miércoles, 17 de julio de 2013

Procura resguardar el potencial de tus hijos


El potencial de tus hijos es muy valioso y es importante procurar resguardarlo e impulsarlo para que florezca. Demasiadas veces no nos damos cuenta de que estamos actuando en contra de esta finalidad.

Todos los adultos llevamos el peso de la programación que hemos recibido del medio que nos rodea y cuando somos padres, transmitimos esas ideas a nuestros hijos casi sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo.

¿Qué es esa programación?, la programación consiste en todas aquellas ideas que son compartidas por la sociedad, cuya naturaleza no se relaciona con la verdad de lo que somos y que sin embargo, las creemos como verdaderas.

Todo lo que se aleje de nuestra verdadera naturaleza creará una separación de la Fuente Original y por lo tanto, nos hará sentir miedo. Debido a esto, los padres, que ya se encuentran muy sumergidos en aquella programación, están sintiendo miedos internos con mucha frecuencia y transmiten esos miedos a los hijos en forma consciente e inconsciente.

Muchas veces advertimos a los hijos, los riesgos de ciertas actitudes o ciertas acciones, cuando estas no son verdaderamente riesgosas más que en la imaginación. De allí la importancia de poder tomar conciencia de lo que estamos tratando de transmitir. Podemos esforzarnos por distinguir si se trata de sabiduría  o miedo.

Los hijos, que por naturaleza desean explorar el mundo que los rodea, no tienen la experiencia y debido a ello nos sentimos tentados a tratar de vigilar o dirigir la aventura de sus vidas por medio de la nuestra. Sin embargo, esta actitud puede estar generando una limitación del potencial que ellos tienen en forma natural.

No es tan cierto que los malos resultados que los padres obtuvieron en ciertas experiencias, puedan también ser obtenidos por sus hijos. Especialmente en esta época donde existen grandes cambios, donde la modernidad ha hecho que se produzca una rápida diferencia entre las oportunidades de los padres y las de sus hijos, es común que estemos consiguiendo limitar más de lo que observamos a simple vista.

Un ejemplo se produce cuando los hijos desean seguir un rumbo vocacional que hace un tiempo atrás era impensado o cuyos resultados fueron poco deseables para la generación anterior. Recuerdo el caso de una madre que se sentía desesperada porque su hijo solo quería dibujar y dedicar su vida a eso. Ella pensaba que no seria posible que su hijo pudiera vivir bien, desarrollarse y ser feliz con esa vocación.

Esta madre se resistía fuertemente a esta preferencia y se dedicó, por algunos años, a combatir esta afición de su hijo, acudiendo con él a distintas partes para que lo trataran, le hablaran y lo convencieran de que abandonara su amor por el dibujo y retomara sus estudios formales para dedicarse a otra cosa que fuera mas rentable y que le asegurara un futuro mejor.

Los miedos internos de esta madre, provocaron una gran confusión en su hijo, que lejos de potenciarlo, le hacían sentir inadecuado. Esta situación fue superada cuando el joven pudo comprender los miedos de su madre.

Esta situación anterior es evidente y clara. Pero también existen otras menos evidentes, donde los miedos internos de los padres se encuentran mas enmascarados. Es el caso de una joven mujer, que al sentir que su vida estaba estancada, comenzó a buscar las respuestas a esta situación. Estas respuestas estaban en aquellas emociones de miedo que su madre le trasmitía a diario, con motivo de cada una de las actividades que ella quería emprender.

La madre de esta joven, cuyo pasado había sido muy complicado, quería proteger a su hija de falsas ilusiones, de tristezas y fracasos que fueron sus propias experiencias de vida en cada emprendimiento que ella hizo en su juventud. La situación fue superada cuando la joven mujer observó la gran cantidad de miedos que fueron transmitidos por su madre desde su niñez y que de tanto recibirlos, ya se habían convertido en una manera de ver al mundo.

No resulta tan sencilla la tarea de evitar traspasar nuestros miedos a los hijos para salvaguardar su potencial cuando los tenemos tan incorporados al interior. Una gran ayuda la obtenemos de los propios hijos. Cuando los escuchamos, cuando acogemos su punto de vista, cuando consideramos importante lo que nos dicen y cuando abiertamente nos dicen que estamos afectando su bienestar.

Quizás no sea posible dejar de trasmitir nuestros miedos a los hijos, pero podemos estar atentos a la reacción que ellos puedan tener y de acuerdo a esto, hacer el espacio para abrirnos a nuevas posibilidades. Ellos tienen mucho para mostrarnos y podemos confiar en las nuevas propuestas antes de negarlas porque a nosotros no nos resultaron bien o porque nos resultan desconocidas.

El problema no está en equivocarnos, el único problema se puede presentar cuando insistimos en que nuestra verdad es la verdad, cuando nos cerramos a lo nuevo, cuando ponemos nuestros miedos por sobre las nuevas posibilidades, bloqueando el potencial que los hijos puedan llegar a expresar.

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domingo, 9 de junio de 2013

Los padres no se equivocan


Los seres humanos tenemos la posibilidad de ser padres en forma consciente de ello. Aunque el instinto juega un papel importante, la mayor relevancia está en que tenemos la posibilidad de tomar conciencia de este papel y perfeccionarnos por medio de nuestra observación.

Muchas veces he escuchado decir que lamentablemente no existen las escuelas para padres y que los hijos vienen al mundo sin un manual de instrucciones. Seguramente el plan consiste en que justamente sea así. Somos padres con todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición según nuestro nivel de conciencia, con la finalidad de observarnos y aprender junto a nuestros hijos todo lo que sea necesario aprender por medio de nuestro libre albedrío.

Los hijos nos elijen como sus padres, así tal cual somos. Seguramente necesitarán experimentar nuestras propias falencias para aprender las lecciones que vienen a experimentar con la finalidad de aportar algo valioso para ellos mismos y para el mundo. Nunca los padres pueden equivocase aunque se hayan cometido algunas acciones no alineadas al amor o se hayan dejado de hacer otras importantes para el bienestar de los hijos.

En niveles superiores, todas las situaciones son adecuadas y necesarias para superarnos y para crecer en conjunto con los hijos. Debido a esto, no vienen al caso los reclamos, las quejas y el guardar resentimientos entre padres e hijos. Estas actitudes solo pueden hacernos demorar en obtener las valiosas lecciones de aprendizaje necesarias para ambas partes. Es más provechoso utilizar los inconvenientes para comprender, aprender y crecer en amor.

Los padres influencian a sus hijos con sus patrones mentales y emocionales en un alto porcentaje que puede llegar a ser hasta de un 90 %. Cuando los hijos se quejan de sus padres, en realidad, se están quejando de sus abuelos y al mismo tiempo de los padres de sus  abuelos. Toda condición familiar viene heredada de varias generaciones anteriores. Se sabe que un acontecimiento familiar puede llegar a influenciar hasta la cuarta o quinta generación. No tiene mucho sentido culpar a los padres de algo que vienen arrastrando de antiguos condicionamientos de los cuales ni siquiera son activamente conscientes.

Cuando los padres son conscientes de sus patrones erróneos, tiene la posibilidad de corregirlos y hacerse responsables de ellos. Sin embargo, muchas veces esto no sucede así y en esas oportunidades los hijos tendrán la ocasión para mejorarlos.

Todos estamos influenciados por nuestros antepasados y debido a ello, se presentan las situaciones y circunstancias actuales como una oportunidad de comprenderlas y colaborar en digerirlas en el amor. Los hijos tienen la oportunidad de  aportar a esta gran misión, los padres presentan la oportunidad.

La presencia del amor y el entendimiento son suficientes para terminar con todo resentimiento y frustración que pudiera haberse gestado al interior de las familias. Darnos cuenta de la responsabilidad que cada uno tiene en su actuar, otorga la posibilidad de sanar todo lo que corresponda sanar. ¿Quién puede juzgar a quien?

Si los hijos se sienten afectados por las falencias o por los dañinos comportamiento de sus padres, es porque se han quedado detenidos al inicio del camino que recién comienza. Si se atreven a romper aquellos patrones emocionales que pudieron quedar gravados en ellos, se encontrarán con una apertura que ni siquiera imaginan, con una gran puerta que los llevaran a ellos y a sus padres a un lugar mucho mas amoroso y feliz que los sorprenderá gratamente.

Romper los patrones militantes de los padres y transmutar aquellas viejas energías de dolor son la puerta hacia la dicha de vivir. No es casualidad que los padres presenten a sus hijos cierto tipo de retos, seguramente son los que mas se ha necesitado trabajar y son los mas urgentes de resolver.

Los padres nunca se pueden equivocar. Pueden hacer lo mejor que se encuentra a su nivel de conciencia y sus hijos tendrán que dar los pasos que siguen y luego los nietos los que aun puedan faltar. Es una larga cadena de aportes mutuos que lleva mucho tiempo rodando y que gracias a ella, nos ha permitido evolucionar.
Aunque en la humanidad aun existe la violencia y la falta de amor, no podemos negar que esta va en ascendente evolución. Hoy no es común ver los atropellos que antaño eran tan comunes. Si bien falta mucho por lograr, todo va caminando hacia el amor. Cada integrante de cada familia puede aportar a este grado de perfección.
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domingo, 5 de mayo de 2013

Los niños aprenden con el ejemplo


Los padres tienen la tendencia a enseñar a sus hijos por medio de lecciones teóricas, pero los niños aprenden mucho mejor con el ejemplo. El ser humano, niños y adultos, tiene la innata condición de aprender por la experimentación.

Ya es bien sabido que en aquellas escuelas donde se enseña haciendo, es donde se obtienen los mejores resultados de aprendizaje. No tan solo se logra aprender mucho más, sino que además el aprendizaje queda incorporado de tal manera que nunca mas se puede olvidar. Esto se debe a que en este proceso utilizamos todo nuestro ser, la mente, las emociones y el cuerpo. Se unifica al  ser completo enfocado en una experiencia.

Muchas veces he visto que los padres quieren trasmitir a sus hijos mensajes que pueden ser muy validos y certeros, pero que al ser entregados solo por medio de las palabras, no alcanzan a llegar a ellos, generado un “yo se lo he dicho, pero no entiende”.

Para los padres puede ser complicado en la práctica tratar de enseñar o transmitir algo importante por medio de la experimentación. Los tiempos, los compromisos y la falta de practica en esto asuntos, nos impulsan a quedarnos solo en el plano teórico, desde donde, poco se consigue.

La mejor manera de que nuestros hijos puedan aprender algo, es por imitación de sus padres. En realidad, ellos están permanentemente aprendiendo de nosotros, sin que siquiera nos percatemos de esto. Toman nuestros modelos casi de forma automática, adquieren nuestra manera de relacionarnos, de enfrentarnos a los desafíos, de resolver problemas, del manejo del dinero, de nuestros hábitos de alimentación, de la manera que en general enfrentamos la vida, incluyendo todos nuestros patrones mentales y emocionales. Las palabras se quedan muy cortas a la hora de querer enseñar a los hijos. Todo lo que somos como padres, está siendo un modelo para ellos, hasta la manera en que nos movemos y respiramos.

Cuando queremos que nuestros hijos adquieran algún valor o condición que nos parece importante para su bienestar, podemos mostrárselos a ellos en forma práctica más que con palabras. Los discursos no funcionan con los hijos. Solo funcionan los modelos.  Si queremos que ellos cambien algún patrón que consideramos negativo para su bienestar, podemos comenzar por observar como hemos sido transmisores de ese patrón con nuestro comportamiento.

Los hijos pueden llegar a imitar a sus padres en un 80 a 90 % de todo lo que son. No es exagerado entonces revisarnos nosotros primero cuando vemos en ellos algunos comportamientos que no nos parecen adecuados o convenientes para su vida.
Quizás, de todo lo que podemos trasmitir a nuestros hijos, lo más importante sea su auto valor. Si ellos llegan a comprender que son amados, valiosos y únicos, el resto de las enseñanzas por venir podrán ser muy fáciles de asimilar.

A veces, antes de resguardar su alta autoestima, los padres se esfuerzan por entregarles valores secundarios como la escolaridad, buenas costumbres y otros. No digo que no sean importantes, solo me refiero a la prioridad. Los valores secundarios se pueden aprender en cualquier momento, pero un bajo valor personal en nuestro hijos, les impedirán crecer en cualquier aspecto, lo queramos o no. He visto a algunos padres que pueden sacrificar el bienestar emocional de sus hijos al tener como prioridad lo que los demás puedan pensar de ellos.

¿Cómo podemos proteger la alta autoestima en los hijos cuando nosotros no la tenemos? Los  niños están mas cerca de amarse a si mismos que los adultos. A medida que pasan los años, los adultos vamos incorporando mucho condicionamiento que no siempre nos ayuda a cuidar nuestra autoestima. Debido a esto, por lo general, aprendemos muy rápidamente a cuidar nuestra imagen de lo que los demás puedan pensar de nosotros y nos fabricamos algunas mascaras sociales que pretenden ayudarnos en esta tarea. Los niños no tienen mascaras, son auténticos y en este sentido son los mayores maestros que podamos tener en algún momento de la vida.

Entonces, cuidar la autenticad de nuestros hijos y valorarlos tal como son, se convierten en tareas que ellos mismos pueden enseñarnos a nosotros. Jesús dijo: “sean como los niños” y debe ser por algo. Hay muchas razones por las cuales los hijos pueden ser maestros maravillosos para sus padres y algunas de estas son su auto valor, su autenticad, su naturalidad y su expresión libre de lo que realmente son.

No tenemos tanto que aprender para enseñarles a los hijos y tenemos mucho que aprender de ellos. Ellos simplemente son, no tienen un discurso. Los padres pueden relacionarse con ellos en ese nivel, con menos discursos y siendo ejemplo de todo lo que quieren trasmitir a sus hijos.

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domingo, 21 de abril de 2013

Los hijos atraen cosas nuevas


Los padres nos sentimos muy inclinados a querer repetir en nuestros hijos muchas de las cosas que para nosotros fueron habituales, sin darnos cuenta de que ellos son distintos, se mueven en un mundo distinto y tienen oportunidades distintas a las que nosotros teníamos cuando éramos niños.

Tenemos la tendencia a querer inculcar cierto condicionamiento a una generación que viene a mejorar aquellas líneas que recibimos y que dominan en la sociedad actual. Los hijos, más que necesitar de la transmisión de estos condicionamientos antiguos, necesitan una oportunidad para atraer cosas nuevas, porque la naturaleza es así.

Para los padres puede ser un tanto complicado abrir las compuertas para dar paso a nuevas posibilidades. Muchos niños nos desafían fuertemente, tienen ideas revolucionarias, no quieren ir al colegio, no les interesan los estudios formales, desean dedicarse a sus propios asuntos y les interesan cosas tan distintas a las que se supone que deberían entregarse. 

Para algunos padres esto puede convertirse en un gran dolor de cabeza, pero también podría convertirse en una gran oportunidad de abrirse a nuevas maneras de expresar el Ser. ¿Quien puede asegurar que lo que existe hoy no se pueda mejorar? ¿No será valido estar abiertos a escuchar las nuevas propuestas para mejorar las propias vidas de los hijos y la calidad de vida de la sociedad?

Quizás no estemos preparados para enfrentar cambios tan drásticos como los que ellos nos proponen, pero bien podríamos advertir que nuestros hijos necesitan mejorar y completar la educación que están recibiendo en sus hogares y en los sistemas tradicionales de estudio. Se están abriendo nuevas maneras de relacionarnos, nuevas maneras de aprender, nuevas maneras emprender, nuevas áreas laborales, nuevas alternativas de vocación, nuevas maneras de desenvolverse en la sociedad, en fin, nuevas maneras en muchos aspectos.

Lo que hasta hace unos pocos años era tan necesario y tan crucial, ahora puede dejar de serlo. Años atrás era muy importante que un niño se adaptara a la formalidad de la sala de clases, ahora puede ser necesario reemplazar aquella formalidad por una participación personal, con un aporte individual al grupo, honrando las inclinaciones particulares de cada uno y aprendiendo lo que sea de su propio interés en un medio que les permita experimentar por sus propios medios lo que antes era entregado en una formación teórica.

Es posible que sea necesario reemplazar aquella rigidez, por una gran libertad para moverse, para expresarse libremente, para saltar y correr como es natural en un niño. Es posible también que sea necesario, dejar que ellos dictaminen lo que quieren aprender y no sea una condición impuesta por alguien que no ha tenido la claridad de hacerlo.

Es posible que una de las más grandes necesidades sea honrar sus vidas y sus inclinaciones, sin juzgarlos porque son distintas a las nuestras o distintas a las que propone la sociedad. ¿Qué poder tiene la sociedad para tener la verdad? Los niños de hoy necesitan más de lo que nosotros recibimos. Ellos necesitan tener una fuerte autoestima, necesitan saber quienes son, conocer sus propios valores, descubrir sus propias inclinaciones, explorar y utilizar sus dones y talentos, aprender que la vida puede ser sustentable y que el mundo esta a su disposición.

Otro aspecto muy importante es acercarlos a los conocimientos necesarios para que comprendan la abundancia y sepan tener acceso a su prosperidad personal en todos los aspectos de la vida. Ellos no necesitan seguir nuestras líneas personales si estas no nos han dado el bienestar que quisiéramos haber alcanzado. Si pretendemos repetir en ellos nuestros modelos fallidos, nos perdemos la oportunidad de que puedan hacer los cambios que son necesarios para alcanzar nuevos modelos más exitosos que nos lleven a más bienestar.

Nuestros hijos necesitan que les demos la oportunidad de atraer cosas nuevas. No necesitan que los queramos acomodar a lo que ya no funciona. Necesitan escuchar que ellos tienen las capacidades y las energías para cumplir con sus sueños aunque sean tan distintos a los que eran los nuestros. Necesitan escuchar muchas mas veces que ellos pueden, que merecen aun mas de lo que nosotros hemos conseguido hasta hoy, que son dueños de sus destinos y que sus sueños traen un aporte que se requiere entregar.

La mayoría de los adultos ha recibido una formación muy restringida, muy poco estimulante, muy centrada en lo que no se debería hacer, en vez de en lo que sí se podía hacer. Se sabe que un adulto ha recibido demasiados “no, no puedes” y muy pocos “si, si puedes”. Debido a esto, no resulta sencillo dejar que nuestros hijos se desarrollen bajo una libertad que no conocemos.

Muchos padres piensan que sus hijos tienen que cumplir con sus propios modelos que perpetúan lo mismo de siempre, pensando que vienen sin un propósito especial y que tendrían que adoptar el que sus padres imponen. Pero en realidad, cada ser que nace en este mundo, viene a avanzar en el camino para ser cada vez más feliz.

Algunos padres pueden tener una fuerte resistencia a que sus hijos sean más felices de lo que ellos fueron o son en la actualidad. En forma consciente o inconsciente, pueden pensar que no es justo que sus hijos tengan una vida más fácil que la que ellos tuvieron y sienten que sus hijos tendrían que aprender que la vida es una lucha que tienen que aceptar como tal. Les resulta difícil observar que sus hijos puedan disfrutar más de lo que ellos disfrutaron.

No es fácil entregar libertad y amor a los hijos cuando los padres no lo tuvieron en sus propias vidas, pero ese es el desafío, permitir que sus hijos atraigan cosas nuevas.

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viernes, 1 de marzo de 2013

Los hijos en la separación de los padres




Nadie quiere que los hijos sean partícipes de la separación de sus padres, sin embargo, muchas veces la situación de los padres se complica en niveles tales, que una separación parece ser la única solución.

Los padres pueden sufrir un gran estrés debido a la posterior situación de los hijos tras una separación. En algunos casos este estrés toma ribetes de drama, cuando en realidad los hijos son los menos propensos a los dramas. Si existen dramas en este aspecto, son mayormente generados por los padres, por sus propias experiencias personales, por sus propios dramas internos.

A los hijos les importa mucho el amor, podríamos decir que lo único que les importa es el amor. Ellos no conciben que no exista el amor y menos entre sus padres, lo esperan siempre como algo natural. Pero no es posible engañarlos y fingir que el amor sigue presente cuando ya no está. Ellos saben cuándo está verdaderamente y cuando se está fingiendo que está.

En algunas ocasiones es posible que los padres quieran seguir fingiendo estar en una relación sana frente a los hijos, a la familia y a la sociedad. Podrán lograrlo en cierto grado, pero nunca podrán tener éxito en este empeño frente a sus hijos. Ellos saben ver la energía que circula en el hogar y no hace falta expresar con palabras lo que está sucediendo para que ellos lo sepan con mucha exactitud.

Los hijos siempre esperan el amor en forma natural y es extraño para ellos que eso no sea así. Estas situaciones basadas en fingir, pueden resultar inmensamente dañinas para ellos, porque se les presenta un modelo de una relación vacía que no les deja más que confusión y dolor. Esta confusión puede llevarlos en la edad adulta a formar relaciones donde fingir parece ser la manera normal de relacionarse. 

Sería más sano para ellos trasparentar la situación y darles a entender que siguen siendo amados aunque la relación esté a punto de terminar entre sus padres. Al menos pueden tener la certeza de que eso es inalterable y que no guarda relación con la ruptura de la pareja. Es importante que ellos sepan que sus padres los aman de todas maneras y en cualquier situación. Tratar de fingir frente a ellos es una muestra de cobardía que no se acerca a los valores del amor.

Pero sus experiencias en estas circunstancias no son en vano, ellos tienen algo que aprender de todo esto que está sucediendo. Seguramente tendrán que ver como los adultos estropean la expresión del amor, como los adultos creen amar incondicionalmente cuando no es verdad y como los adultos se han bloqueado al amor y a su expresión natural. Debido a que ellos aún están más conectados al amor, saben que no se trata de falta de amor, saben que solo se trata de un bloqueo de la expresión del amor.

Todo lo que les sucede a ellos tiene una finalidad, no es casualidad que se encuentren participando de esta experiencia. Seguramente han elegido vivirla junto a sus padres desde antes de venir aquí y tendrán mucho que aprender para aportar a la evolución de la humanidad.

Podrían ver con claridad que los adultos pueden y tienen derecho a vivir en el amor tal cual cuando somos niños. Ellos pueden comprender que pueden preservar ese amor que ellos sienten en forma natural y expresarlo fluidamente aun siendo adultos. Ellos pueden comprender la importancia de vivir en amor y la importancia de expresar el amor. Ellos podrán dar el valor a esa actitud maravillosa de no alejarse nunca del amor.

Todo lo que puedan vivir ahora les puede ayudar a comprender eso y entonces van a querer formar familias amorosas. Además, sus corazones hermosos podrán seguir amando a sus padres con un amor amplio y abierto. Ellos pueden comprender que el amor no ha sido bien entendido por sus padres, pero que ellos si pueden hacer las correcciones para acercarse más a él.

Ellos realmente pueden crecer en esta experiencia. Si sufren en la separación, será exclusivamente por influencia de los adultos (de sus padres y familia), no es porque ellos tengan que sufrir. Todo el condicionamiento de tradiciones y otras cosas no le pertenece a los hijos, solo le pertenece a los padres y los padres pueden transmitir eso a sus hijos haciéndolos sufrir.

Los hijos no sufren, ellos son más incondicionales. Los adultos somos los que tendemos a sufrir por todo y les transmitimos a ellos el mensaje de que les corresponde sufrir.

Si los padres que se están separando les enseñan a sus hijos que estarán más cerca del amor, todo estaría muy bien. Pero seguramente se les hará difícil hacer eso porque esa es la razón de estar necesitando la separación de la pareja, haberse sentido alejados del amor.

Si observamos con atención, los hijos de los padres que se han separado, están más cercanos a aprender la lección que encierra una separación, incluso más que los mismos padres. Muchas veces los padres no aprenden mucho de eso, pero los hijos tienen más probabilidad de hacerlo.

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jueves, 17 de enero de 2013

Cuando somos niños





Cuando somos niños suceden muchas cosas, suceden demasiadas cosas que van quedando almacenadas en la memoria mientras vamos avanzando en la edad. Esta memoria conformada por los recuerdos de situaciones que guardamos en forma de imágenes y con un sabor especial aportado por la emoción experimentada en esos momentos.

Las emociones son las responsables de que esos recuerdos se mantengan en la parte consciente de nuestra mente, ya sea porque fueron muy agradables o porque fueron muy desagradables. Lo que recordamos fácilmente es lo que más nos gustó y lo que menos nos gustó. Lo que no queda en forma consciente, se va quedando olvidado y aunque nos da la impresión de que se olvida, simplemente es archivado en el subconsciente.

Cuando somos adultos, la parte consciente de nuestra mente mantiene muy clara la información recordada y podemos utilizarla a nuestro favor, ya sea para disfrutar de sus resultados o ya sea para cambiarla por otra que sea más útil, para acercarnos mas a nuestro bien.

Sin embargo, los recuerdos almacenados en el subconsciente, van quedando allí casi como un misterio. Con el tiempo van quedando cada vez mas sepultados debajo de la inmensa cantidad de información que somos capaces de ingresar, pero siguen estando vivos y siguen manejando nuestra manera de ser desde esas profundidades que a veces nos parece increíble de comprender.

Muchas veces no sabemos por qué pensamos, sentimos o actuamos de determinada manera. Nos queda una sensación de que existiera otra persona dentro de nosotros, que nos domina y que no nos permite ser lo que realmente quisiéramos ser. Nuestro subconsciente es muy grande debido a la cantidad de información que queda almacenada allí y conforma una amplia zona con oscuridad donde es difícil ir a observar y encontrar algo que nos explique lo que nos sucede. Y no es porque toda esa información sea equivocada o errónea, es que simplemente está olvidada y no se encuentra disponible y fácil de utilizar. Es como una biblioteca guardada en el subterráneo de la casa donde nunca nadie baja y tiene la entrada obstruida con otras cosas que no permite el paso libre y expedito.

El ser humano está capacitado para vivir sin este subconsciente, o sea,  vivir siempre en la zona consciente, pero aun no descubrimos muy bien cómo hacerlo. De momento vamos creando esa zona enrome que requiere de nuestra energía también para mantenerse allí. Los niños aun siguen aprendiendo a crear ese subconsciente que luego les sorprenderá con su contenido en la edad adulta.
Debido a esto, es importante que los padres podamos colaborar para favorecer el crecimiento de los niños en un ambiente agradable, con libertad de expresión personal, con apoyo y contención emocional y facilitar la gran tarea que significa estar en la edad adulta limpiando aquellos recuerdos negativos guardaos en la mente subconsciente, responsables de muchos resultados desastrosos, complicados, tristes y vividos con impotencia, rabia y frustración.

Muchas veces los padres no somos conscientes de la cantidad de información que vamos generando en las mentes abiertas de los hijos. Estando en la playa, meditaba en todo lo que observaba a mi alrededor, algunos padres molestos con sus hijos porque corrían, porque no corrían, porque saltaban, porque no saltaban, porque reían fuerte, porque no reían, porque querían ir al agua, porque no tenían que ir al agua, porque tenían que comer, porque no tenían que comer, porque tomaban algo que no debían tomar, porque no tomaban lo que debían tomar, porque caminaban, porque no caminaban, porque se sentaban, porque se paraban,  porque se mojaban, porque no se mojaban, porque contestaban, porque no contestaban, porque se caían, porque se podrían caer, porque se ensuciaban, porque esto y porque aquello, etc., etc., etc.

Todo lo que observaba me hizo pensar en la gran cantidad de información inútil que vamos transmitiendo  a nuestros hijos y pensé en cuánta de ella será solo parte de una carga emocional negativa y pesada de superar en la edad adulta. ¿Será necesario recargarlos tanto con ideas limitantes y no será mejor dejarlos libre un rato para que jueguen y se muevan en libertad?

Es mucho lo que almacenamos cuando somos niños y gran parte queda escondido en las profundidades del subconsciente que es tan difícil de remover en la edad adulta. Podemos ser más conscientes y hacer un filtro de nuestras ideas para generar fluidez en la energía vital de nuestros hijos y evitarles la gran e inmensa tarea de limpieza en la edad adulta.

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domingo, 9 de diciembre de 2012

Los hijos y el nuevo mundo que se avecina


Por mucho tiempo hemos deseado que el mundo sea diferente a lo que actualmente es. En alguna medida, todos esperamos que las personas en la tierra seamos más amables, mas amorosas, más honestas y más felices.

Tenemos la tentación de creer que alguien tendría que hacer algo para acercarnos más al bienestar de la humanidad, pero lo cierto es que este depende de la vibración personal de cada uno de nosotros. Cada granito de arena conforma toda la arena de la playa.

En el enorme y vasto océano no parece relevante una gotita de agua, pero aunque nuestros ojos físicos y nuestro sentido común nos puedan engañar, la vibración de cada Ser en este planeta tiene una gran importancia y un gran valor. Una sola persona puede ser capaz de activar un gran cambio y si son varias mucho mejor.

Nuestros amados hijos llegan a este mundo con algunas tareas por cumplir y nosotros somos participes y colaboradores para que ellos puedan hacer su personal aporte. El encuentro entre las generaciones de padres e hijos a veces parece complicado, pero si prestamos atención, no lo es tanto. Más bien, los inconvenientes que se pueden presentar se deben a la resistencia que los adultos interponemos entre ellos y nosotros.

Nuestros hijos nacen más cercanos al amor que al miedo. Siendo pequeños, ellos son especialmente abiertos y confiados, son dulces y amorosos, tienen sensibilidad y miran a todas las personas libremente. Ellos están más cerca que nosotros de ese mundo que anhelamos internamente.

Es deseable que seamos capaces de aprender de ellos en vez de insistir en que ellos se parezcan a nosotros. Los adultos que no hemos tenido aun el privilegio del despertar espiritual, podemos tener la posibilidad de acercarnos a él por medio de la observación y la adaptación de muchas de las características de nuestros pequeños hijos.

Muchas veces no consideramos sus actos u opiniones ingenuas precisamente porque las catalogamos de ingenuas. Sin embargo, podríamos recibir grandes lecciones de la más elevada espiritualidad al escucharlos y meditar en sus ideas y conceptos.

En estos tiempos los niños nacen cada vez más despiertos y muchos padres son sorprendidos con sus palabras llenas de sabiduría. A veces los padres nos sentimos muy extraños porque en el fondo sabemos que ellos están expresando verdades profundas, pero nos cuesta mucho aceptarlas porque parecen sacadas de cuentos de hadas y pensamos que no son aplicables a la vida común de las personas en este planeta.
Por ejemplo, los niños saben que todos los bienes materiales les pertenecen por derecho y nosotros nos empeñamos en demostrarles que ganarse la vida es difícil, que se debe trabajar duramente y que se deben preparar mucho para conseguirlo. Muy rápidamente comenzamos a enseñarles lo que pensamos que es verdad y muchas veces los alejamos de la verdad.

Los hijos que llegan a la adolescencia en medio de una rebeldía que no parece tener sentido, tiene todo el sentido que se merece. Los jóvenes rebeldes están haciendo una queja porque han descubierto que tal o cual situación puede ser diferente y más amorosa. Pero, cuando han llegado a la rebeldía, es porque ya están protestando por la injusticia de haber sido privados de la oportunidad que tenían para demostrar que sus ideas eran más cercanas a la realidad.

Un joven rebelde ya está internamente alcanzado por la frustración generada por los adultos represivos. Un joven que ha conservado sus ideales y trabaja por medio del amor en sus sueños, es un ser humano al cual se le ha otorgado y respetado su derecho a Ser.

La represión de un ser humano sobre otro solo acarrea dolor. Eso también es válido entre padres e hijos. No es fácil flexibilizarnos cuando hemos sido educados bajo represión, pero esa es la meta. Encontrar un término medio entre lo que esperamos de nuestros hijos y el aporte que ellos por propia misión de vida traen para cumplir aquí.

Cada vez que nos suavizamos, buscamos la comprensión y el entendimiento con nuestros hijos, estamos dando la oportunidad para que ellos nos aporten  todo lo hermoso que traen de regalo a esta humanidad. Nuestro futuro tan anhelado de paz, armonía y felicidad está en las manos de nuestros hijos y podemos comenzar a prestar más atención a sus mensajes del nuevo mundo que se avecina, aunque de momento no lo creamos aplicable a la realidad.

Patricia González.

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