viernes, 3 de febrero de 2012

Los desafíos de nuestros hijos


Muchas veces nos sentimos muy estresados y angustiados cuando queremos ayudar a nuestros hijos cuando enfrentan algunos desafíos que la vida les presenta. Estas situaciones pueden ser especialmente difíciles en aquellos casos en que nuestros hijos están atravesando desafíos angustiosos o que los están haciendo sufrir, como decidir su futuro laboral, la separación de la familia, penas de amor, cuando se retrasan sus estudios, alguna enfermedad, alguna discapacidad, confusión en su vocación o al querer superar algún vicio.

 Es importante tener presente que ellos vienen dotados de todas las capacidades para atravesar sus propios desafíos  y que todas las experiencias que están viviendo no han sido obra de la mala suerte. Ellos están cumpliendo con el plan de su alma y seguramente tendrán que obtener valiosas enseñanzas de esas vivencias, como también sus padres. El objetivo final de todo esto, consiste en observar con amor las posibilidades de crecer y elevar los niveles de conciencia.

En algunas ocasiones podemos ayudarlos directamente con algún consejo o una acción y otras veces nos veremos aparentemente  limitados para hacerlo. Cuando parece que las soluciones se escapan de nuestras manos para poder colaborar a la superación de los inconvenientes, podemos acudir a elevar la mirada.

Elevar la mirada, nos permitirá reconocer que ellos tienen todo el potencial y que es reconocible su capacidad para sobreponerse a sus circunstancias. Ellos solo requieren confirmar esta verdad dentro de sí. Entonces, la primera y más importante ayuda que podemos darles, consiste en reconocerles su propio poder y su propio valor para superarse. Si desmerecemos su valor y sus capacidades, ellos se sentirán más pequeños de lo que son. Si les decimos directamente que no están siendo capaces de superarse, ellos se alejan de su poder interno y crecerá la distancia entre el logro y el fracaso, o entre aprender o no aprender.

Cuando nuestras palabras o nuestra mirada hacia ellos contienen energías de desconfianza en sus capacidades interiores para superarse, les estamos enviando un mensaje muy desalentador y que no corresponde a lo que son.  Cuando nos falta la fe y la confianza en ellos, les hacemos sentir más pequeños, desvalidos, sobrepasados e incapaces. Unas palabras de confianza, fe y esperanza, siempre elevarán el entusiasmo de nuestros hijos, les aportará nuevas energías y les señalará el único camino que existe para salir de allí, la perseverancia. Trasmitir el mensaje de que todo  se encuentra perdido, es la mejor manera de asegurar problema tras problemas.  Una muestra de la perdida de nuestra fe en ellos puede ser suficiente para que se den por  vencidos.

¿Quién más que los padres están llamados a esta tarea tan hermosa de transmitir valor? Aunque todo el mundo hubiera perdido la esperanza, los padres la pueden seguir sosteniendo una y otra vez, porque será sostenida por el amor.

A veces la espera de que algo mejore nos puede hacer perder la paciencia, pero esa será una prueba tanto para los hijos como para los padres. Perder la paciencia nunca ayudará. Es probable que hablemos, que presionemos y que desesperemos, pero esas acciones no podrán colaborar bajo ninguna circunstancia. La desesperación nunca será la manera más adecuada de enfrentar problemas, del tamaño que sea.  Mientras más energías positivas pongamos en nuestra comunicación con ellos, más probabilidades de éxito existirán.  He sabido de casos extraordinarios de sanidades milagrosas que han sucedido gracias a la fe sostenida por las madres de algunos niños que sufrían enfermedades muy graves y desahuciadas por los médicos. El amor puede hacer milagros y eso ha quedado en evidencia muchas veces.

Una fe inquebrantable en el poder del amor y el poder interno de nuestros hijos los ayudará a sobreponerse de cualquier circunstancia que a primera vista nos puede resultar imposible de traspasar.

Patricia González
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domingo, 15 de enero de 2012

Cuando decimos no a nuestros hijos



Todo padre que está queriendo seguir el camino espiritual, seguro que ya se ha encontrado con una verdad que aun nos pasamos por alto muy seguido. Esta verdad es: “el universo no entiende los no”.

El universo funciona en positivo, digamos que funciona en base a movimiento y es incluyente de todo lo que existe. Cuando pretendemos crear alguna cosa en forma deliberada, ya sabemos, no podemos pedirla en base a “no quiero esto”, porque el universo solo escucha el “esto”. Entonces, todos los maestros nos ensañan que si queremos orar y pedir algo nos conviene hacerlo en positivo, lo más claramente posible, en tiempo presente y llenos de fe.

Este mismo principio es apropiado en la educación de los hijos. Nada es más nefasto y negativo para nuestros hijos que miles de “no” sonando por todos lados desde muy temprana edad. Si hacemos memoria de nuestra niñez o ponemos atención a los padres que pasean con sus hijos en la calle, escucharemos miles, pero miles de “no”.

Los niños que se encuentran mas conectados a su divinidad que los adultos, procesan esos “no” igual que el universo. Cuando les decimos “no seas desordenado”, el niño entiende “desordenado”, ese es el único mensaje que queda en su memoria. ¿Recuerdas algo como esto que tus padres te decían cuando eras niño?, ¿Recuerdas que te decían “no seas flojo o tonto o torpe?. Si has podido recordar, te darás cuenta de que te quedabas con un sabor extraño cada vez que escuchabas esas palabras. Si lo analizamos con más calma, podríamos decir que se trataba de un juicio. En el ejemplo anterior, puedes recordar que tu padre o tu madre pensaban que eras un flojo, un tonto o un torpe.

Cuando queremos que nuestros hijos dejen de hacer algo, es conveniente buscar alguna manera de guiarlos para sacarlos de allí evitando el famoso “no”. Lo ideal es explicarle los inconvenientes que tendrán si siguen haciendo lo que están haciendo, aun mas, lo ideal es que puedan decidir por ellos mismos si quieren seguir o no con la experiencia y acompañarlos para evaluar sus resultados y juntos sacar las mejores conclusiones de la aventura. Esto a simple vista parece peligroso, pero está muy lejos de serlo. Peligrosas son las consecuencias de un “no” que muchas veces va lanzado sin razones que lo sostengan. Los niños saben cuando un “no” no tiene el sustento suficiente y se dan cuenta que solo se trata de imponer un abuso de poder sobre él. De estas situaciones se obtienen los niños rebeldes.

Los padres somos los que vemos los peligros y por eso nos abalanzamos sobre nuestros hijos con un inmenso “no” cuando los vemos acercarse a algún peligro inminente. Pero hasta en estos momentos podemos utilizar nuestra inteligencia para trata de hablar en positivo. Por ejemplo, si vemos que el niño quiere acercarse a un calefactor y corre el riesgo de quemarse, podemos tener la delicadeza de acercarlo lo máximo posible para ensañarle el calor. El niño lo aprenderá de inmediato y nunca más deseará acercarse allí.

En la vida cotidiana hay muchas situaciones en las que podemos utilizar los “no”, trata de contarlos y te volverás loco. Quizás los más complicados y significativos sean los “no” que decimos a nuestros hijos adolescentes. Ellos ya tiene ciertos intereses y cuando los contradecimos se producen diferencias importantes. Pero también es posible llegar a consenso con ellos. En estos casos la vida nos obliga a tener un mejor y mas profundo dialogo con ellos. Aumentado el nivel de comunicación no tendría por qué existir inconvenientes, especialmente si hemos evitado los no en la temprana edad. Se pueden plantear las dos partes con entera transparencia, con mucho respeto y honrando ambas opiniones. Puedes explicarle a tu hijo, por ejemplo, que no quieres negarte a su salida por la noche, pero que te mueres de miedo que le pase algo o se junte con amigos que no te gustan, que eso te impide estar tranquila(o) y qué prefieres que se quede en casa. Las cosas bien planteadas tienen muchas posibilidades de que se puedan resolver. Tal cual como nos sucede cuando pedimos al universo, si explicamos el detalle, existen muchas posibilidades de que nuestra creación se manifieste.

Un niño que ha crecido bajo el régimen de los “no” no tiene su criterio personal bien formado. Está acostumbrado a la resistencia y tratará de buscar maneras poco claras para hacer lo que quiere. Será un adulto cargado de negaciones que le pesaran a la hora de hacer sus propias manifestaciones personales, no creerá que pueda ser posible. Será un adulto que le cueste tomar iniciativas por temor a hacerlo mal, no tendrá confianza en sí mismo, creerá que el mundo está en su contra, que hay gente lista para enjuiciarlo y no tendrá el mismo nivel de confianza en la vida que un adulto que tuvo una niñez sin “no”.

Mientras más existan los “si” en nuestra vida, más felices seremos. “Si” a la aventura de vivir, “si” a disfrutar del error, “si” a intentarlo de nuevo, “si” a levantarnos una y mil veces y un “SI” a ser más y más felices.

Patricia González
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sábado, 7 de enero de 2012

Los niños tienen todo el potencial


Educar es sacar a la luz la creatividad del niño. La educación no es la simple acumulación de conocimientos, tampoco es una preparación para poder ganarse la vida como hoy se acostumbra a pensar. La educación es mucho más que todo esto. Se trata de ayudar a los niños y jóvenes a ubicarse en el contexto de la vida, a saber tomar sus propias decisiones basadas en el bien personal y común, que aprendan a utilizar sabiamente su propia libertad, que sepan reconocer lo que les gusta hacer, que sean capaces de saber lo que esperan hacer de su vida y que sepan cómo hacerlo por sus propios medios, que se relacionen con aprecio a sí mismos y a los demás, que sean perseverantes y capaces de alcanzar metas, respetando la diversidad, con valores y virtudes.

Cada niño viene dotado de todo el potencial para ser lo que tiene que ser, no es nuestra tarea imponérselos. Ellos vienen a cumplir con un plan superior para desarrollar su nivel de conciencia con su particular aporte a la humanidad. Actualmente no estamos celebrando la diversidad de los niños, los uniformamos y les exigimos un rendimiento también uniformado. 

Lo primero es el SER y después vienen los conocimientos. Primero está la búsqueda de la felicidad interior y la guía para que ellos mismos lo descubran. Las escuelas son inertes cuando se saltan estos principios tan importantes que dejan de lado el cómo se aprende a vivir en las relaciones con los demás, cómo comunicarse, cómo enfrentar los éxitos y los fallos y cómo todo en el universo está conectado.

Hemos impuesto los aprendizajes intelectuales por sobre la creatividad, la educación emocional, la capacidad de observación y la genialidad innata de los niños. Esta imposición limita o anula la capacidad de soñar y lo más valioso de un ser humano es su capacidad de soñar, porque ésta le permite innovar y expandir su ser, que son los más importantes portadores de la felicidad en el adulto. La persona que tiene mutilada su capacidad de soñar no puede ser feliz y su vida se convierte en un sobrevivir.

El conocimiento se ha inclinado demasiado a lo intelectual. Las artes enseñan las emociones y cada vez son más postergadas en los programas educacionales. Es vital lograr un equilibrio en todas las asignaturas, mitad para cada parte del cerebro. No se trata de eliminar contenidos, es agregar más cosas para que aprender sea más rápido. Se logran mejores resultados y con excelencia cuando hay un ambiente más agradable. Es importante que los niños sientan su propia confianza por el aporte que harán al mundo, que ellos puedan sentir que van a contribuir, que descubran el propósito de su vida con un enfoque de cooperación y conexión con la red de la vida. Todas estas son habilidades necesarias para la vida.

En la educación formal actual, todo lo que se enseña está limitado en un marco, hay especialización por áreas. Por eso cuando los jóvenes terminan sus estudios lo hacen sintiéndose inútiles si alguien no les da empleo, se llenan de temor y desconfianza de la vida. De las escuelas no salen a crear empleos, salen a buscar empleo. No se crean emprendedores. Las personas terminan creándose una perspectiva que es más cercana a un espectador de la realidad, en vez de estar dispuestos a  cambiar la realidad. Se forma una mentalidad competitiva, derrotista y egoísta que fomenta los intereses creados y mezquinos que no favorecen a la humanidad, sino que obedecen a intereses personales o reducidos a grupos de poder.

Bajo estas limitaciones, cuando llegamos a la adultez,  juzgamos todo nuestro entorno en base a bueno y malo y no se comprende que es mejor enfocarse en que todo es mejorable. O sea, nos quedamos sin iniciativa, somos meros espectadores de lo que sucede y no nos sentimos capaces de hacer algo para mejorar nuestras circunstancias.

Un sistema integrado de aprendizaje evitaría que la ciencia y la tecnología sigan  siendo manejadas por intereses egoístas. Los jóvenes educados en un sistema amplio utilizaran todo su criterio para resolver las problemáticas actuales porque habrán desarrollado su conciencia y formularan soluciones amplias, las más amplias posibles.
 
Pensar en forma amplia, contando con toda la información necesaria para tomar buenas decisiones evitará, por ejemplo,  que empresas como Monsanto pretendan apoderarse de las semillas del mundo y produzcan hambre y una escases creada artificialmente. Todos estamos de acuerdo en que hace falta valores y ética y la educación segmentada y fraccionada no lo está permitiendo.

Es necesario que los niños aprendan a aprender, por eso no es tan necesario  memorizar datos, sino la habilidad de ver más allá, para que cuando trabajen resuelvan sabiamente. Esto no se enseña con los libros, los libros son accesorios que podrán utilizar después de valorar la dignidad humana y la sustentabilidad de la humanidad. La ciencia y la tecnología vienen después del desarrollo de la conciencia. Cada niño es único y grande, pero nuestras escuelas reprimen estas potencialidades, están reduciendo sus capacidades y están formando profesionales competitivos y sin confianza en la vida.

Los niños saben cómo ser niños, no son ignorantes, les faltamos el respeto y los atropellamos cuando creemos que nosotros tenemos que llenarlos de nuestros conocimientos en desmedro de lo que ellos traen en su interior. Lo único que podemos hacer es acompañarlos a SER. Cuando comprendemos esto, participar en la educación de un niño se convierte en un honor y un privilegio.

Patricia González
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viernes, 23 de diciembre de 2011

La educación formal de los niños


Si estas advirtiendo algún inconveniente en el rendimiento escolar de tu hijo, pese a que te sientes motivado a ayudarlo y apoyarlo sin que tus esfuerzos logren dar buenos frutos, existen muchas posibilidades de que el problema no se encuentre en tu hijo, sino en lo que el sistema escolar está haciendo por él.

La educación formal tal como la conocemos hoy, ha sido poco a poco estructura de acuerdo a los intereses de la sociedad, los gobiernos y del sistema económico. Este sistema no se encuentra basado en los intereses de cada niño o cada individuo que desea aprender y desarrollarse. Los intereses creados en torno a la educación formal se encuentran muy distantes a lo que sirve y ayuda a los niños en forma individual, ya que estos se dejan en segundo plano. No se considera relevante los intereses, las inclinaciones, las capacidades, talentos y dones naturales de cada uno de los niños, más bien, se ha querido implantar un programa estructurado a nivel mundial que fortalece ciertas aéreas que servirán al mantenimiento de nuestra estructura social, en desmedro de las que cada cual requiere desarrollar.  Aun no se comprende que La sociedad se vería profundamente beneficiada si cada cual se desarrollara en plenitud.

Más que hacer juicios sobre lo que nosotros mismos hemos construido bajo el nombre de educación formal, es conveniente observar sus falencias con la finalidad de hacer las correcciones que tengamos al alcance y que son muchas y muy amplias.

Un tema importante es que la educación formal está basada en una forma de aprendizaje que no es natural para el ser humano. Nuestras facultades y capacidades intelectuales son enormes y todas son posibles de desarrollar en base a la utilización de la imaginación. No existe otra manera de aprender que no sea en base a la imaginación y al proceso de guardar imágenes mentales. Todo lo que aprendemos en la vida, del área que sea, es almacenado en forma de imágenes. En la educación formal, la utilización de la imaginación parece estar prohibida.

Muchos son los casos en que los niños son fuertemente criticados por sus profesores por realizar algunas tareas aplicando su imaginación saliéndose de los esquemas predeterminados. Supe el caso de una mujer que pasados los 50 años de edad aun se quebraba al recordar que cuando era muy niña fue ridiculizada por su profesora frente a todos sus compañeros de curso por haber pintado el tronco de un árbol de color rosa. Todos los que hemos asistido a colegíos tradicionales cargamos con uno o varios episodios traumáticos creados por nuestros profesores por haber utilizado nuestra imaginación y haber hecho alguna acción que ni siquiera pensamos que sería fuertemente juzgada, provocando un evento que drenó energía vital y natural de nuestro SER al sentir que estábamos cometiendo un pecado que debía ser castigado. Nuestros sistemas de educación no pueden seguir haciendo esta mutilación de un aspecto tan importante del SER.  Albert Einstein dijo que la imaginación es más importante que el conocimiento.

Otro aspecto importante es la disminución de los tiempos libres que los niños necesitan para crear su propia vida. Las largas jornadas escolares no permiten que los niños puedan jugar como necesitan. El juego es la única y mejor forma de aprender cuando somos niños. Si la educación se basara en el juego, todos podríamos incorporar la información necesaria y retenerla por todo el tiempo que se requiera. Sin embargo, la escuela está muy lejos del juego. Se ha convertido en una pesada obligación con extensos horarios, negando el justo derecho a moverse, expresarse, interactuar, comunicarse, relacionarse, inventar e innovar libremente.  Los conocimientos se entregan en forma fija, estática,  aburrida y en jornadas extenuantes para cualquiera, especialmente para los niños que por naturaleza necesitan más que nadie experimentar. Los horarios escolares no están favoreciendo el aprendizaje, más bien han sido establecidos con una finalidad diferente, que se relaciona con proporcionar los tiempos  requeridos por sus padres para cumplir sus propias jornadas de trabajo, evitando el problema de los niños solos en la casa y/o en la calle.

Los conocimientos entregados a los niños están siendo limitados a los que supuestamente requiere la sociedad, privilegiando aquellas aéreas más comercialmente necesarias. Se están dejando de lado las aéreas creativas, las artes y otras que al parecer pueden no ser tan relevantes y se fortalecen materias como las matemáticas y otras que aparentemente son más útiles. No se considera que un ser humano es un ser de amplitud que necesita expresarse en forma holística, utilizando todas sus facultades para lograr una vida armoniosa y feliz. Cuando se limita la expresión de algún área en especial, la persona se ve fuertemente afectada, pudiendo manifestar intensos sentimientos de frustración y desdicha en la vida adulta aun habiendo conseguido un significativo logro académico y profesional.

Actualmente se está permitiendo la formación de profesores casi por accidente. No se está privilegiando la vocación de maestro, mas bien, es una profesión que puede ejecutar cualquier persona que lo decida, aun sin tener su alma comprometida con lo que ésta tarea significa. Un maestro une su espíritu con el de su alumno y se hace uno con él, dando lugar a un intercambio de energías mutuas que hace que el aprendizaje se convierta en un viaje mágico y no en una obligación pesada de cargar. A un maestro no le interesa la calificación porque entiende que la calificación es una comparación entre seres individuales que no pueden ser comparados. Su mayor función consiste en empapar la dicha de aprender a aprender.

Entre otros temas, la separación temprana del niño con sus padres, especialmente con su madre, puede afectar profundamente su autoestima. El niño es sometido a un régimen diferente al medio de confianza, cariño y amor proporcionado en su hogar, siendo esto el mayor soporte emocional y espiritual de la infancia necesario para formar un adulto seguro y feliz.

Hay muchos aspectos de la educación que podemos mejorar en conjunto. Si escuchamos a nuestros hijos, descubriremos  algunas verdades al respecto que podemos considerarlas con un mayor grado de importancia. Además, podemos recordar lo que nosotros mismos vivimos en la infancia escolar.

Es maravilloso sentir como cada vez somos más los que nos interesamos en hacer mejoras importantes en esta área.  Hay profesores que han renunciado a su trabajo para dedicarse a crear una educación diferente, con sistemas que favorecen el crecimiento y desarrollo del ser como centro, hay escuelas de educación libre naciendo por todos lados, hay un inmenso interés en hacer de la educación un apoyo al crecimiento y la expansión del SER en todo su esplendor.

Patricia González
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jueves, 8 de diciembre de 2011

Los hijos en la familia


Los padres somos los dadores de la vida a los hijos. Los hijos no tan solo reciben la vida que les entregan sus padres, sino que también reciben un conjunto de información contenida en el ADN de sus progenitores. Sin embargo, además de toda la herencia de sus padres, que viene a través de las anteriores generaciones, el niño trae una increíble y vasta inteligencia que puede ser liberada y utilizada por él a lo largo de su existencia terrenal. Aunque se nos hace difícil creerlo, los niños vienen dotados con la sabiduría y el poder necesario para guiarse en la vida y aprovechar su máximo potencial en forma natural.

Los niños nacen con una increíble capacidad para expresar paz, confianza, amor y libertad. Pero, generalmente, a los pocos años de vida, todas estas virtudes van quedando fuertemente bloqueadas a causa de todo lo que sus padres y la sociedad comienzan a transmitirle en forma reiterativa hasta lograr su esperada “adaptación al medio”.

La gran mayoría de los padres  esperamos que los niños se adapten lo más rápido posible a lo que hemos creado en comunidad, la tarea se nos hace urgente. Es deseable que ellos se comporten de una manera adecuada para evitar muchos posibles problemas, tanto para sus padres como para ellos mismos. Sin embargo, con esta actitud, seguimos creando siempre las mismas situaciones, tanto en los temas sociales, económicas, de salud, de desarrollo personal, niveles de felicidad, expresión limitadas del ser y tantas otras que ya conocemos demasiado bien.

Muchas son las personas que ya reconocen que los problemas que tiene la humanidad hoy pueden ser mejorados con cierta facilidad haciendo algunos cambios de paradigmas, incluyendo algunos conocimientos y aplicando en mayor grado la guía dictada por el corazón. Poco o nada ganamos por esforzarnos en seguir extendiendo los mismos modelos a nuestros hijos cuando las cosas pueden ser perfeccionadas. Si algo se puede mejorar, no es necesario seguir imponiendo esos modelos que ya sabemos que están quedando obsoletos y que quedan estrechos a los nuevos tiempos.

Los niños de hoy tienen una característica muy marcada, ellos son más claros y más despiertos. Les aseguro que si escucháramos sus ideas y les pidiéramos sus consejos, aunque tengan muy poca edad, ellos nos darían soluciones reales a los inconvenientes que estamos viviendo nosotros los adultos. Por ejemplo, ellos saben que todos los medios materiales son alcanzables y nos pertenecen. Nosotros nos empeñamos en que ellos entiendan que ganarse la vida es muy difícil, que hay que sacrificarse y trabajar duro para poder sobrevivir. He escuchado a muchos padres que niegan algunas cosas a sus hijos para que ellos aprendan que en la vida no todo se consigue, que hay que aprender a reprimir los deseos de tener algunas cosas o que tienen que esforzarse mucho para conseguirlas.

Cuando transmitimos estas y otras ideas limitantes a nuestros hijos, generamos una corriente de frustración, ansiedad, temor, culpa, vergüenza, incomodidad, resentimiento, ira y otros sentimientos y emociones negativas que no nos corresponden como seres humanos. Cada vez que insistimos en que ellos aprendan lo equivocado que nosotros pensamos de la vida y de nuestras capacidades, generamos en ellos un desconcierto que los llenará de dolor y de varios inconvenientes que pueden generar hasta problemas de salud.

Generalmente, un niño pequeño enferma solo a causa de lo que siente y percibe de sus padres, especialmente de la madre que es la persona que muestra el niño como es el mundo y la vida. Los niños muy pequeños reciben las vibraciones sin que existan palabras de por medio. Ellos pueden darse cuenta de los problemas de pareja sin que jamás nadie les explique nada. Pueden advertir el estado de ánimo de sus padres, la armonía o la desarmonía. Pueden sentir las preocupaciones, nerviosismo y  toda la variedad de resonancia energética que los rodea.

Cada sensación percibida por el niño formará el mundo que ve. Su mundo se modelará de acuerdo a las sensaciones que más se repitan, se refuercen y se fortalezcan en su infancia. Todo su mundo dependerá de la calidad de su ambiente y este puede llegar a ayudarlo a ser más feliz o a impedir que lo sea con facilidad.
Pero esto no es casualidad. Los niños eligen a sus padres, ellos eligen las circunstancias que desearan vivir y todo su aprendizaje de infancia solo será una manera de experimentar a su SER interior. Los hijos tendrán la hermosa labor de hacer los cambios necesarios de mentalidad, aun sin desear querer cambiar la de sus padres. Ellos pueden mejorar todo lo que han recibido de sus padres por amor a la evolución. Por esta razón no existen los errores en la crianza de los hijos. Los hijos han recibido la tarea para hacer algo con eso, para hacer un aporte a la humanidad y seguir el camino de la evolución. Los hijos se encargarán de trabajar con las flaquezas de sus padres y los padres pueden comprender con amor esa inmensa y maravillosa responsabilidad.

Podemos aceptar que los niños vienen dotados de una inteligencia natural y que ellos serán los encargados de expandir las nuevas tendencias de la conciencia colectiva. Cuando insistimos en trasmitir a los niños lo que puede ser mejorado, aparecen los “niños problema”, los que se pueden expresar en forma rebelde, extrovertidos o introvertidos. Los niños que aparentemente son niños problema, casi siempre son los más claros, son los que cuestionan lo que les hemos mostrado, son los que ven mas allá de nuestras limitaciones, son increíblemente inteligentes, están más conectados a su guía interior, pero se han vuelto un problema porque nadie ha querido respetar su verdad.

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martes, 29 de noviembre de 2011

Lo que la sociedad espera de los jóvenes



La gran mayoría de las personas piensa que para que un niño logre el éxito en su vida, tendría que cumplir con lo que la sociedad espera de él. La sociedad espera de él lo que está de moda. Hace muchos años atrás, se esperaba que un hijo varón fuera capaz de trabajar el campo, que fuera fuerte y esforzado y que una hija mujer, fuera una buena dueña de casa y cuidadora de los hijos. En esos tiempos, las primeras mujeres que quisieron ejercer una profesión reservada a los varones fueron fuertemente criticadas, perseguidas y juzgadas.

Actualmente la sociedad espera que los niños y niñas cumplan con sus estudios formales, que lleguen a ser profesionales, para luego de emplearse logren una cómoda vida con la mejor posición posible. Muchas veces los mismos padres, guiamos a nuestros hijos para que escojan sus carreras de acuerdo a las profesiones que garanticen un buen pasar.

La sociedad está en continuo movimiento, siempre está cambiando sus patrones de referencia y al fin al cabo la hacemos nosotros mismos. La sociedad puede llegar a comprender que los jóvenes pueden desarrollarse en lo que más los identifique como seres humanos, y en la labor que más les acomode, ¿quién puede juzgar eso?  La sociedad es muy dura para juzgar a los que no se alinean a sus filas. No hay necesidad de cortar las alas a nadie porque no se pone  a tono con la sociedad.

He escuchado a algunos jóvenes que se dicen así mismos “no soy nadie” o “quería ser alguien” con un inmenso sentido de impotencia, porque por diversas razones, han dejado sus estudios formales. Ellos sienten que sus vidas están finalizadas. Todos sabemos, que los estudios ayudan mucho, pero no es necesario llegar al extremo de decir que si no tenemos estudios formales “somos nadie”. ¿Quién les ha ensañado a pensar eso de sí mismos?

Un ser humano es y será un ser humano bajo cualquier circunstancia, sea la que sea. Sabemos de grandes personajes contemporáneos y de nuestra historia que no tuvieron estudios formales y se han convertido en grandes líderes que aportaron y siguen aportando tanto bien a la humanidad y se han convertido en un ejemplo a seguir. Entonces ¿Por qué tenemos tanto miedo de lo que puedan o no puedan estudiar nuestros hijos?

Las presiones de la sociedad nos ciegan y muchas veces privilegiamos lo que ella dicta por sobre los intereses de nuestros hijos. ¿Cuántas discusiones se pueden encontrar al interior de las familias cuando un hijo quiere seguir una línea que no parece ser la más adecuada según la sociedad? Es importante escuchar a nuestros hijos para ayudarlos a utilizar sus dones naturales. 
 
Con el tiempo nos hemos dado cuenta que nuestros hijos pueden realizarse expresando lo que son con sus dones especiales, no tan solo van a asegurar su éxito económico, sino lo más importante, sentirán la dicha expresar su ser y el aporte que solo ellos pueden dar a la humanidad. Hay muchos adultos con muy buenas condiciones laborales que se sienten insatisfechos con sus trabajos porque no están siendo uno consigo mismos y están en una rutina que los agota, estresa y deprime.

Existe una enorme diferencia entre la persona que expresa su ser en el trabajo que realiza y la persona que va a su trabajo por el dinero que recibe a fin de mes o porque ha seguido una tradición familiar en un negocio que tampoco lo hace sentir realizado. Las primeras se van llenado de vitalidad y oportunidades en la vida, en cambio las segundas se van apagando por dentro, hacen su tareas sin dedicación, sin amor y hasta llenos de amargura, solo desean que llegue pronto la hora del término de la jornada de trabajo para irse a descansar.

Los jóvenes vienen dotados con sus dones especiales a los cuales no pueden renunciar por más que no estén de moda. Todos hemos sentido esa fuerza increíble de expresar lo que somos. Hemos de dejar que los niños sean lo que tienen que ser, podemos ayudarlos, aun yendo en contra de lo que sociedad puede estar imponiendo como modelo. Para ser no se necesitan modas, se requiere escuchar al corazón y seguirlo hasta las últimas consecuencias. Eso nos asegura el éxito, la dicha y el bienestar económico como añadidura.

La humanidad necesita de sus jóvenes desarrollándose plenamente. Cada uno aportará lo que tiene que aportar. Si no ha sido posible que completen sus estudios formales será por alguna razón importante. Necesitamos emprendedores e innovadores en muchas aéreas de la producción, se requiere nuevas ideas que generen riquezas, se necesitan creadores de nuevos productos, nuevos servicios, mas artistas, mas deportistas, mas escritores y tantas mas expresiones del SER.

Nadie puede sentirse a sí mismo un “don nadie”, por más extrema que sea la situación en que se encuentra, es la experiencia que necesita vivir. El plan de su alma lo ha llevado a ese lugar con la finalidad de completar algún aprendizaje importante. Posiblemente sea esa la finalidad de la experiencia, saber que sigue siendo un ser completo y pleno en medio de los juicios de la sociedad.

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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Deja que se expresen



Los niños nacen tan claros y tan limpios, que son capaces de expresarse tal cual como son sin importar el lugar donde se encuentren. Los padres ya no son así, ya se han dejado aplastar por la maraña de condiciones que debe cumplir una persona para ser agradable y aceptado por la sociedad. Los niños no saben de eso y los padres se sienten desesperados cuando los ven tan libres en esos lugares donde supuestamente  no debieran serlo.

Entonces los padres se encargan de estar al lado de sus hijos, mirándolos como si estuvieran cometiendo un delito, se avergüenzan de no haber podido lograr domesticarlos y se dejan caer con señas o palabras de control sobre el niño delante de sus pares para que los demás vean con sus propios ojos que como padres son inocentes, queriendo demostrar que es el niño  el que se resiste y no son ellos los que han fallado en su buena educación. Quieren demostrar a los demás, que es el niño el que no ha querido comprender como se debe comportar en sociedad.

Según los padres, el niño debería comportarse tan cual como ellos lo hacen, el niño debería estar quieto, atento a lo que los demás esperan, incluso listo para dar el paso libre a los adultos que transitan junto a él, como si fuera un estorbo.

El niño jamás había escuchado hablar de esto, no sabe de qué se trata esta extraña situación, queda sorprendido, incomodo, desconcertado y muchas veces avergonzado. Los padres se encargarán de repetírselo cada vez que sea posible, hasta que el niño comprenda que no es aceptable ser libre de expresarse tal como es. Tarde o temprano el niño tendrá que darse cuenta que en el mundo de los adultos esto es como un pecado y terminará por atender a los requerimientos de los demás antes que los suyos propios. Aprenderá a utilizar mascaras de comportamiento  dependiendo de donde se encuentre y de quienes lo rodeen. Será cada vez más cuidadoso de no ser tal cual como es por respeto a los demás.

Desde estas correcciones que aparentan ser tan inocuas, nacen las ideas preconcebidas de muchos adultos, de que la opinión de los demás es demasiado importante. La expresión de si mismos ha quedado sepultada bajo capas de cemento y no recuerdan lo que era su propia expresión. Me impacta escuchar a mis clientes cuando me dicen que no recuerdan lo que les gustaba hacer desde niños o en la adolescencia. Simplemente lo olvidaron. En estos casos queda en evidencia la prematura edad en la que comenzaron a recibir tal enseñanza o queda de manifiesto la persistencia de los mayores que los rodearon. En este estado de olvido seguir el llamado de su corazón parece imposible. Ni siquiera saben de lo que se trata eso, ¿Cuál corazón? ¿El corazón nos habla?

¿En qué nos puede ayudar seguir creando adultos bloqueados, apelmazados, tiesos, dolidos, amargados y depresivos?

Todos comprendemos que los niños no pueden saltar y reír en algunas circunstancias y en esos casos la guía de los padres se hace muy necesaria, no para achatar a sus hijos, sino para ayudarlos a ser en las diferentes situaciones. Ellos son tanto o más comprensibles que nosotros, con algunas explicaciones validas bastará.  Si son muy pequeños, es mejor evitar estas situaciones  y si no es posible evitarlas, se puede aceptar que es natural que los niños se muevan, jueguen, salten y rían. No hay necesidad de deshonrarlos en ninguna circunstancia.

Nuestra apertura consiste en comprender que lo que ellos hacen es natural y que lo que sus padres esperan  que hagan no es natural. Los niños están más claros que nosotros los adultos aunque nos cueste mucho aceptarlo, ellos saben que tenemos el legítimo derecho a expresarnos libremente en toda circunstancia y que además es necesario que así sea.

Los niños que son respetados por su condición de experimentadores y exploradores felices, serán más dichosos en su vida adulta. Serán expresivos, curiosos, imaginativos, mas extrovertidos, sabrán escuchar su corazón, serán mas auténticos, serán mas estimados por los demás, serán mas creativos y mas libres para moverse en esta vida. Ellos tienen en sus manos la tarea de crear la sociedad y necesitan más que nadie estas facultades. De esto depende el rumbo que tome la humanidad, en sus manos están las nuevas decisiones y la claridad que tengan será vital.

Patricia González.
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