martes, 15 de octubre de 2013

Mi hijo no quiere estudiar



Cuando tu hijo se siente desmotivado por los estudios, es posible que también se sienta desequilibrado en otras áreas de la vida, como querer dormir más de la cuenta, desear estar solo o tener malas juntas. Esto sucede cuando algo importante, no atendido, está sucediendo en su interior.

Muchos padres advierten que algo no anda bien en sus hijos cuando observan que están teniendo dificultades en la escuela o cuando pasan los años y no se vislumbra alguna afición o inclinación por una carrera determinada. La preocupación comienza a invadirlos porque se pierde de vista la manera en que sus hijos podrán sostenerse económicamente en la vida adulta.

Pero, para llegar a esta condición, habrán tenido que suceder varias cosas que fueron importantes y a las cuales no se les ha prestado la debida atención. Los padres podrían creer que todos los problemas terminarán cuando sus hijos se enfoquen en algún área que pueda permitirles el sostenerse lo mejor posible económicamente y dejan de lado algo muy importante, el descubrimiento de los propios intereses personales de los hijos. Este abandono o confusión que se crea al interior de los hijos, comienza a generar una desconexión entre mente y corazón que termina colapsada cuando ya no presentan interés genuino por nada de la vida.

Por mucho tiempo, los padres hemos creído que era muy importante que los hijos encontraran una línea de vida que les diera todo el poder económico que fuera posible alcanzar. En estos tiempos maravillosos, ese solo deseo ya no está siendo suficiente para los jóvenes y se está manifestando una suerte de rebeldía frente a esta idea si no tiene considerada la posibilidad de desarrollar sus propios anhelos, dones y sentido de vida personal.

Por lo general, los niños y jóvenes no se dan cuenta de lo que les está sucediendo. Ellos solo saben que algo no está bien y los padres, , psicólogos, profesores y alguien más, se encargan de afirmar que el niño tiene un problema. Los hijos sienten el dolor de su desconexión sin poder explicarse la raíz de ese sentimiento y muchas veces se sienten culpables de ser causantes de tantos problemas.  Los padres que nunca sintieron el dolor de su desconexión, no comprenden lo que pasa con sus hijos. 

Y no es que los hijos estén pidiendo algo imposible, es que la evolución lo está permitiendo y lo está favoreciendo por medio de la toma de conciencia que es cada vez mayor en los niños y jóvenes. El modelo antiguo está comenzando a quedar obsoleto, pero mientras se produce la transición, existe mucha confusión.



Para la antigua escuela de los padres, pensar que un hijo pueda seguir sus propias iniciativas parece imposible. Muchas veces, las actividades que ellos desean realizar, dedicarse o especializarse (dibujar, video juegos, internet, bailar o cantar, entre tantas otras actividades) son consideradas como ideas complementarias o contrarias a su educación y se espera que ellos puedan tener acceso a otro tipo de formación para que realmente se sientan seguros de su porvenir.

Debido a esta discrepancia entre lo que los padres desean para sus hijos y lo que ellos están queriendo encontrar (aunque no estén tan conscientes de ello), se produce una gran desconexión entre lo que dictan sus corazones y lo que tienen que pensar.

Son muchos los adultos (jóvenes o menos jóvenes) que se encuentran en etapa de reconocimiento de esta desconexión y algunos están trabajando seriamente en esta reconstrucción. Son cada vez mas las personas que sienten que sus vidas no tienen un sentido claro, que no vibran con lo que hacen, que se sienten más apagadas que vivas y muchas veces no saben por qué.

Cada vez se hace más necesario tener presente ese llamado interno que señala la ruta a seguir. Muchos padres resisten con mucha fuerza que sus hijos quieran dedicarse a algo que antes no podía haber sido concebido y  se encuentran forzando la posibilidad de acomodar a sus hijos en un modelo que está quedando atrasado en muchos aspectos.

Ahora mas que nunca, se está evidenciando la importancia que tiene escuchar los naturales impulsos del alma de cada joven, no tan solo para permitir que pueda expresarse, sino que además, para colaborar y asegurarse de que pueda hacerlo.

Los padres no tienen la facultad de elegir el rumbo de la vida de sus hijos. Cada ser humano que viene a esta tierra viene con algún plan determinado, con alguna misión especial, con alguna tarea que requiere ser cumplida por dos motivos principales:           

  1.  La dicha de ese ser humano al expresarse tal como es.
  2. Y la ganancia que el universo recibirá por aquel aporte personal que nadie más puede hacer a la humanidad.

Ningún cambio es fácil, pero los mismos hijos nos pueden ayudar a permitir que éste se realice en paz, armonía y felicidad. No podemos negar que la dichosa expresión de cada intención del alma de nuestros hijos les dará una enorme motivación para vivir en esta tierra y que nosotros los padres, no podremos ser mas que dichosos al verlos así de realizados.

Es muy claro que todos ganamos cuando un ser humano puede sentir y experimentar la conexión de su corazón con sus acciones. ¿Por qué podríamos tener miedo?

Si tu hijo no quiere estudiar o se siente desmotivado en la vida, seguramente se ha desconectado de su corazón. Nunca es tarde para volver a conectarse. Lo digo por experiencia propia.

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jueves, 12 de septiembre de 2013

Los niños y la escuela


No está tan lejos el día que la educación en las escuelas sufra una gran transformación. Muchas personas ya se han dado cuenta de que es posible mejorarla, tal como sucede en todo ámbito de la vida, porque es incuestionable que el ser humano sea capaz de mejorarse y mejorar su medio como una manera natural de desarrollo.

Al interior de la escuela suceden muchas cosas con nuestros hijos, algunas muy favorables y otras no tanto. Si se trata de buscar perfeccionamiento, tendríamos que hablar de aquellos aspectos que requieren revisarse y mirarse con nuevos ojos. Se trata de aquellos puntos que pueden estar retrasando, limitando o impidiendo conseguir el máximo desarrollo posible de los niños que acuden a ella.

Para nadie es desconocido que el ser humano es un ser pensante e  inteligente. El hombre es dueño de su pensamiento, lo puede maniobrar, operar, usar, guiar  y conducir.  O esa, puede gobernar sus pensamientos en conciencia. Estos pensamientos forman su carácter y debido a este, crea las condiciones que obtiene, el ambiente que le rodea y el destino de su propia existencia.

Entonces el hombre tendría que dedicarse a descubrir dentro de si mismo las leyes del pensamiento, lo que solo es posible conseguir mediante la experimentación, el auto-análisis y la experiencia.

Por otra parte, la palabra inteligencia proviene del latín intellegere, término compuesto de inter 'entre' y legere 'leer, escoger', por lo que, etimológicamente, inteligente es quien sabe escoger. La inteligencia permite elegir las mejores opciones para resolver una cuestión.

Los niños están llamados a convertirse en el sabio maestro que dirige sus energías con inteligencia, para crear situaciones fructíferas a través de sus pensamientos. De esta manera pueden llegar a convertirse en un ser adulto de Poder, Inteligencia y Amor. Este adulto se encuentra capacitado para transformar y regenerar cada situación que se le presente y puede hacer de si mismo lo que desee.

Para que un niño se convierta en un adulto con estas características, es necesario que experimente, que tenga el espacio para buscar, observar, sacar conclusiones, probar, aceptar y/o rechazar todo pensamiento que no le sirva para buscar su propio bien y el de los demás.

Los adultos podemos ayudar y colaborar en este proceso, pero no nos corresponde implantar nuestro propio mapa mental sobre el de ellos. Quizás sea este uno de los puntos más críticos en la actual estructura de la escuela de hoy. Existe poco espacio para que cada niño tenga la posibilidad de hacer su propia búsqueda y descubrir su propia identidad que lo llevaría al encuentro con ese ser único que es.

El sistema estructurado que existe en la actualidad, impone una configuración predeterminada sobre los niños y pretende acomodarlos a un perfil considerado adecuado para la sociedad, en desmedro de su propia experimentación y dones particulares.

No se facilita el descubrimiento del significado y sentido de la propia vida, mas bien se trazan las líneas de lo que se espera que consigan. Se pierde la oportunidad de aprender sobre el enlace que existe entre causa y efecto. Este adulto, carecerá de la habilidad de conocerse realmente en todo su potencial y en sus habilidades innatas.

Esto conlleva a que se obstaculice el descubrimiento de cultivar su propia alma, a través de nexos con la comunidad, el mundo natural y los valores humanos, tales como la compasión y la paz. Se dificulta una educación integral que busca despertar una devoción intrínseca por la vida y la pasión natural que tienen los niños por el aprendizaje.

Decíamos que hay muchos maestros y también muchos padres que se han dado cuenta de lo que falta por perfeccionar. Sin embargo, aun no se encuentran los espacios adecuados para canalizar todo este movimiento revolucionario.
El sistema actual de educación lleva muchos años firmemente arraigado en nuestras mentes y cualquier cambio rotundo y contundente puede parecer un desacierto o un absurdo, especialmente si tantos ya hemos pasado por él y hemos construido nuestras vidas en base a sus resultados.
Esto hace que el sistema se sostenga y defienda a si mismo como si fuera inamovible. Muchas personas pueden creer que debido a su largo legado no es necesario generar cambios en su interior.
Afortunadamente, cada vez estamos siendo mas conscientes de todo lo que es un ser humano, de todos los aspectos que entran en juego a la hora de crecer y desarrollarse en la sociedad y de todos los roles y consideraciones que son importantes para ser adultos equilibrados, maduros, responsables y sabios.
Aquellos que quieren iniciar las mejoras se encuentran con muchos desafíos que atraviesan varios niveles de la estructura, comenzando por todas las reglamentaciones que están regulando el sistema y terminando en conflictos con aquellas personas que por falta de conciencia, por comodidad o por falta de vocación se resisten a desafiar el modelo establecido.
Lo cierto es que todo cambio se inicia en el corazón y en la mente de cada individuo y al crecer el número de personas que lo anhelan, recién puede manifestarse en la realidad. La unión de aquellos hará que los cambios se presentes como una realidad.
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domingo, 11 de agosto de 2013

MIEDO O PROTECCION


Unas simples frases, que usamos en forma cotidiana, pueden hacer la diferencia entre favorecer la sensación de seguridad, apoyo y atención para con los hijos y la transmisión de inseguridad o miedo.

Nuestros hijos nacen indefensos y necesitan de nuestros cuidados y atenciones para desarrollarse de manera apropiada. Pero, lo que puede ser atención y asistencia, puede transformarse en un traspaso de nuestros miedos.

Demasiadas veces se escucha a los padres decir: “te vas a caer”, con la intención de entregar un mensaje de precaución, pero que finalmente, genera una sensación de inseguridad y temor en el niño, que hasta ese momento, se desplazaba de manera muy confiada.

Los adultos tenemos una mirada de la vida muy diferente a la que tienen los niños. Evidentemente que el niño no sabe de riesgos y no tiene la experiencia para saber cuidar de sí mismo de manera consciente. Los adultos, que ya han experimentado muchas ocasiones de riesgo, pretenden traspasar, de manera verbal, esa experiencia al niño con la intención de evitarle un percance.

El niño, que aprende principalmente por medio del intento y el ensayo práctico y que además solo desea experimentar, se encuentra con la frecuente llamada de atención de sus padres en relación a estas precauciones que le resultan desconcertantes. Su alma le pide avanzar con la confianza que le es tan natural y sus padres pretenden frenarle permanentemente anunciando riesgos por todos lados.

¿Será posible llegar a un termino medio donde exista el sano equilibrio entre permitirle experimentar con seguridad y evitar detener su experiencia por riesgo?

Los padres, en su afán de cuidar la integridad del niño, tienden a proyectar todas las precauciones que han podido almacenar en su mente casi de forma inconsciente, sin advertir que este hábito puede llegar a generar sensaciones de incertidumbre, vacilación, inestabilidad, desequilibrio y miedo en el niño. Sensaciones que pueden acompañarlo por mucho tiempo, en su juventud e incluso en toda su vida adulta.

Los niños que han tenido padres muy propensos a verbalizar este tipo de mensajes en forma reiterativa, pueden convertirse en adultos que tendrán algunas pautas y conductas que se manifestarán en forma de inconstancia, indecisión y titubeo frente a las situaciones que la vida les presente., además de un miedo que parece no tener fundamento. Muchos de estos sentimientos son heredados en cada familia casi sin tomar conciencia de ellos.

La trasmisión de miedos se hace tan cotidiana, que querer no utilizarlos puede considerarse como una muestra de descuido, abandono o negligencia en cuanto al cuidado de los hijos. Cuando los padres no se dan cuenta de lo que pueden estar transmitiendo a sus hijos con frases como estas, las pueden seguir utilizando hasta cuando ellos sean adolescentes o incluso cuando ya son adultos.

Los niños necesitan experimentar y sacar sus propias referencias de lo que están viviendo. Ese es el medio que requieren para reunir sus propias vivencias y aprender a moverse en este medio físico. Ellos no pueden prepararse para la vida desde una instrucción teórica y mucho menos si el mensaje está transmitiendo inseguridad.

Los padres tendrán que equilibrar el esmero por querer protegerlos, con la posibilidad de permitir sus vivencias físicas de una manera segura. Es un gran desafío, porque la gran mayoría de los adultos ya tiene a su haber, una gran cantidad de experiencias que le han parecido riesgosas y quieren evitar que sus hijos puedan correr peligro de enfermar o dañarse debido a ellas.

Hablando de enfermedad. Muchas veces hemos escuchado a los padres decir “hace frio, te vas a resfriar”, que corresponde a la mi misma figura que ya describíamos anteriormente. Una afirmación de este tipo, no solo desconcierta a los niños, sino que les enseña que el frío les enferma. Muchos niños enfermizos lo son, precisamente, por este tipo de mensajes que, sin querer, los padres difunden a las nuevas generaciones.

El frío no es el que enferma. Enfermamos cuando nos sentimos vulnerables y bajan nuestras defensas. De este modo, los adultos somos los que traspasamos creencias generadoras de desequilibrio energético a los hijos sin siquiera darnos cuenta de ello.

Volviendo al tema del cuidado. Se hace evidente que los padres velarán por el bienestar físico y sociológico de sus hijos, pero que se tendría que evitar al máximo las afirmaciones que lejos de protegerlos, les entrega un decreto que se puede cumplir.

Dice la ley, lo que resiste es lo que persiste. Si te resistes a las caídas, a las molestias, a las enfermedades, eso será lo que mas se manifestará. Si en cambio, consigues distraer la atención del niño, retirándolo del peligro y encaminándolo suavemente a un lugar mas seguro, habrás conseguido rescatarlo, protegerlo y garantizar su bienestar, no solo de carácter físico, sino que también en el ámbito mental.

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miércoles, 17 de julio de 2013

Procura resguardar el potencial de tus hijos


El potencial de tus hijos es muy valioso y es importante procurar resguardarlo e impulsarlo para que florezca. Demasiadas veces no nos damos cuenta de que estamos actuando en contra de esta finalidad.

Todos los adultos llevamos el peso de la programación que hemos recibido del medio que nos rodea y cuando somos padres, transmitimos esas ideas a nuestros hijos casi sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo.

¿Qué es esa programación?, la programación consiste en todas aquellas ideas que son compartidas por la sociedad, cuya naturaleza no se relaciona con la verdad de lo que somos y que sin embargo, las creemos como verdaderas.

Todo lo que se aleje de nuestra verdadera naturaleza creará una separación de la Fuente Original y por lo tanto, nos hará sentir miedo. Debido a esto, los padres, que ya se encuentran muy sumergidos en aquella programación, están sintiendo miedos internos con mucha frecuencia y transmiten esos miedos a los hijos en forma consciente e inconsciente.

Muchas veces advertimos a los hijos, los riesgos de ciertas actitudes o ciertas acciones, cuando estas no son verdaderamente riesgosas más que en la imaginación. De allí la importancia de poder tomar conciencia de lo que estamos tratando de transmitir. Podemos esforzarnos por distinguir si se trata de sabiduría  o miedo.

Los hijos, que por naturaleza desean explorar el mundo que los rodea, no tienen la experiencia y debido a ello nos sentimos tentados a tratar de vigilar o dirigir la aventura de sus vidas por medio de la nuestra. Sin embargo, esta actitud puede estar generando una limitación del potencial que ellos tienen en forma natural.

No es tan cierto que los malos resultados que los padres obtuvieron en ciertas experiencias, puedan también ser obtenidos por sus hijos. Especialmente en esta época donde existen grandes cambios, donde la modernidad ha hecho que se produzca una rápida diferencia entre las oportunidades de los padres y las de sus hijos, es común que estemos consiguiendo limitar más de lo que observamos a simple vista.

Un ejemplo se produce cuando los hijos desean seguir un rumbo vocacional que hace un tiempo atrás era impensado o cuyos resultados fueron poco deseables para la generación anterior. Recuerdo el caso de una madre que se sentía desesperada porque su hijo solo quería dibujar y dedicar su vida a eso. Ella pensaba que no seria posible que su hijo pudiera vivir bien, desarrollarse y ser feliz con esa vocación.

Esta madre se resistía fuertemente a esta preferencia y se dedicó, por algunos años, a combatir esta afición de su hijo, acudiendo con él a distintas partes para que lo trataran, le hablaran y lo convencieran de que abandonara su amor por el dibujo y retomara sus estudios formales para dedicarse a otra cosa que fuera mas rentable y que le asegurara un futuro mejor.

Los miedos internos de esta madre, provocaron una gran confusión en su hijo, que lejos de potenciarlo, le hacían sentir inadecuado. Esta situación fue superada cuando el joven pudo comprender los miedos de su madre.

Esta situación anterior es evidente y clara. Pero también existen otras menos evidentes, donde los miedos internos de los padres se encuentran mas enmascarados. Es el caso de una joven mujer, que al sentir que su vida estaba estancada, comenzó a buscar las respuestas a esta situación. Estas respuestas estaban en aquellas emociones de miedo que su madre le trasmitía a diario, con motivo de cada una de las actividades que ella quería emprender.

La madre de esta joven, cuyo pasado había sido muy complicado, quería proteger a su hija de falsas ilusiones, de tristezas y fracasos que fueron sus propias experiencias de vida en cada emprendimiento que ella hizo en su juventud. La situación fue superada cuando la joven mujer observó la gran cantidad de miedos que fueron transmitidos por su madre desde su niñez y que de tanto recibirlos, ya se habían convertido en una manera de ver al mundo.

No resulta tan sencilla la tarea de evitar traspasar nuestros miedos a los hijos para salvaguardar su potencial cuando los tenemos tan incorporados al interior. Una gran ayuda la obtenemos de los propios hijos. Cuando los escuchamos, cuando acogemos su punto de vista, cuando consideramos importante lo que nos dicen y cuando abiertamente nos dicen que estamos afectando su bienestar.

Quizás no sea posible dejar de trasmitir nuestros miedos a los hijos, pero podemos estar atentos a la reacción que ellos puedan tener y de acuerdo a esto, hacer el espacio para abrirnos a nuevas posibilidades. Ellos tienen mucho para mostrarnos y podemos confiar en las nuevas propuestas antes de negarlas porque a nosotros no nos resultaron bien o porque nos resultan desconocidas.

El problema no está en equivocarnos, el único problema se puede presentar cuando insistimos en que nuestra verdad es la verdad, cuando nos cerramos a lo nuevo, cuando ponemos nuestros miedos por sobre las nuevas posibilidades, bloqueando el potencial que los hijos puedan llegar a expresar.

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domingo, 9 de junio de 2013

Los padres no se equivocan


Los seres humanos tenemos la posibilidad de ser padres en forma consciente de ello. Aunque el instinto juega un papel importante, la mayor relevancia está en que tenemos la posibilidad de tomar conciencia de este papel y perfeccionarnos por medio de nuestra observación.

Muchas veces he escuchado decir que lamentablemente no existen las escuelas para padres y que los hijos vienen al mundo sin un manual de instrucciones. Seguramente el plan consiste en que justamente sea así. Somos padres con todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición según nuestro nivel de conciencia, con la finalidad de observarnos y aprender junto a nuestros hijos todo lo que sea necesario aprender por medio de nuestro libre albedrío.

Los hijos nos elijen como sus padres, así tal cual somos. Seguramente necesitarán experimentar nuestras propias falencias para aprender las lecciones que vienen a experimentar con la finalidad de aportar algo valioso para ellos mismos y para el mundo. Nunca los padres pueden equivocase aunque se hayan cometido algunas acciones no alineadas al amor o se hayan dejado de hacer otras importantes para el bienestar de los hijos.

En niveles superiores, todas las situaciones son adecuadas y necesarias para superarnos y para crecer en conjunto con los hijos. Debido a esto, no vienen al caso los reclamos, las quejas y el guardar resentimientos entre padres e hijos. Estas actitudes solo pueden hacernos demorar en obtener las valiosas lecciones de aprendizaje necesarias para ambas partes. Es más provechoso utilizar los inconvenientes para comprender, aprender y crecer en amor.

Los padres influencian a sus hijos con sus patrones mentales y emocionales en un alto porcentaje que puede llegar a ser hasta de un 90 %. Cuando los hijos se quejan de sus padres, en realidad, se están quejando de sus abuelos y al mismo tiempo de los padres de sus  abuelos. Toda condición familiar viene heredada de varias generaciones anteriores. Se sabe que un acontecimiento familiar puede llegar a influenciar hasta la cuarta o quinta generación. No tiene mucho sentido culpar a los padres de algo que vienen arrastrando de antiguos condicionamientos de los cuales ni siquiera son activamente conscientes.

Cuando los padres son conscientes de sus patrones erróneos, tiene la posibilidad de corregirlos y hacerse responsables de ellos. Sin embargo, muchas veces esto no sucede así y en esas oportunidades los hijos tendrán la ocasión para mejorarlos.

Todos estamos influenciados por nuestros antepasados y debido a ello, se presentan las situaciones y circunstancias actuales como una oportunidad de comprenderlas y colaborar en digerirlas en el amor. Los hijos tienen la oportunidad de  aportar a esta gran misión, los padres presentan la oportunidad.

La presencia del amor y el entendimiento son suficientes para terminar con todo resentimiento y frustración que pudiera haberse gestado al interior de las familias. Darnos cuenta de la responsabilidad que cada uno tiene en su actuar, otorga la posibilidad de sanar todo lo que corresponda sanar. ¿Quién puede juzgar a quien?

Si los hijos se sienten afectados por las falencias o por los dañinos comportamiento de sus padres, es porque se han quedado detenidos al inicio del camino que recién comienza. Si se atreven a romper aquellos patrones emocionales que pudieron quedar gravados en ellos, se encontrarán con una apertura que ni siquiera imaginan, con una gran puerta que los llevaran a ellos y a sus padres a un lugar mucho mas amoroso y feliz que los sorprenderá gratamente.

Romper los patrones militantes de los padres y transmutar aquellas viejas energías de dolor son la puerta hacia la dicha de vivir. No es casualidad que los padres presenten a sus hijos cierto tipo de retos, seguramente son los que mas se ha necesitado trabajar y son los mas urgentes de resolver.

Los padres nunca se pueden equivocar. Pueden hacer lo mejor que se encuentra a su nivel de conciencia y sus hijos tendrán que dar los pasos que siguen y luego los nietos los que aun puedan faltar. Es una larga cadena de aportes mutuos que lleva mucho tiempo rodando y que gracias a ella, nos ha permitido evolucionar.
Aunque en la humanidad aun existe la violencia y la falta de amor, no podemos negar que esta va en ascendente evolución. Hoy no es común ver los atropellos que antaño eran tan comunes. Si bien falta mucho por lograr, todo va caminando hacia el amor. Cada integrante de cada familia puede aportar a este grado de perfección.
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domingo, 5 de mayo de 2013

Los niños aprenden con el ejemplo


Los padres tienen la tendencia a enseñar a sus hijos por medio de lecciones teóricas, pero los niños aprenden mucho mejor con el ejemplo. El ser humano, niños y adultos, tiene la innata condición de aprender por la experimentación.

Ya es bien sabido que en aquellas escuelas donde se enseña haciendo, es donde se obtienen los mejores resultados de aprendizaje. No tan solo se logra aprender mucho más, sino que además el aprendizaje queda incorporado de tal manera que nunca mas se puede olvidar. Esto se debe a que en este proceso utilizamos todo nuestro ser, la mente, las emociones y el cuerpo. Se unifica al  ser completo enfocado en una experiencia.

Muchas veces he visto que los padres quieren trasmitir a sus hijos mensajes que pueden ser muy validos y certeros, pero que al ser entregados solo por medio de las palabras, no alcanzan a llegar a ellos, generado un “yo se lo he dicho, pero no entiende”.

Para los padres puede ser complicado en la práctica tratar de enseñar o transmitir algo importante por medio de la experimentación. Los tiempos, los compromisos y la falta de practica en esto asuntos, nos impulsan a quedarnos solo en el plano teórico, desde donde, poco se consigue.

La mejor manera de que nuestros hijos puedan aprender algo, es por imitación de sus padres. En realidad, ellos están permanentemente aprendiendo de nosotros, sin que siquiera nos percatemos de esto. Toman nuestros modelos casi de forma automática, adquieren nuestra manera de relacionarnos, de enfrentarnos a los desafíos, de resolver problemas, del manejo del dinero, de nuestros hábitos de alimentación, de la manera que en general enfrentamos la vida, incluyendo todos nuestros patrones mentales y emocionales. Las palabras se quedan muy cortas a la hora de querer enseñar a los hijos. Todo lo que somos como padres, está siendo un modelo para ellos, hasta la manera en que nos movemos y respiramos.

Cuando queremos que nuestros hijos adquieran algún valor o condición que nos parece importante para su bienestar, podemos mostrárselos a ellos en forma práctica más que con palabras. Los discursos no funcionan con los hijos. Solo funcionan los modelos.  Si queremos que ellos cambien algún patrón que consideramos negativo para su bienestar, podemos comenzar por observar como hemos sido transmisores de ese patrón con nuestro comportamiento.

Los hijos pueden llegar a imitar a sus padres en un 80 a 90 % de todo lo que son. No es exagerado entonces revisarnos nosotros primero cuando vemos en ellos algunos comportamientos que no nos parecen adecuados o convenientes para su vida.
Quizás, de todo lo que podemos trasmitir a nuestros hijos, lo más importante sea su auto valor. Si ellos llegan a comprender que son amados, valiosos y únicos, el resto de las enseñanzas por venir podrán ser muy fáciles de asimilar.

A veces, antes de resguardar su alta autoestima, los padres se esfuerzan por entregarles valores secundarios como la escolaridad, buenas costumbres y otros. No digo que no sean importantes, solo me refiero a la prioridad. Los valores secundarios se pueden aprender en cualquier momento, pero un bajo valor personal en nuestro hijos, les impedirán crecer en cualquier aspecto, lo queramos o no. He visto a algunos padres que pueden sacrificar el bienestar emocional de sus hijos al tener como prioridad lo que los demás puedan pensar de ellos.

¿Cómo podemos proteger la alta autoestima en los hijos cuando nosotros no la tenemos? Los  niños están mas cerca de amarse a si mismos que los adultos. A medida que pasan los años, los adultos vamos incorporando mucho condicionamiento que no siempre nos ayuda a cuidar nuestra autoestima. Debido a esto, por lo general, aprendemos muy rápidamente a cuidar nuestra imagen de lo que los demás puedan pensar de nosotros y nos fabricamos algunas mascaras sociales que pretenden ayudarnos en esta tarea. Los niños no tienen mascaras, son auténticos y en este sentido son los mayores maestros que podamos tener en algún momento de la vida.

Entonces, cuidar la autenticad de nuestros hijos y valorarlos tal como son, se convierten en tareas que ellos mismos pueden enseñarnos a nosotros. Jesús dijo: “sean como los niños” y debe ser por algo. Hay muchas razones por las cuales los hijos pueden ser maestros maravillosos para sus padres y algunas de estas son su auto valor, su autenticad, su naturalidad y su expresión libre de lo que realmente son.

No tenemos tanto que aprender para enseñarles a los hijos y tenemos mucho que aprender de ellos. Ellos simplemente son, no tienen un discurso. Los padres pueden relacionarse con ellos en ese nivel, con menos discursos y siendo ejemplo de todo lo que quieren trasmitir a sus hijos.

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