viernes, 1 de marzo de 2013

Los hijos en la separación de los padres




Nadie quiere que los hijos sean partícipes de la separación de sus padres, sin embargo, muchas veces la situación de los padres se complica en niveles tales, que una separación parece ser la única solución.

Los padres pueden sufrir un gran estrés debido a la posterior situación de los hijos tras una separación. En algunos casos este estrés toma ribetes de drama, cuando en realidad los hijos son los menos propensos a los dramas. Si existen dramas en este aspecto, son mayormente generados por los padres, por sus propias experiencias personales, por sus propios dramas internos.

A los hijos les importa mucho el amor, podríamos decir que lo único que les importa es el amor. Ellos no conciben que no exista el amor y menos entre sus padres, lo esperan siempre como algo natural. Pero no es posible engañarlos y fingir que el amor sigue presente cuando ya no está. Ellos saben cuándo está verdaderamente y cuando se está fingiendo que está.

En algunas ocasiones es posible que los padres quieran seguir fingiendo estar en una relación sana frente a los hijos, a la familia y a la sociedad. Podrán lograrlo en cierto grado, pero nunca podrán tener éxito en este empeño frente a sus hijos. Ellos saben ver la energía que circula en el hogar y no hace falta expresar con palabras lo que está sucediendo para que ellos lo sepan con mucha exactitud.

Los hijos siempre esperan el amor en forma natural y es extraño para ellos que eso no sea así. Estas situaciones basadas en fingir, pueden resultar inmensamente dañinas para ellos, porque se les presenta un modelo de una relación vacía que no les deja más que confusión y dolor. Esta confusión puede llevarlos en la edad adulta a formar relaciones donde fingir parece ser la manera normal de relacionarse. 

Sería más sano para ellos trasparentar la situación y darles a entender que siguen siendo amados aunque la relación esté a punto de terminar entre sus padres. Al menos pueden tener la certeza de que eso es inalterable y que no guarda relación con la ruptura de la pareja. Es importante que ellos sepan que sus padres los aman de todas maneras y en cualquier situación. Tratar de fingir frente a ellos es una muestra de cobardía que no se acerca a los valores del amor.

Pero sus experiencias en estas circunstancias no son en vano, ellos tienen algo que aprender de todo esto que está sucediendo. Seguramente tendrán que ver como los adultos estropean la expresión del amor, como los adultos creen amar incondicionalmente cuando no es verdad y como los adultos se han bloqueado al amor y a su expresión natural. Debido a que ellos aún están más conectados al amor, saben que no se trata de falta de amor, saben que solo se trata de un bloqueo de la expresión del amor.

Todo lo que les sucede a ellos tiene una finalidad, no es casualidad que se encuentren participando de esta experiencia. Seguramente han elegido vivirla junto a sus padres desde antes de venir aquí y tendrán mucho que aprender para aportar a la evolución de la humanidad.

Podrían ver con claridad que los adultos pueden y tienen derecho a vivir en el amor tal cual cuando somos niños. Ellos pueden comprender que pueden preservar ese amor que ellos sienten en forma natural y expresarlo fluidamente aun siendo adultos. Ellos pueden comprender la importancia de vivir en amor y la importancia de expresar el amor. Ellos podrán dar el valor a esa actitud maravillosa de no alejarse nunca del amor.

Todo lo que puedan vivir ahora les puede ayudar a comprender eso y entonces van a querer formar familias amorosas. Además, sus corazones hermosos podrán seguir amando a sus padres con un amor amplio y abierto. Ellos pueden comprender que el amor no ha sido bien entendido por sus padres, pero que ellos si pueden hacer las correcciones para acercarse más a él.

Ellos realmente pueden crecer en esta experiencia. Si sufren en la separación, será exclusivamente por influencia de los adultos (de sus padres y familia), no es porque ellos tengan que sufrir. Todo el condicionamiento de tradiciones y otras cosas no le pertenece a los hijos, solo le pertenece a los padres y los padres pueden transmitir eso a sus hijos haciéndolos sufrir.

Los hijos no sufren, ellos son más incondicionales. Los adultos somos los que tendemos a sufrir por todo y les transmitimos a ellos el mensaje de que les corresponde sufrir.

Si los padres que se están separando les enseñan a sus hijos que estarán más cerca del amor, todo estaría muy bien. Pero seguramente se les hará difícil hacer eso porque esa es la razón de estar necesitando la separación de la pareja, haberse sentido alejados del amor.

Si observamos con atención, los hijos de los padres que se han separado, están más cercanos a aprender la lección que encierra una separación, incluso más que los mismos padres. Muchas veces los padres no aprenden mucho de eso, pero los hijos tienen más probabilidad de hacerlo.

Coach personal para alcanza tu bienestar y objetivos personales

Sesiones programadas de 1 a 12 meses.

Puede realizarse en forma presencial o virtual

A veces la vida te presenta situaciones difíciles de superar para ti, en las áreas de salud, económica y/o relaciones. Sabes que estas situaciones las creas tú, pero hasta la fecha no has podido comprender, como es que las estas creando, no encuentras una salida y te gustaría que alguien pudiera explicarte como salir de allí.

Patricia González.

Tu Coach para realizar los cambios que deseas


Recibe artículos de salud en tu correo electrónico suscribiéndote al: blog de salud

SERVICIOS:  Coaching -  Consulta Virtual -  Sanaciones.

jueves, 17 de enero de 2013

Cuando somos niños





Cuando somos niños suceden muchas cosas, suceden demasiadas cosas que van quedando almacenadas en la memoria mientras vamos avanzando en la edad. Esta memoria conformada por los recuerdos de situaciones que guardamos en forma de imágenes y con un sabor especial aportado por la emoción experimentada en esos momentos.

Las emociones son las responsables de que esos recuerdos se mantengan en la parte consciente de nuestra mente, ya sea porque fueron muy agradables o porque fueron muy desagradables. Lo que recordamos fácilmente es lo que más nos gustó y lo que menos nos gustó. Lo que no queda en forma consciente, se va quedando olvidado y aunque nos da la impresión de que se olvida, simplemente es archivado en el subconsciente.

Cuando somos adultos, la parte consciente de nuestra mente mantiene muy clara la información recordada y podemos utilizarla a nuestro favor, ya sea para disfrutar de sus resultados o ya sea para cambiarla por otra que sea más útil, para acercarnos mas a nuestro bien.

Sin embargo, los recuerdos almacenados en el subconsciente, van quedando allí casi como un misterio. Con el tiempo van quedando cada vez mas sepultados debajo de la inmensa cantidad de información que somos capaces de ingresar, pero siguen estando vivos y siguen manejando nuestra manera de ser desde esas profundidades que a veces nos parece increíble de comprender.

Muchas veces no sabemos por qué pensamos, sentimos o actuamos de determinada manera. Nos queda una sensación de que existiera otra persona dentro de nosotros, que nos domina y que no nos permite ser lo que realmente quisiéramos ser. Nuestro subconsciente es muy grande debido a la cantidad de información que queda almacenada allí y conforma una amplia zona con oscuridad donde es difícil ir a observar y encontrar algo que nos explique lo que nos sucede. Y no es porque toda esa información sea equivocada o errónea, es que simplemente está olvidada y no se encuentra disponible y fácil de utilizar. Es como una biblioteca guardada en el subterráneo de la casa donde nunca nadie baja y tiene la entrada obstruida con otras cosas que no permite el paso libre y expedito.

El ser humano está capacitado para vivir sin este subconsciente, o sea,  vivir siempre en la zona consciente, pero aun no descubrimos muy bien cómo hacerlo. De momento vamos creando esa zona enrome que requiere de nuestra energía también para mantenerse allí. Los niños aun siguen aprendiendo a crear ese subconsciente que luego les sorprenderá con su contenido en la edad adulta.
Debido a esto, es importante que los padres podamos colaborar para favorecer el crecimiento de los niños en un ambiente agradable, con libertad de expresión personal, con apoyo y contención emocional y facilitar la gran tarea que significa estar en la edad adulta limpiando aquellos recuerdos negativos guardaos en la mente subconsciente, responsables de muchos resultados desastrosos, complicados, tristes y vividos con impotencia, rabia y frustración.

Muchas veces los padres no somos conscientes de la cantidad de información que vamos generando en las mentes abiertas de los hijos. Estando en la playa, meditaba en todo lo que observaba a mi alrededor, algunos padres molestos con sus hijos porque corrían, porque no corrían, porque saltaban, porque no saltaban, porque reían fuerte, porque no reían, porque querían ir al agua, porque no tenían que ir al agua, porque tenían que comer, porque no tenían que comer, porque tomaban algo que no debían tomar, porque no tomaban lo que debían tomar, porque caminaban, porque no caminaban, porque se sentaban, porque se paraban,  porque se mojaban, porque no se mojaban, porque contestaban, porque no contestaban, porque se caían, porque se podrían caer, porque se ensuciaban, porque esto y porque aquello, etc., etc., etc.

Todo lo que observaba me hizo pensar en la gran cantidad de información inútil que vamos transmitiendo  a nuestros hijos y pensé en cuánta de ella será solo parte de una carga emocional negativa y pesada de superar en la edad adulta. ¿Será necesario recargarlos tanto con ideas limitantes y no será mejor dejarlos libre un rato para que jueguen y se muevan en libertad?

Es mucho lo que almacenamos cuando somos niños y gran parte queda escondido en las profundidades del subconsciente que es tan difícil de remover en la edad adulta. Podemos ser más conscientes y hacer un filtro de nuestras ideas para generar fluidez en la energía vital de nuestros hijos y evitarles la gran e inmensa tarea de limpieza en la edad adulta.

Patricia González.

Tu Coach para realizar los cambios que deseas
www.yovivo.cl

Recibe artículos de hijos en tu correo electrónico suscribiéndote en blog de Hijos

SERVICIOS:  Coaching -  Consulta Virtual -  Sanaciones.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Los hijos y el nuevo mundo que se avecina


Por mucho tiempo hemos deseado que el mundo sea diferente a lo que actualmente es. En alguna medida, todos esperamos que las personas en la tierra seamos más amables, mas amorosas, más honestas y más felices.

Tenemos la tentación de creer que alguien tendría que hacer algo para acercarnos más al bienestar de la humanidad, pero lo cierto es que este depende de la vibración personal de cada uno de nosotros. Cada granito de arena conforma toda la arena de la playa.

En el enorme y vasto océano no parece relevante una gotita de agua, pero aunque nuestros ojos físicos y nuestro sentido común nos puedan engañar, la vibración de cada Ser en este planeta tiene una gran importancia y un gran valor. Una sola persona puede ser capaz de activar un gran cambio y si son varias mucho mejor.

Nuestros amados hijos llegan a este mundo con algunas tareas por cumplir y nosotros somos participes y colaboradores para que ellos puedan hacer su personal aporte. El encuentro entre las generaciones de padres e hijos a veces parece complicado, pero si prestamos atención, no lo es tanto. Más bien, los inconvenientes que se pueden presentar se deben a la resistencia que los adultos interponemos entre ellos y nosotros.

Nuestros hijos nacen más cercanos al amor que al miedo. Siendo pequeños, ellos son especialmente abiertos y confiados, son dulces y amorosos, tienen sensibilidad y miran a todas las personas libremente. Ellos están más cerca que nosotros de ese mundo que anhelamos internamente.

Es deseable que seamos capaces de aprender de ellos en vez de insistir en que ellos se parezcan a nosotros. Los adultos que no hemos tenido aun el privilegio del despertar espiritual, podemos tener la posibilidad de acercarnos a él por medio de la observación y la adaptación de muchas de las características de nuestros pequeños hijos.

Muchas veces no consideramos sus actos u opiniones ingenuas precisamente porque las catalogamos de ingenuas. Sin embargo, podríamos recibir grandes lecciones de la más elevada espiritualidad al escucharlos y meditar en sus ideas y conceptos.

En estos tiempos los niños nacen cada vez más despiertos y muchos padres son sorprendidos con sus palabras llenas de sabiduría. A veces los padres nos sentimos muy extraños porque en el fondo sabemos que ellos están expresando verdades profundas, pero nos cuesta mucho aceptarlas porque parecen sacadas de cuentos de hadas y pensamos que no son aplicables a la vida común de las personas en este planeta.
Por ejemplo, los niños saben que todos los bienes materiales les pertenecen por derecho y nosotros nos empeñamos en demostrarles que ganarse la vida es difícil, que se debe trabajar duramente y que se deben preparar mucho para conseguirlo. Muy rápidamente comenzamos a enseñarles lo que pensamos que es verdad y muchas veces los alejamos de la verdad.

Los hijos que llegan a la adolescencia en medio de una rebeldía que no parece tener sentido, tiene todo el sentido que se merece. Los jóvenes rebeldes están haciendo una queja porque han descubierto que tal o cual situación puede ser diferente y más amorosa. Pero, cuando han llegado a la rebeldía, es porque ya están protestando por la injusticia de haber sido privados de la oportunidad que tenían para demostrar que sus ideas eran más cercanas a la realidad.

Un joven rebelde ya está internamente alcanzado por la frustración generada por los adultos represivos. Un joven que ha conservado sus ideales y trabaja por medio del amor en sus sueños, es un ser humano al cual se le ha otorgado y respetado su derecho a Ser.

La represión de un ser humano sobre otro solo acarrea dolor. Eso también es válido entre padres e hijos. No es fácil flexibilizarnos cuando hemos sido educados bajo represión, pero esa es la meta. Encontrar un término medio entre lo que esperamos de nuestros hijos y el aporte que ellos por propia misión de vida traen para cumplir aquí.

Cada vez que nos suavizamos, buscamos la comprensión y el entendimiento con nuestros hijos, estamos dando la oportunidad para que ellos nos aporten  todo lo hermoso que traen de regalo a esta humanidad. Nuestro futuro tan anhelado de paz, armonía y felicidad está en las manos de nuestros hijos y podemos comenzar a prestar más atención a sus mensajes del nuevo mundo que se avecina, aunque de momento no lo creamos aplicable a la realidad.

Patricia González.

Tu Coach para realizar los cambios que deseas
www.yovivo.cl

Recibe artículos de hijos en tu correo electrónico suscribiéndote en: http://hijosyovivo.blogspot.com/

SERVICIOS:  Coaching -  Consulta Virtual -  Sanaciones.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Los padres preocupados


Es muy natural que los padres, especialmente las madres, se preocupen mucho por el bienestar de sus hijos. En los niveles más elevados la preocupación no existe, pero para el común de las personas no existe la vida sin preocupación. Pensamos que preocuparnos es una virtud, cuando en realidad la preocupación es una actividad que se podría transformar en ocupación, logrando realmente el objetivo que perseguimos estando en estado de preocupación.

Al fin de cuentas, decirle a una madre que no se preocupe, es como decirle que se olvide de su hijo. Lo tenemos tan internalizado que el solo hecho de imaginarlo parece una locura. Pero al menos trataremos de ver que existen dos tipos de preocupaciones y que una es mucho menos dañina que la otra.

Existe la preocupación de que algo malo les pueda suceder a los hijos y existe la preocupación de querer lo bueno para los hijos. Ambas parecen ser lo mismo o muy parecidas, pero son muy distintas en su base. Entre estas dos alternativas la segunda es la menos dañina.

El solo hecho de estar pensando en cosas desagradables que puedan suceder o afectar a nuestros hijos es una actividad mental que tiene sus consecuencias a nivel energético que no ayuda y no puede ayudar a evitar nada. Este tipo de preocupación, más bien, centra las energías en esa posibilidad que queremos evitar, provocando el efecto contrario a lo deseado. Esta actividad puede ser expresada verbalmente a los hijos o solamente puede ser un rumiar de pensamientos y sentimientos que tenemos internamente en el más absoluto silencio. En ambos casos el efecto es igual. Lo expresemos o no verbalmente, el efecto se hace sentir de todas maneras.

Cada vez que decimos “no quiero que le pase esto a mi hijo”, aumentamos las probabilidades de que eso suceda. Mientras más centramos las energías en ese hecho, mas aumentamos la probabilidad de que se convierta en una profecía auto cumplida. Esto es explicable por la ley de atracción que señala que todo aquello que alimentamos, es lo que se manifiesta. Cuando se maquina este tipo de preocupaciones al interior del corazón de la madre, las energías son liberadas y dirigidas al hijo, quien las recibe con poca resistencia debido al lazo tan estrecho que tiene con ella.

Muchas veces los adolescentes, que ya tienen cierto criterio personal formado, oponen resistencia a este tipo de energías de preocupación por algo malo. Y debido a la ceguera de sus padres, ellos muchas veces son catalogados de rebeldes sin causa. Los jóvenes pueden sentir las energías de baja vibración que recaen en ellos y saben que algo no anda bien, aunque a veces no saben exactamente de qué se trata, sienten un inexplicable impulso a resistir. Muchos de los padres redoblan sus argumentos aumentando aun más sus miedos internos al seguir observando más rebeldía de parte de sus hijos. Por razones personales, cuando me encuentro con este escenario, se me conmueve el corazón.

Las madres al menos pueden dedicarse a preocupase por desear que a sus hijos todo les resulte muy bien, fácil y agradable. Este tipo de preocupación puede hacer que las energías sumen en vez de restar. Cualquier persona necesita aliento y quien mejor que una madre para entregarlo a su hijo debido al cercano lazo que los une. Un hijo que siente esta energía de preocupación de su madre, sabrá que está demás, pero al menos la agradecerá. Ese hijo tendrá la capacidad para comprender que su madre desea su bien y se dará cuenta de que se desvela más de la cuenta, pero lo recibirá con amor.

Para el amor incondicional no existen las preocupaciones, pero mientras nos acercamos a experimentarlo, al menos podemos intentar preocuparnos por desear cosas buenas a los hijos. Si pudiéramos medir la dimensión del daño que hacemos a los hijos cuando les expresamos las preocupaciones de que algo malo les puede pasar, nunca lo haríamos. Estas energías los empapan de una pesadez que a veces cargan por toda la vida, impidiendo que se expresen libres y confiadamente en la vida. Las energías de pesadez pueden afectar todas las áreas que necesita desarrollar el niño, impidiendo que se realice y que alcance su propio bienestar, consiguiendo justamente lo que queríamos evitar originalmente. 

Cuando te encuentres maquinado desastres relacionados a tus hijos, puedes detenerte de inmediato, asumiendo que eso no te llevará, a ti y a tu hijo, a ningún resultado favorable. Pide que la calma llegue a tu mente, que el amor se manifieste con hermosos deseos para ellos. Pide que tus pensamientos sean cambiados y transmutados y diseña los mejores escenarios posibles y trata de comunicarlo a tu hijo. En todo caso, no será necesario que lo exprese verbalmente. Debido al estrecho lazo que tienes a tu hijo, él recibirá el mensaje sin necesidad de que hables y lo agradecerá con amor.

Patricia González.

Tu Coach para realizar los cambios que deseas:  patricia@yovivo.cl

Suscríbete a nuestro Boletín de Noticias semanal,  donde te hacemos llegar informaciones de interés como nuestros servicios, promociones, películas, anuncios y novedades en nuestra web. El boletín contempla un interesante Pensamiento de la Semana y tienes la posibilidad de enviar una consulta para ser contestada en las próximas ediciones


miércoles, 10 de octubre de 2012

La misión de los hijos



Es natural que los padres deseen la felicidad y el éxito a sus hijos. También es natural que dediquemos nuestros pensamientos a tratar de descubrir qué enseñanzas transmitirles, qué recomendaciones hacerles y qué hacer para que ellos disfruten de su vida. Los hijos siempre nos presentan nuevos escenarios y mientras más crecen, más amplio se hace el abanico de los temas involucrados. Muchas veces nos sentimos poco preparados para tanta tarea.

No podemos desconocer que la responsabilidad de criar a nuestros hijos nos puede desvelar, pero también es verdad que tanto ellos, como nosotros, no nos encontramos en esta vida por casualidad. Los hijos elijen a sus padres para experimentar ciertas circunstancias como aprendizaje de sus almas y los padres se convierten en colaboradores para ese aprendizaje. Se produce una sinergia que está orientada a superar ciertas limitaciones arrastradas por el clan familiar. Estas limitaciones no son problemas que se han interpuesto para evitar la felicidad de ambas partes, más bien, son peldaños que antes no fueron superados y que se presentan nuevamente para que esta vez sí puedan ser superados.

Así, cada hijo que viene al mundo traerá una misión para sanar heridas heredadas de la familia o para colaborar a la superación de ciertas limitaciones que aun están pendientes, de tal manera, que todos los inconvenientes que nos encontremos en la crianza de los hijos es perfectamente entendible y explicable si descubrimos cual es esa misión.

Cuando nos encontramos con desafíos difíciles con los hijos, tenemos la tendencia a sentirnos culpables como padres, pensando que algo hemos hecho mal. Sin embargo, desde una perspectiva mas elevada, eso era justamente lo que se esperaba que sucediera y la meta se trasforma en analizar los temas y tratar de comprender el contexto completo de la familia que puede venir arrastrándose hasta de una cuarta generación.  Todo inconveniente vivido en esta generación familiar es consecuencia de anteriores emociones y experiencias evaluadas como negativas que se vivieron antiguamente, que quedaron estancadas y sin aclarar. Algunas son muy livianas y muy fáciles de superar, pero otras son muy densas y profundas.

Cada situación que se nos presente con los hijos tiene una historia que la sustenta. Es de vital importancia darse cuenta de que ninguna de las dos partes está haciendo algo erróneo o cometiendo un pecado. Simplemente se trata de un desencadenante natural. En todos los casos no existen culpables, ni por parte de los hijos, ni por parte de los padres. Quedarse atrapados en las culpas y en los juicios solo retrasa el aprendizaje y la evolución. La vida no espera que nos quedemos detenidos, a ella le interesa que logremos superarnos y que aportemos con nuestro granito de arena a la felicidad de nuestros hijos y la sanación de todos, incluyendo a los padres y hasta las anteriores generaciones.

De estas situaciones nacen las misiones de vida. Dependiendo de cada desafío, se presentan oportunidades para trabajar, para crecer, para comprender, para aceptar y/o perdonar lo que había quedado atascado. La dicha de los hijos y la dicha de los padres quedan al alcance de la mano si comprendemos que nuestra tarea consiste en ser capaces de solucionar y de sanar. Sea como sea el problema que pensemos tener en la crianza de los hijos, éste en realidad no es un problema. Es el impulso de la vida que nos introduce una meta que cumplir. Todo desafío entonces se convierte en una oportunidad para crecer, en una única y exclusiva posibilidad de ser felices. Todo desafío superado se trasforma en dicha, una dicha que no puede provenir de ninguna otra actividad humana. Toda misión cumplida nos aporta una dicha indescriptible.

Tanto para los padres, como para los hijos, no existen razones para sufrir. Aun sin haber terminado de comprender cuales son las soluciones a los problemas, podemos descansar y sentirnos tranquilos porque nada de lo que sucede es una sorpresa desagradable de la vida, ni de los hijos, ni de los padres. Más bien son las consecuencias de lo que ya venía disponible para trabajarse. Entonces, poner manos a la obra es la única salida. Cada paso en la solución y en la sanación, va aportando dicha al camino.

Cuando aceptamos que todo lo que sucede es para un fin superior, no perdemos la perspectiva y nos podemos orientar en las verdaderas soluciones. Tratar de presionar a los hijos para que hagan o para que no hagan, es inútil. Es más asertivo tratar de comprender por qué sucede todo eso y cuál es el mensaje que trae esta situación. Lo mismo con los padres, culpar, juzgar y odiar a los padres por tal o cual razón detiene el proceso de sanación. Es más útil tratar de comprender cuál es la lección que se esconde detrás de todo ese drama. Todo lo que sucede tiene una razón y una finalidad. Al fin de cuentas, esa es la misión, se trata de descubrirla y sanar.

Cuando comenzamos a ver los sucesos familiares con los ojos del entendimiento, las cosas se aclaran y dejamos de desvelarnos por las noches. La claridad nos aporta serenidad y con ella somos más inteligentes. Con la inteligencia descubrimos el propósito y con ella la felicidad para todos.

Patricia González
Tu coach para realizar los cambios que deseas

Si deseas recibir nuevas publicaciones sobre temas de hijos, registra tu E-mail en la parte superior derecha del blog: http://hijosyovivo.blogspot.com

Visita nuestra página web www.yovivo.cl

Si deseas dejar de recibir estos artículos, notifícanos a info@yovivo.cl


domingo, 26 de agosto de 2012

Los niños programados




Cuando somos niños, es cuando más estamos abiertos a recibir la información del medio que nos rodea para crear las bases de la personalidad y formar una guía de valores que nos ayudarán a encontrar el propio camino. Sin embargo, muchas veces, las ideas que la sociedad y los padres entregan a los niños no están favoreciendo los pilares de la libertad y del desarrollo de SER. Más bien, están enfocadas a tratar de enfrascar a los hijos en el mismo sistema de creencias reinantes, para seguir la misma estructura, debido a que pensamos que la vida tiene que ser así, tal cual la conocemos hoy.

Cada niño es una propuesta nueva y por eso muchas veces tenemos dificultades para comprender lo que ellos pueden estar siendo y haciendo, o lo que puedan plantear y opinar. El adulto tiende a pensar que sabe como guiar a su hijo, pero siempre puede tener la oportunidad de aprender algo nuevo con él, con el niño y con el adolescente, porque ellos vienen a refrescar la vida.

Es muy común confundir la entrega de información y el traspaso de valores con una programación. Programar a un ser humano no es la finalidad. La finalidad de la crianza de los hijos es amarlos para que se desarrollen libremente, para que descubran su propio potencial y sus propios valores. Evidentemente que no nos resulta sencillo hacer esto debido a que los padres no han aprendido a amarse y a respetar su propia libertad.

Los hijos se convierten en una oportunidad para observar la propia programación guardada en la mente de sus padres. Muchas veces, sin mucho análisis, sentimos que nuestros hijos pueden estar equivocados, cuando somos nosotros los que no estamos aceptando la apertura a más amor interno del SER.

Es importante darse cuenta de que las fronteras de los adultos están mas estrechas que la de los niños y este solo hecho es suficiente para detenerse a pensar y mirar dentro nuestro, para descartar que los inconvenientes que tenemos con ellos sean producto de una cerrazón de nuestro propio corazón y un intento para implantar nuestra propia programación en las mentes de nuestros hijos.

Programar es manipular y todo intento de manipulación creará dolor, porque el ser humano es libre por naturaleza. Un niño, aun sin saber qué es lo que sucede, advierte con mucha claridad cuando sus padres, profesores u otro adulto que interacciona con él, trata de manipularlo. Todo niño sabe internamente que es libre y siente la manipulación como un quiebre en su sistema energético que lo desestabiliza, pudiendo reflejar este efecto en varios desajustes de su personalidad y optar por revelarse o por la sumisión.

Los padres creen advertir lo que quieren transmitir a sus hijos, pero muchas veces no alcanzan a visualizar que están siendo participes de un intento de traspasar a sus hijos un sinfín de programación basada en el miedo, en los ideales antiguos de la cultura, en los vicios de la educación y en las imperfectas ideas sociales. De esta manera postergan el amor y el respeto a su propio SER por ideas que solo pueden estrechar su grado de libertad.

El mayor inconveniente se encuentra en el temor a que los hijos puedan mal aprovechar su libertad, creyendo que ellos no serán capaces de gobernar sus propias acciones, que no sabrán decidir por su bien, que no podrán sostenerse alineados al bien. Sin embargo, a estas alturas de la evolución, ya advertimos que cada ser humano viene dotado de una guía de referencia y que está basada en el amor. En este sentido, los padres no tienen el deber de enseñar algo tan innato como esto, más bien tienen el deber de respetar, velar y hacer todo lo posible por mantener y contener la vida de sus hijos en un medio repleto de amor. Mientras mas amor, mejor. Los niños no necesitan nada especial de sus padres, ellos solo necesitan la libertad del amor perfecto de la Fuente que vela eternamente por su bien. Bajo los cuidados del amor divino un hijo no puede perderse jamás, todo lo contrario, el amor es lo único que puede permitirle que se encuentre a sí mismo.

Muchas veces queremos trasmitir a nuestros hijos ideas que creemos que son verdad y que en realidad son falsedades transmitidas de generación en generación. Esta es la causa de que los males familiares se transmitan. Las nuevas generaciones no tienen la oportunidad de generar los cambios cuando los padres insisten en saber la verdad e intentan implantarla a sus hijos. Entonces los convertimos en meras marionetas que siguen los mismos patrones que causan dolor.

Cada niño tiene el derecho a liberarse de la programación y de las falsas ideas implantadas en la sociedad. Todo lo que queramos implantar en ellos es dañino. Todo lo que contiene la cultura son solo ideas que acumulamos con el tiempo que no guardan relación con la verdad, porque no son ideas autenticas del interior de cada individuo.

Un ser mas evolucionado tiene la posibilidad de elegir lo que quiere acepar en su mente. Podemos hablar a nuestros hijos de cualquier tema: de religión, de sexo, de política, de educación, de costumbres culturales, de nuestros ideales, de los ideales de la sociedad, pero no podemos presionar o intentar implantar aquellas ideas sobre los hijos para que dejen de ser dueños de su vida y se conviertan en seres dormidos que siguen a la multitud con todos los vicios que ella tiene. Ellos tienen derecho a ser dueños de sus vidas, correr el riesgo a equivocarse y aprender de sus experiencias.

Todos estos temas están siendo fuertemente sacudidos por cambios intensos en estos tiempos. Lo que antes era inamovible, ahora es perfectamente modificable. Todo es mejorable.

Pero, ¿cómo cambiar si no sabemos lo que reemplaza a esas ideas antiguas?. Hay una guía, una guía que nunca fallará: intentar que la vida de nuestros hijos sea la más feliz posible. Aquí no caben los miedos, el temor a Dios, los deberes, los esfuerzos extremos, los castigos, los juicios, las criticas, el abuso de poder, las ideas pesimistas, transmitirles las ideas de escasez,  tratarlos de ignorantes, ridiculizarlos, desprestigiarlos, aplacar sus ideales, limitar la expresión de sus pensamientos, de sus emociones y de sus sueños por mejorar el mundo.

Solo lo que nazca desde el interior de nuestros hijos los hará auténticos y libres. Todo lo que queremos transmitirles (aunque sean muy buenas intensiones) los esclaviza, los vuelve dependientes, dominados por las ideas ajenas programas por alguien. Todo esto no puede darles ni éxito, ni felicidad, que es lo que intentamos conseguir con nuestra intervención.

Patricia González
Tu coach para realizar los cambios que deseas

Si deseas recibir nuevas publicaciones sobre temas de hijos, registra tu e-mail en la parte superior derecha del blog: http://hijosyovivo.blogspot.com


Visita nuestra página web www.yovivo.cl

Si deseas dejar de recibir estos artículos, notifícanos a info@yovivo.cl






viernes, 29 de junio de 2012

Los hijos nos muestran lo que falta por superar


Nuestros hijos son seres divinos que vienen a experimentar su propio camino, el que puede no coincidir con nuestras aspiraciones. Nuestras expectativas hacia ellos a veces nos impulsan a crear planes diseñados con mucho detalle y otras veces no tanto, pero, generalmente se encuentran ubicadas en algún escenario de lo que pensamos que es bueno para ellos.

La mayoría de los padres tienen presente, en su corazón y en su mente, algunas líneas conductoras para educar a sus hijos de tal manera que aseguren su bienestar y su adaptación al medio social y laboral cuando sean adultos. Algunos padres pueden ser muy relajados a la hora de implantar sus propias anhelos, ideas y planes para sus hijos y otros serán extraentemente exigentes en este sentido. Sin embargo, lo cierto es que los hijos serán muy influenciados por los padres se quiera o no y en forma consciente o inconsciente. Los padres, a su vez, han sido influenciados por sus propios padres y la cadena que recae en la educación de los hijos viene a extenderse más allá de lo que puede estar al alcance de nuestra corta visión.

Cada familia es un mundo en sí mismo, ninguna igual a la otra. La crianza de los hijos es una aventura que puede darnos resultados sorprendentes o también muchas veces  desalentadores si no consideramos toda la historia que viene transmitida detrás de lo que podemos observar, originada de generación en generación. Cada núcleo familiar carga con muchas experiencias, agradables y desagradables, traumáticas y valerosas, afortunadas y desafortunadas, las que crean un ambiente muy particular a cada niño. Sin embargo, cada niño viene a vivir exactamente esa experiencia, bajo esas condiciones y esas influencias.

Si los hijos no calzan con lo que esperábamos de ellos, eso está perfecto así. Esto no quiere decir que eso sea lo mejor para ellos y para los padres, solo quiere decir que esos inconvenientes que se puedan presentar serán los obstáculos adecuados para sacar a relucir el poder interior que cada uno de ellos trae consigo. Así la vida se ha manifestado en ellos para venir a aportar con su propia visón y misión, para mejorar la evolución de la humanidad. Si se aborda esto con sabiduría, el mundo quedará mejor después de haber superado las lecciones que esto pueda presentarnos. El dolor que se puede experimentar en estas situaciones puede ser el mejor compañero de viaje, si con él y por él, nos decidimos a avanzar más allá de las formas aparentes y superar las viejas e inútiles cargas de las antiguas generaciones.

Sea lo que sea que le sucede a nuestros hijos, desde lo que llamamos más fuerte como suicidio, drogadicción o violaciones, hasta lo que llamamos más leve como obesidad, mal comportamiento, vagancia, nerviosismo, baja autoestima y otros, tiene una explicación lógica basada en la evolución de la conciencia. En realidad no pasa nada más grave que tener al frente de nuestros ojos la posibilidad de limpiar las energías de baja vibración acumuladas y heredadas de muchas experiencias pasadas. Si algunas familias ya no viven estos sucesos tan intensamente, es porque han ido haciendo el trabajo más adelantadas que otras, pero todos nos tendremos que dar a la tarea, sin importar el tiempo que se requiera en ello, hasta conseguir el paso a otra más amorosa y evolucionada forma de vida.

Los hijos no son los responsables directos de lo que les esté ocurriendo en este momento, es la evolución. Aquí no existen culpables de ningún tipo, pero existe la posibilidad de aportar soluciones, avances, logros, limpieza, entendimiento y evolución a grandes problemas arrastrados en las constelaciones familiares. Si dejamos de lado esta oportunidad, la vida la volverá a presentar nuevamente en nuevos hijos que vendrán a intentar alcanzar lo que antes no se logró, repitiendo las historias hasta que alguno de ellos, en conjunto con su padres, se haga cargo  y le de punto final a tal situación.

El libro Un Curso de Milagros dice “la salvación del mundo depende de ti”. En el fondo, detrás de cada papel que interpretamos en la familia, como padres o hijos, se encuentra ese SER inmutable que puede cumplir con semejante responsabilidad de salvar al mundo. Ninguno es culpable ni pecador y todos somos portadores del amor del Padre que desea sanar las heridas que aun acostumbramos a hacemos unos con otros.

Cuando los hijos no son lo que hemos esperado que sean, existen poderosas razones que sustentan este hecho. Presionar, culpar, cuestionar, criticar, juzgar y castigar a los hijos por estas situaciones no colabora a su resolución, más bien se perpetuán o las empeora. La resolución de temas tan profundos como estos pasa por abrirse al entendimiento y por llevar la claridad de la luz a la maraña que los sostienen. Los primeros rayos de luz nos mostraran a nuestros hijos como grandes seres divinos y perfectos tratando de realizar una tarea pendiente que posiblemente nosotros como padres no hemos podido trascender aun. A través de ellos podemos ver lo que falta por completar en el rompecabezas de la vida, nos presentan una nueva posibilidad para actuar y mejorar lo que falta por mejorar. Ellos reflejan como espejos lo que aun nos queda pendiente por sanar en la familia. Los siguientes rayos de luz traerán un nuevo amanecer.

Patricia González
Tu coach para realizar los cambios que deseas

Si deseas recibir nuevas publicaciones sobre temas de hijos, registra tu e-mail en la parte superior derecha del blog: http://hijosyovivo.blogspot.com

Visita nuestra página web www.yovivo.cl

Si deseas dejar de recibir estos artículos, notifícanos a info@yovivo.cl