Como padres, deseamos que nuestros
hijos se preparen lo mejor posible para que sean capaces de crearse a si
mismos, la mejor vida que pueda ser probable para ellos. Deseamos que tengan
acceso a lo mejor en cuanto a relaciones, logros y bienestar en los muchos
aspectos de la existencia.
Podemos cambiar el curso de la educacion de nuestros hijos. Los padres y madres que se están reconectando con el ser que son verdaderamente, están queriendo acompañar a sus hijos, contenerlos y cuidarlos para que ellos puedan brillar con su propia luz.
lunes, 25 de noviembre de 2013
martes, 15 de octubre de 2013
Mi hijo no quiere estudiar
Cuando tu hijo se siente desmotivado
por los estudios, es posible que también se sienta desequilibrado en otras áreas
de la vida, como querer dormir más de la cuenta, desear estar solo o tener
malas juntas. Esto sucede cuando algo importante, no atendido, está sucediendo
en su interior.
Muchos padres advierten que algo no
anda bien en sus hijos cuando observan que están teniendo dificultades en la
escuela o cuando pasan los años y no se vislumbra alguna afición o inclinación por
una carrera determinada. La preocupación comienza a invadirlos porque se pierde
de vista la manera en que sus hijos podrán sostenerse económicamente en la vida
adulta.
Pero, para llegar a esta condición, habrán
tenido que suceder varias cosas que fueron importantes y a las cuales no se les
ha prestado la debida atención. Los padres podrían creer que todos los problemas
terminarán cuando sus hijos se enfoquen en algún área que pueda permitirles el
sostenerse lo mejor posible económicamente y dejan de lado algo muy importante,
el descubrimiento de los propios intereses personales de los hijos. Este
abandono o confusión que se crea al interior de los hijos, comienza a generar
una desconexión entre mente y corazón que termina colapsada cuando ya no
presentan interés genuino por nada de la vida.
Por mucho tiempo, los padres hemos creído
que era muy importante que los hijos encontraran una línea de vida que les
diera todo el poder económico que fuera posible alcanzar. En estos tiempos
maravillosos, ese solo deseo ya no está siendo suficiente para los jóvenes y se
está manifestando una suerte de rebeldía frente a esta idea si no tiene
considerada la posibilidad de desarrollar sus propios anhelos, dones y sentido
de vida personal.
Por lo general, los niños y jóvenes
no se dan cuenta de lo que les está sucediendo. Ellos solo saben que algo no
está bien y los padres, , psicólogos, profesores y alguien más, se
encargan de afirmar que el niño tiene un problema. Los hijos sienten el dolor
de su desconexión sin poder explicarse la raíz de ese sentimiento y muchas
veces se sienten culpables de ser causantes de tantos problemas. Los padres que nunca sintieron el dolor de su
desconexión, no comprenden lo que pasa con sus hijos.
Y no es que los hijos estén pidiendo
algo imposible, es que la evolución lo está permitiendo y lo está favoreciendo
por medio de la toma de conciencia que es cada vez mayor en los niños y
jóvenes. El modelo antiguo está comenzando a quedar obsoleto, pero mientras se produce
la transición, existe mucha confusión.
Para la antigua
escuela de los padres, pensar que un hijo pueda seguir sus propias iniciativas
parece imposible. Muchas veces, las actividades que ellos desean realizar, dedicarse
o especializarse (dibujar, video juegos, internet, bailar o cantar, entre
tantas otras actividades) son consideradas como ideas complementarias o
contrarias a su educación y se espera que ellos puedan tener acceso a otro tipo
de formación para que realmente se sientan seguros de su porvenir.
Debido a esta discrepancia entre lo
que los padres desean para sus hijos y lo que ellos están queriendo encontrar
(aunque no estén tan conscientes de ello), se produce una gran desconexión
entre lo que dictan sus corazones y lo que tienen que pensar.
Son muchos los adultos (jóvenes o menos jóvenes)
que se encuentran en etapa de reconocimiento de esta desconexión y algunos están
trabajando seriamente en esta reconstrucción. Son cada vez mas las personas que
sienten que sus vidas no tienen un sentido claro, que no vibran con lo que
hacen, que se sienten más apagadas que vivas y muchas veces no saben por qué.
Cada vez se hace más necesario tener presente
ese llamado interno que señala la ruta a seguir. Muchos padres resisten con
mucha fuerza que sus hijos quieran dedicarse a algo que antes no podía haber
sido concebido y se encuentran forzando
la posibilidad de acomodar a sus hijos en un modelo que está quedando atrasado
en muchos aspectos.
Ahora mas que nunca, se está evidenciando
la importancia que tiene escuchar los naturales impulsos del alma de cada
joven, no tan solo para permitir que pueda expresarse, sino que además, para
colaborar y asegurarse de que pueda hacerlo.
Los padres no tienen la facultad de
elegir el rumbo de la vida de sus hijos. Cada ser humano que viene a esta
tierra viene con algún plan determinado, con alguna misión especial, con alguna
tarea que requiere ser cumplida por dos motivos principales:
- La dicha de ese ser humano al expresarse tal como es.
- Y la ganancia que el universo recibirá por aquel aporte personal que nadie más puede hacer a la humanidad.
Ningún cambio es fácil, pero los
mismos hijos nos pueden ayudar a permitir que éste se realice en paz, armonía y
felicidad. No podemos negar que la dichosa expresión de cada intención del alma
de nuestros hijos les dará una enorme motivación para vivir en esta tierra y
que nosotros los padres, no podremos ser mas que dichosos al verlos así de
realizados.
Es muy claro que todos ganamos cuando
un ser humano puede sentir y experimentar la conexión de su corazón con sus
acciones. ¿Por qué podríamos tener miedo?
Si tu hijo
no quiere estudiar o se siente desmotivado en la vida, seguramente se ha desconectado
de su corazón. Nunca es tarde para volver a conectarse. Lo digo por experiencia
propia.
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A veces la
vida te presenta situaciones difíciles de superar para ti, en las áreas de
salud, económica y/o relaciones. Sabes que estas situaciones las creas tú, pero
hasta la fecha no has podido comprender, como es que las estas creando, no
encuentras una salida y te gustaría que alguien pudiera ayudarte a ver cómo
salir de allí.
Patricia González.
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jueves, 12 de septiembre de 2013
Los niños y la escuela
No está tan lejos el día que la educación
en las escuelas sufra una gran transformación. Muchas personas ya se han dado
cuenta de que es posible mejorarla, tal como sucede en todo ámbito de la vida,
porque es incuestionable que el ser humano sea capaz de mejorarse y mejorar su
medio como una manera natural de desarrollo.
Al interior de la escuela suceden
muchas cosas con nuestros hijos, algunas muy favorables y otras no tanto. Si se
trata de buscar perfeccionamiento, tendríamos que hablar de aquellos aspectos
que requieren revisarse y mirarse con nuevos ojos. Se trata de aquellos puntos
que pueden estar retrasando, limitando o impidiendo conseguir el máximo
desarrollo posible de los niños que acuden a ella.
Para nadie es desconocido que el ser humano
es un ser pensante e inteligente. El hombre es dueño de su pensamiento,
lo puede maniobrar, operar, usar, guiar
y conducir. O esa, puede gobernar
sus pensamientos en conciencia. Estos pensamientos forman su carácter y debido
a este, crea las condiciones que obtiene, el ambiente que le rodea y el destino
de su propia existencia.
Entonces el hombre tendría que dedicarse a descubrir
dentro de si mismo las leyes del pensamiento, lo que solo es posible conseguir mediante
la experimentación, el auto-análisis y la experiencia.
Por otra parte, la palabra
inteligencia proviene del latín intellegere, término compuesto de inter
'entre' y legere 'leer, escoger', por lo que, etimológicamente,
inteligente es quien sabe escoger. La inteligencia permite elegir las mejores
opciones para resolver una cuestión.
Los niños están llamados a convertirse en el sabio
maestro que dirige sus energías con inteligencia, para crear situaciones
fructíferas a través de sus pensamientos. De esta manera pueden llegar a
convertirse en un ser adulto de Poder, Inteligencia y Amor. Este adulto se
encuentra capacitado para transformar y regenerar cada situación que se le presente
y puede hacer de si mismo lo que desee.
Para que un niño se convierta en un
adulto con estas características, es necesario que experimente, que tenga el
espacio para buscar, observar, sacar conclusiones, probar, aceptar y/o rechazar
todo pensamiento que no le sirva para buscar su propio bien y el de los demás.
Los adultos podemos ayudar y
colaborar en este proceso, pero no nos corresponde implantar nuestro propio
mapa mental sobre el de ellos. Quizás sea este uno de los puntos más críticos
en la actual estructura de la escuela de hoy. Existe poco espacio para que cada
niño tenga la posibilidad de hacer su propia búsqueda y descubrir su propia
identidad que lo llevaría al encuentro con ese ser único que es.
El sistema estructurado que existe en
la actualidad, impone una configuración predeterminada sobre los niños y pretende
acomodarlos a un perfil considerado adecuado para la sociedad, en desmedro de
su propia experimentación y dones particulares.
No se facilita el descubrimiento del
significado y sentido de la propia vida, mas bien se trazan las líneas de lo
que se espera que consigan. Se pierde la oportunidad de aprender sobre el enlace
que existe entre causa y efecto. Este adulto, carecerá de la habilidad de
conocerse realmente en todo su potencial y en sus habilidades innatas.
Esto conlleva a que se obstaculice el
descubrimiento de cultivar su propia alma, a través de nexos con la comunidad,
el mundo natural y los valores humanos, tales como la compasión y la paz. Se dificulta
una educación integral que busca despertar una devoción intrínseca por la vida
y la pasión natural que tienen los niños por el aprendizaje.
Decíamos que hay
muchos maestros y también muchos padres que se han dado cuenta de lo que falta
por perfeccionar. Sin embargo, aun no se encuentran los espacios adecuados para
canalizar todo este movimiento revolucionario.
El sistema actual de
educación lleva muchos años firmemente arraigado en nuestras mentes y cualquier
cambio rotundo y contundente puede parecer un desacierto o un absurdo,
especialmente si tantos ya hemos pasado por él y hemos construido nuestras
vidas en base a sus resultados.
Esto hace que el
sistema se sostenga y defienda a si mismo como si fuera inamovible. Muchas personas
pueden creer que debido a su largo legado no es necesario generar cambios en su
interior.
Afortunadamente, cada
vez estamos siendo mas conscientes de todo lo que es un ser humano, de todos
los aspectos que entran en juego a la hora de crecer y desarrollarse en la
sociedad y de todos los roles y consideraciones que son importantes para ser adultos
equilibrados, maduros, responsables y sabios.
Aquellos que quieren
iniciar las mejoras se encuentran con muchos desafíos que atraviesan varios
niveles de la estructura, comenzando por todas las reglamentaciones que están regulando
el sistema y terminando en conflictos con aquellas personas que por falta de conciencia,
por comodidad o por falta de vocación se resisten a desafiar el modelo
establecido.
Lo cierto es que todo
cambio se inicia en el corazón y en la mente de cada individuo y al crecer el número
de personas que lo anhelan, recién puede manifestarse en la realidad. La unión
de aquellos hará que los cambios se presentes como una realidad.
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A veces la
vida te presenta situaciones difíciles de superar para ti, en las áreas de
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hasta la fecha no has podido comprender, como es que las estas creando, no
encuentras una salida y te gustaría que alguien pudiera explicarte como salir
de allí.
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domingo, 11 de agosto de 2013
MIEDO O PROTECCION
Unas simples frases, que usamos en
forma cotidiana, pueden hacer la diferencia entre favorecer la sensación de
seguridad, apoyo y atención para con los hijos y la transmisión de inseguridad
o miedo.
Nuestros hijos nacen indefensos y necesitan
de nuestros cuidados y atenciones para desarrollarse de manera apropiada. Pero,
lo que puede ser atención y asistencia, puede transformarse en un traspaso de
nuestros miedos.
Demasiadas veces se escucha a los
padres decir: “te vas a caer”, con la intención de entregar un mensaje de
precaución, pero que finalmente, genera una sensación de inseguridad y temor en
el niño, que hasta ese momento, se desplazaba de manera muy confiada.
Los adultos tenemos una mirada de la
vida muy diferente a la que tienen los niños. Evidentemente que el niño no sabe
de riesgos y no tiene la experiencia para saber cuidar de sí mismo de manera
consciente. Los adultos, que ya han experimentado muchas ocasiones de riesgo,
pretenden traspasar, de manera verbal, esa experiencia al niño con la intención
de evitarle un percance.
El niño, que aprende principalmente
por medio del intento y el ensayo práctico y que además solo desea
experimentar, se encuentra con la frecuente llamada de atención de sus padres
en relación a estas precauciones que le resultan desconcertantes. Su alma le
pide avanzar con la confianza que le es tan natural y sus padres pretenden frenarle
permanentemente anunciando riesgos por todos lados.
¿Será posible llegar a un termino
medio donde exista el sano equilibrio entre permitirle experimentar con
seguridad y evitar detener su experiencia por riesgo?
Los padres, en su afán de cuidar la integridad
del niño, tienden a proyectar todas las precauciones que han podido almacenar
en su mente casi de forma inconsciente, sin advertir que este hábito puede
llegar a generar sensaciones de incertidumbre, vacilación, inestabilidad,
desequilibrio y miedo en el niño. Sensaciones que pueden acompañarlo por mucho
tiempo, en su juventud e incluso en toda su vida adulta.
Los niños que han tenido padres muy propensos
a verbalizar este tipo de mensajes en forma reiterativa, pueden convertirse en
adultos que tendrán algunas pautas y conductas que se manifestarán en forma de inconstancia,
indecisión y titubeo frente a las situaciones que la vida les presente., además
de un miedo que parece no tener fundamento. Muchos de estos sentimientos son
heredados en cada familia casi sin tomar conciencia de ellos.
La trasmisión de miedos se hace tan cotidiana,
que querer no utilizarlos puede considerarse como una muestra de descuido,
abandono o negligencia en cuanto al cuidado de los hijos. Cuando los padres no
se dan cuenta de lo que pueden estar transmitiendo a sus hijos con frases como
estas, las pueden seguir utilizando hasta cuando ellos sean adolescentes o
incluso cuando ya son adultos.
Los niños necesitan experimentar y
sacar sus propias referencias de lo que están viviendo. Ese es el medio que
requieren para reunir sus propias vivencias y aprender a moverse en este medio físico.
Ellos no pueden prepararse para la vida desde una instrucción teórica y mucho
menos si el mensaje está transmitiendo inseguridad.
Los padres tendrán que equilibrar el
esmero por querer protegerlos, con la posibilidad de permitir sus vivencias
físicas de una manera segura. Es un gran desafío, porque la gran mayoría de los
adultos ya tiene a su haber, una gran cantidad de experiencias que le han
parecido riesgosas y quieren evitar que sus hijos puedan correr peligro de
enfermar o dañarse debido a ellas.
Hablando de enfermedad. Muchas veces
hemos escuchado a los padres decir “hace frio, te vas a resfriar”, que corresponde
a la mi misma figura que ya describíamos anteriormente. Una afirmación de este
tipo, no solo desconcierta a los niños, sino que les enseña que el frío les
enferma. Muchos niños enfermizos lo son, precisamente, por este tipo de
mensajes que, sin querer, los padres difunden a las nuevas generaciones.
El frío no es el que enferma.
Enfermamos cuando nos sentimos vulnerables y bajan nuestras defensas. De este
modo, los adultos somos los que traspasamos creencias generadoras de
desequilibrio energético a los hijos sin siquiera darnos cuenta de ello.
Volviendo al tema del cuidado. Se hace
evidente que los padres velarán por el bienestar físico y sociológico de sus
hijos, pero que se tendría que evitar al máximo las afirmaciones que lejos de protegerlos,
les entrega un decreto que se puede cumplir.
Dice la ley, lo que resiste es lo que
persiste. Si te resistes a las caídas, a las molestias, a las enfermedades, eso
será lo que mas se manifestará. Si en cambio, consigues distraer la atención
del niño, retirándolo del peligro y encaminándolo suavemente a un lugar mas
seguro, habrás conseguido rescatarlo, protegerlo y garantizar su bienestar, no
solo de carácter físico, sino que también en el ámbito mental.
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miércoles, 17 de julio de 2013
Procura resguardar el potencial de tus hijos
El
potencial de tus hijos es muy valioso y es importante procurar resguardarlo e
impulsarlo para que florezca. Demasiadas veces no nos damos cuenta de que
estamos actuando en contra de esta finalidad.
Todos
los adultos llevamos el peso de la programación que hemos recibido del medio
que nos rodea y cuando somos padres, transmitimos esas ideas a nuestros hijos
casi sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo.
¿Qué
es esa programación?, la programación consiste en todas aquellas ideas que son
compartidas por la sociedad, cuya naturaleza no se relaciona con la verdad de
lo que somos y que sin embargo, las creemos como verdaderas.
Todo
lo que se aleje de nuestra verdadera naturaleza creará una separación de la
Fuente Original y por lo tanto, nos hará sentir miedo. Debido a esto, los
padres, que ya se encuentran muy sumergidos en aquella programación, están
sintiendo miedos internos con mucha frecuencia y transmiten esos miedos a los
hijos en forma consciente e inconsciente.
Muchas
veces advertimos a los hijos, los riesgos de ciertas actitudes o ciertas acciones,
cuando estas no son verdaderamente riesgosas más que en la imaginación. De allí
la importancia de poder tomar conciencia de lo que estamos tratando de transmitir.
Podemos esforzarnos por distinguir si se trata de sabiduría o miedo.
Los
hijos, que por naturaleza desean explorar el mundo que los rodea, no tienen la
experiencia y debido a ello nos sentimos tentados a tratar de vigilar o dirigir
la aventura de sus vidas por medio de la nuestra. Sin embargo, esta actitud
puede estar generando una limitación del potencial que ellos tienen en forma
natural.
No
es tan cierto que los malos resultados que los padres obtuvieron en ciertas
experiencias, puedan también ser obtenidos por sus hijos. Especialmente en esta
época donde existen grandes cambios, donde la modernidad ha hecho que se produzca
una rápida diferencia entre las oportunidades de los padres y las de sus hijos,
es común que estemos consiguiendo limitar más de lo que observamos a simple
vista.
Un
ejemplo se produce cuando los hijos desean seguir un rumbo vocacional que hace
un tiempo atrás era impensado o cuyos resultados fueron poco deseables para la
generación anterior. Recuerdo el caso de una madre que se sentía desesperada
porque su hijo solo quería dibujar y dedicar su vida a eso. Ella pensaba que no
seria posible que su hijo pudiera vivir bien, desarrollarse y ser feliz con esa
vocación.
Esta
madre se resistía fuertemente a esta preferencia y se dedicó, por algunos años,
a combatir esta afición de su hijo, acudiendo con él a distintas partes para
que lo trataran, le hablaran y lo convencieran de que abandonara su amor por el
dibujo y retomara sus estudios formales para dedicarse a otra cosa que fuera
mas rentable y que le asegurara un futuro mejor.
Los
miedos internos de esta madre, provocaron una gran confusión en su hijo, que lejos
de potenciarlo, le hacían sentir inadecuado. Esta situación fue superada cuando
el joven pudo comprender los miedos de su madre.
Esta
situación anterior es evidente y clara. Pero también existen otras menos
evidentes, donde los miedos internos de los padres se encuentran mas
enmascarados. Es el caso de una joven mujer, que al sentir que su vida estaba
estancada, comenzó a buscar las respuestas a esta situación. Estas respuestas
estaban en aquellas emociones de miedo que su madre le trasmitía a diario, con
motivo de cada una de las actividades que ella quería emprender.
La
madre de esta joven, cuyo pasado había sido muy complicado, quería proteger a
su hija de falsas ilusiones, de tristezas y fracasos que fueron sus propias
experiencias de vida en cada emprendimiento que ella hizo en su juventud. La
situación fue superada cuando la joven mujer observó la gran cantidad de miedos
que fueron transmitidos por su madre desde su niñez y que de tanto recibirlos,
ya se habían convertido en una manera de ver al mundo.
No
resulta tan sencilla la tarea de evitar traspasar nuestros miedos a los hijos
para salvaguardar su potencial cuando los tenemos tan incorporados al interior.
Una gran ayuda la obtenemos de los propios hijos. Cuando los escuchamos, cuando
acogemos su punto de vista, cuando consideramos importante lo que nos dicen y
cuando abiertamente nos dicen que estamos afectando su bienestar.
Quizás
no sea posible dejar de trasmitir nuestros miedos a los hijos, pero podemos
estar atentos a la reacción que ellos puedan tener y de acuerdo a esto, hacer
el espacio para abrirnos a nuevas posibilidades. Ellos tienen mucho para
mostrarnos y podemos confiar en las nuevas propuestas antes de negarlas porque
a nosotros no nos resultaron bien o porque nos resultan desconocidas.
El
problema no está en equivocarnos, el único problema se puede presentar cuando
insistimos en que nuestra verdad es la verdad, cuando nos cerramos a lo nuevo,
cuando ponemos nuestros miedos por sobre las nuevas posibilidades, bloqueando el
potencial que los hijos puedan llegar a expresar.
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domingo, 9 de junio de 2013
Los padres no se equivocan
Los
seres humanos tenemos la posibilidad de ser padres en forma consciente de ello.
Aunque el instinto juega un papel importante, la mayor relevancia está en que
tenemos la posibilidad de tomar conciencia de este papel y perfeccionarnos por
medio de nuestra observación.
Muchas
veces he escuchado decir que lamentablemente no existen las escuelas para
padres y que los hijos vienen al mundo sin un manual de instrucciones.
Seguramente el plan consiste en que justamente sea así. Somos padres con todas
las herramientas que tenemos a nuestra disposición según nuestro nivel de
conciencia, con la finalidad de observarnos y aprender junto a nuestros hijos
todo lo que sea necesario aprender por medio de nuestro libre albedrío.
Los
hijos nos elijen como sus padres, así tal cual somos. Seguramente necesitarán
experimentar nuestras propias falencias para aprender las lecciones que vienen
a experimentar con la finalidad de aportar algo valioso para ellos mismos y
para el mundo. Nunca los padres pueden equivocase aunque se hayan cometido
algunas acciones no alineadas al amor o se hayan dejado de hacer otras
importantes para el bienestar de los hijos.
En
niveles superiores, todas las situaciones son adecuadas y necesarias para
superarnos y para crecer en conjunto con los hijos. Debido a esto, no vienen al
caso los reclamos, las quejas y el guardar resentimientos entre padres e hijos.
Estas actitudes solo pueden hacernos demorar en obtener las valiosas lecciones
de aprendizaje necesarias para ambas partes. Es más provechoso utilizar los
inconvenientes para comprender, aprender y crecer en amor.
Los
padres influencian a sus hijos con sus patrones mentales y emocionales en un
alto porcentaje que puede llegar a ser hasta de un 90 %. Cuando los hijos se
quejan de sus padres, en realidad, se están quejando de sus abuelos y al mismo
tiempo de los padres de sus abuelos.
Toda condición familiar viene heredada de varias generaciones anteriores. Se sabe
que un acontecimiento familiar puede llegar a influenciar hasta la cuarta o
quinta generación. No tiene mucho sentido culpar a los padres de algo que
vienen arrastrando de antiguos condicionamientos de los cuales ni siquiera son
activamente conscientes.
Cuando
los padres son conscientes de sus patrones erróneos, tiene la posibilidad de
corregirlos y hacerse responsables de ellos. Sin embargo, muchas veces esto no
sucede así y en esas oportunidades los hijos tendrán la ocasión para
mejorarlos.
Todos
estamos influenciados por nuestros antepasados y debido a ello, se presentan
las situaciones y circunstancias actuales como una oportunidad de comprenderlas
y colaborar en digerirlas en el amor. Los hijos tienen la oportunidad de aportar a esta gran misión, los padres
presentan la oportunidad.
La
presencia del amor y el entendimiento son suficientes para terminar con todo resentimiento
y frustración que pudiera haberse gestado al interior de las familias. Darnos
cuenta de la responsabilidad que cada uno tiene en su actuar, otorga la
posibilidad de sanar todo lo que corresponda sanar. ¿Quién puede juzgar a
quien?
Si
los hijos se sienten afectados por las falencias o por los dañinos comportamiento
de sus padres, es porque se han quedado detenidos al inicio del camino que
recién comienza. Si se atreven a romper aquellos patrones emocionales que pudieron
quedar gravados en ellos, se encontrarán con una apertura que ni siquiera
imaginan, con una gran puerta que los llevaran a ellos y a sus padres a un
lugar mucho mas amoroso y feliz que los sorprenderá gratamente.
Romper
los patrones militantes de los padres y transmutar aquellas viejas energías de
dolor son la puerta hacia la dicha de vivir. No es casualidad que los padres presenten
a sus hijos cierto tipo de retos, seguramente son los que mas se ha necesitado
trabajar y son los mas urgentes de resolver.
Los
padres nunca se pueden equivocar. Pueden hacer lo mejor que se encuentra a su
nivel de conciencia y sus hijos tendrán que dar los pasos que siguen y luego
los nietos los que aun puedan faltar. Es una larga cadena de aportes mutuos que
lleva mucho tiempo rodando y que gracias a ella, nos ha permitido evolucionar.
Aunque
en la humanidad aun existe la violencia y la falta de amor, no podemos negar
que esta va en ascendente evolución. Hoy no es común ver los atropellos que
antaño eran tan comunes. Si bien falta mucho por lograr, todo va caminando
hacia el amor. Cada integrante de cada familia puede aportar a este grado de
perfección.
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domingo, 5 de mayo de 2013
Los niños aprenden con el ejemplo
Los padres tienen la tendencia a
enseñar a sus hijos por medio de lecciones teóricas, pero los niños aprenden mucho
mejor con el ejemplo. El ser humano, niños y adultos, tiene la innata condición
de aprender por la experimentación.
Ya es bien sabido que en aquellas
escuelas donde se enseña haciendo, es donde se obtienen los mejores resultados
de aprendizaje. No tan solo se logra aprender mucho más, sino que además el aprendizaje
queda incorporado de tal manera que nunca mas se puede olvidar. Esto se debe a
que en este proceso utilizamos todo nuestro ser, la mente, las emociones y el cuerpo.
Se unifica al ser completo enfocado en
una experiencia.
Muchas veces he visto que los padres
quieren trasmitir a sus hijos mensajes que pueden ser muy validos y certeros,
pero que al ser entregados solo por medio de las palabras, no alcanzan a llegar
a ellos, generado un “yo se lo he dicho, pero no entiende”.
Para los padres puede ser complicado
en la práctica tratar de enseñar o transmitir algo importante por medio de la
experimentación. Los tiempos, los compromisos y la falta de practica en esto
asuntos, nos impulsan a quedarnos solo en el plano teórico, desde donde, poco
se consigue.
La mejor manera de que nuestros hijos
puedan aprender algo, es por imitación de sus padres. En realidad, ellos están permanentemente
aprendiendo de nosotros, sin que siquiera nos percatemos de esto. Toman
nuestros modelos casi de forma automática, adquieren nuestra manera de relacionarnos,
de enfrentarnos a los desafíos, de resolver problemas, del manejo del dinero,
de nuestros hábitos de alimentación, de la manera que en general enfrentamos la
vida, incluyendo todos nuestros patrones mentales y emocionales. Las palabras
se quedan muy cortas a la hora de querer enseñar a los hijos. Todo lo que somos
como padres, está siendo un modelo para ellos, hasta la manera en que nos
movemos y respiramos.
Cuando queremos que nuestros hijos
adquieran algún valor o condición que nos parece importante para su bienestar,
podemos mostrárselos a ellos en forma práctica más que con palabras. Los discursos
no funcionan con los hijos. Solo funcionan los modelos. Si queremos que ellos cambien algún patrón
que consideramos negativo para su bienestar, podemos comenzar por observar como
hemos sido transmisores de ese patrón con nuestro comportamiento.
Los hijos pueden llegar a imitar a
sus padres en un 80 a 90 % de todo lo que son. No es exagerado entonces
revisarnos nosotros primero cuando vemos en ellos algunos comportamientos que
no nos parecen adecuados o convenientes para su vida.
Quizás, de todo lo que podemos
trasmitir a nuestros hijos, lo más importante sea su auto valor. Si ellos
llegan a comprender que son amados, valiosos y únicos, el resto de las
enseñanzas por venir podrán ser muy fáciles de asimilar.
A veces, antes de resguardar su alta
autoestima, los padres se esfuerzan por entregarles valores secundarios como la
escolaridad, buenas costumbres y otros. No digo que no sean importantes, solo
me refiero a la prioridad. Los valores secundarios se pueden aprender en
cualquier momento, pero un bajo valor personal en nuestro hijos, les impedirán
crecer en cualquier aspecto, lo queramos o no. He visto a algunos padres que
pueden sacrificar el bienestar emocional de sus hijos al tener como prioridad
lo que los demás puedan pensar de ellos.
¿Cómo podemos proteger la alta
autoestima en los hijos cuando nosotros no la tenemos? Los niños están mas cerca de amarse a si mismos
que los adultos. A medida que pasan los años, los adultos vamos incorporando
mucho condicionamiento que no siempre nos ayuda a cuidar nuestra autoestima. Debido
a esto, por lo general, aprendemos muy rápidamente a cuidar nuestra imagen de
lo que los demás puedan pensar de nosotros y nos fabricamos algunas mascaras
sociales que pretenden ayudarnos en esta tarea. Los niños no tienen mascaras,
son auténticos y en este sentido son los mayores maestros que podamos tener en
algún momento de la vida.
Entonces, cuidar la autenticad de
nuestros hijos y valorarlos tal como son, se convierten en tareas que ellos
mismos pueden enseñarnos a nosotros. Jesús dijo: “sean como los niños” y debe
ser por algo. Hay muchas razones por las cuales los hijos pueden ser maestros
maravillosos para sus padres y algunas de estas son su auto valor, su autenticad,
su naturalidad y su expresión libre de lo que realmente son.
No tenemos tanto que aprender para
enseñarles a los hijos y tenemos mucho que aprender de ellos. Ellos simplemente
son, no tienen un discurso. Los padres pueden relacionarse con ellos en ese
nivel, con menos discursos y siendo ejemplo de todo lo que quieren trasmitir a
sus hijos.
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