es verdad y muchas veces los alejamos de la verdad.

Los hijos que llegan a la adolescencia en medio de una rebeldía que no parece tener sentido, tiene todo el sentido que se merece. Los jóvenes rebeldes están haciendo una queja porque han descubierto que tal o cual situación puede ser diferente y más amorosa. Pero, cuando han llegado a la rebeldía, es porque ya están protestando por la injusticia de haber sido privados de la oportunidad que tenían para demostrar que sus ideas eran más cercanas a la realidad.

Un joven rebelde ya está internamente alcanzado por la frustración generada por los adultos represivos. Un joven que ha conservado sus ideales y trabaja por medio del amor en sus sueños, es un ser humano al cual se le ha otorgado y respetado su derecho a Ser.

La represión de un ser humano sobre otro solo acarrea dolor. Eso también es válido entre padres e hijos. No es fácil flexibilizarnos cuando hemos sido educados bajo represión, pero esa es la meta. Encontrar un término medio entre lo que esperamos de nuestros hijos y el aporte que ellos por propia misión de vida traen para cumplir aquí.

Cada vez que nos suavizamos, buscamos la comprensión y el entendimiento con nuestros hijos, estamos dando la oportunidad para que ellos nos aporten  todo lo hermoso que traen de regalo a esta humanidad. Nuestro futuro tan anhelado de paz, armonía y felicidad está en las manos de nuestros hijos y podemos comenzar a prestar más atención a sus mensajes del nuevo mundo que se avecina, aunque de momento no lo creamos aplicable a la realidad.

Patricia González.

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viernes, 2 de noviembre de 2012

Los padres preocupados


Es muy natural que los padres, especialmente las madres, se preocupen mucho por el bienestar de sus hijos. En los niveles más elevados la preocupación no existe, pero para el común de las personas no existe la vida sin preocupación. Pensamos que preocuparnos es una virtud, cuando en realidad la preocupación es una actividad que se podría transformar en ocupación, logrando realmente el objetivo que perseguimos estando en estado de preocupación.

Al fin de cuentas, decirle a una madre que no se preocupe, es como decirle que se olvide de su hijo. Lo tenemos tan internalizado que el solo hecho de imaginarlo parece una locura. Pero al menos trataremos de ver que existen dos tipos de preocupaciones y que una es mucho menos dañina que la otra.

Existe la preocupación de que algo malo les pueda suceder a los hijos y existe la preocupación de querer lo bueno para los hijos. Ambas parecen ser lo mismo o muy parecidas, pero son muy distintas en su base. Entre estas dos alternativas la segunda es la menos dañina.

El solo hecho de estar pensando en cosas desagradables que puedan suceder o afectar a nuestros hijos es una actividad mental que tiene sus consecuencias a nivel energético que no ayuda y no puede ayudar a evitar nada. Este tipo de preocupación, más bien, centra las energías en esa posibilidad que queremos evitar, provocando el efecto contrario a lo deseado. Esta actividad puede ser expresada verbalmente a los hijos o solamente puede ser un rumiar de pensamientos y sentimientos que tenemos internamente en el más absoluto silencio. En ambos casos el efecto es igual. Lo expresemos o no verbalmente, el efecto se hace sentir de todas maneras.

Cada vez que decimos “no quiero que le pase esto a mi hijo”, aumentamos las probabilidades de que eso suceda. Mientras más centramos las energías en ese hecho, mas aumentamos la probabilidad de que se convierta en una profecía auto cumplida. Esto es explicable por la ley de atracción que señala que todo aquello que alimentamos, es lo que se manifiesta. Cuando se maquina este tipo de preocupaciones al interior del corazón de la madre, las energías son liberadas y dirigidas al hijo, quien las recibe con poca resistencia debido al lazo tan estrecho que tiene con ella.

Muchas veces los adolescentes, que ya tienen cierto criterio personal formado, oponen resistencia a este tipo de energías de preocupación por algo malo. Y debido a la ceguera de sus padres, ellos muchas veces son catalogados de rebeldes sin causa. Los jóvenes pueden sentir las energías de baja vibración que recaen en ellos y saben que algo no anda bien, aunque a veces no saben exactamente de qué se trata, sienten un inexplicable impulso a resistir. Muchos de los padres redoblan sus argumentos aumentando aun más sus miedos internos al seguir observando más rebeldía de parte de sus hijos. Por razones personales, cuando me encuentro con este escenario, se me conmueve el corazón.

Las madres al menos pueden dedicarse a preocupase por desear que a sus hijos todo les resulte muy bien, fácil y agradable. Este tipo de preocupación puede hacer que las energías sumen en vez de restar. Cualquier persona necesita aliento y quien mejor que una madre para entregarlo a su hijo debido al cercano lazo que los une. Un hijo que siente esta energía de preocupación de su madre, sabrá que está demás, pero al menos la agradecerá. Ese hijo tendrá la capacidad para comprender que su madre desea su bien y se dará cuenta de que se desvela más de la cuenta, pero lo recibirá con amor.

Para el amor incondicional no existen las preocupaciones, pero mientras nos acercamos a experimentarlo, al menos podemos intentar preocuparnos por desear cosas buenas a los hijos. Si pudiéramos medir la dimensión del daño que hacemos a los hijos cuando les expresamos las preocupaciones de que algo malo les puede pasar, nunca lo haríamos. Estas energías los empapan de una pesadez que a veces cargan por toda la vida, impidiendo que se expresen libres y confiadamente en la vida. Las energías de pesadez pueden afectar todas las áreas que necesita desarrollar el niño, impidiendo que se realice y que alcance su propio bienestar, consiguiendo justamente lo que queríamos evitar originalmente. 

Cuando te encuentres maquinado desastres relacionados a tus hijos, puedes detenerte de inmediato, asumiendo que eso no te llevará, a ti y a tu hijo, a ningún resultado favorable. Pide que la calma llegue a tu mente, que el amor se manifieste con hermosos deseos para ellos. Pide que tus pensamientos sean cambiados y transmutados y diseña los mejores escenarios posibles y trata de comunicarlo a tu hijo. En todo caso, no será necesario que lo exprese verbalmente. Debido al estrecho lazo que tienes a tu hijo, él recibirá el mensaje sin necesidad de que hables y lo agradecerá con amor.

Patricia González.

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