lunes, 19 de marzo de 2012

Las malas juntas en los jóvenes


Demasiadas veces encuentro presente el temor de los padres de que sus hijos tan amados se puedan alejar de las buenas costumbres y se vayan por caminos de vicios y malas juntas. Esos temores son provocados en exageración a causa de tanta información que circula en los medios de comunicación y por algunos casos que hemos visto en familias cercanas. Los medios de comunicación son especialistas en ubicar en primera plana todo lo malo de la sociedad y los jóvenes no están fuera de este contexto. Debido a esta influencia, muchos padres se imaginan que su hijo(a) se podría descarriar solo debido a que se junta con amigos que lo puedan inducir o arrastrar a formas de vida extrañas o alejadas de su bien.

Según nosotros, las malas juntas son aquellos amigos que nuestros hijos pueden tener, cuyas costumbres y comportamientos no están ceñidos a la moral y las buenas costumbres. Dependiendo de nuestro grado de miedo, podemos ver malas juntas en muchos de los amigos de nuestros hijos, provocando mucha tensión al interior de la familia y fomentando la falta de confianza entre padres e hijos.

No podemos negar que existe la posibilidad de que nuestros hijos se vayan por mal camino, pero no será precisamente por la calidad de sus amigos. Existen  vacios de compresión y contención dentro de sus familias, espacialmente de parte de los padres,  que podrían poner en riesgo el bienestar de los hijos y son estos en realidad los responsables de que ellos puedan elegir hacer una vida rodeados de personas que no aportarán nada bueno para ellos.

Los jóvenes que se sienten presionados, abandonados, ahogados, criticados y cuestionados por parte de sus padres, preferirán compartir su vida con cualquier otra persona que sea capaz de escucharlos y darles un poco de atención. Si los jóvenes no encuentran una persona equilibrada que los pueda sostener es esta adversidad, tendrán el riesgo de juntarse con personas no convenientes, debido a que su nivel de vibración se encuentra muy bajo. Esta es la razón de que se unan a grupos o amigos que tienen baja vibración, en ellos encuentran resonancia. Un joven que se siente apoyado y amado por sus padres, tendrá una alta estima. Esta le permitirá moverse por la vida en forma más libre y segura, uniéndose a amigos y grupos que vibren en esa resonancia.

Ningún joven que se sienta perfectamente amado, respetado y honrado por sus padres (o por quien cuide de él), será susceptible de ser arrastrado a ningún lado que él no se pueda permitir. Un joven bien  equilibrado emocionalmente y espiritualmente podrá juntarse con otros jóvenes con infinidad de problemas emocionales, o de cualquier tipo, solo para tratar de ayudarlos a salir de allí. Este joven no podría caer porque sus bases se encuentran fuertes y solidas en el amor de sus padres.  Un joven que se encuentra débil  tendrá la necesidad de buscar a sus pares para completarse y por resonancia sus pares estarán tan débiles como él.

El equilibrio emocional y espiritual de un joven es alcanzado a muy temprana edad. Después de los 7 años de edad, ya han quedado marcados sus niveles de autoestima. Esto significa que los problemas que podamos visualizar en los jóvenes se han creado antes de los 7 años de edad y solo estamos viendo las consecuencias de lo que fue experimentado y almacenado en su interior hasta entonces.

Cuando los padres critican a sus hijos por sus malas juntas, ya ha pasado mucha agua bajo el puente. Para revertir esta situación, hay que hacer un doble trabajo, volver atrás, a reconstruir todo el daño emocional acumulado en esa mente tan joven que ya carga con un cumulo de dolor a veces tan inadvertido por sus padres.
El amor a nuestros hijos a veces nos puede jugar una mala pasada si no tenemos la delicadeza de ir viendo, analizando y cuidando las etapas que viven nuestros hijos. La temprana edad es muy importante para que ellos crezcan fortalecidos y sanos interiormente. Los padres siempre actuamos lo mejor que podemos y muchas veces nos ha fallado algo. Si así ha sucedido, tenemos la posibilidad de revertirlo cuando estemos dispuestos. No existen problemas que no se puedan resolver, pero hay que dedicarse a hacerlo. No sirve de mucho culpar y castigar. Esto puede hacer que la situación empeore a niveles insoportables.

Los jóvenes, aunque puedan estar muy dolidos con sus padres, son seres maravillosos. Siempre estarán dispuestos a perdonar, siempre. Si se tiene una buena conversación con ellos en paz, armonía y respeto, ellos serán los primeros en estar dispuestos a darte un abrazo y un beso. Ellos siempre están esperando a que las cosas mejoren, ellos siempre están dispuestos, mucho más que los adultos. Y cuando ellos perdonan lo hacen de verdad, no guardan rencor, ellos olvidan todo y te amarán mucho más si tienes la grandeza de reconocer que alguna vez te equivocaste.

Los hijos y los padres estanos en una escuela, la escuela de la vida. Ambos podemos aprender de ambos. Aunque seamos adultos podemos alguna vez estar equivocados en relación a nuestros hijos.

Patricia González
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martes, 13 de marzo de 2012

Cuando los niños no quieren comer


Es legítima la preocupación de los padres cuando ven que sus hijos se resisten a comer o simplemente no quieren ingerir alimento ninguno. Los padres saben que si un cuerpo físico no es alimentado se debilitará o enfermará y eso genera mucho temor. Con mayor razón si se trata de nuestros hijos pequeños. Por lo general, los padres se sienten muy angustiados y esta angustia se apodera de su calma hasta hacer saber al niño que se está brindando una verdadera batalla entre que “comes o te enfermas”.

Un niño es un Ser que puede decidir dejar de comer por varias razones. Por lo general, un niño que se resiste a comer está expresando una protesta que nada tiene que ver con querer enfermar, todo lo contrario, está queriendo informar que algo no está bien en su ambiente y quiere que eso se haga notar. Esto tiene una connotación absolutamente diferente a nuestra preocupación, el niño está queriendo colaborar para hacer su vida más llevadera y no tiene ninguna intención de deteriorar su salud.

Algunos niños pueden resistirse a comer cuando enfrentan alguna situación muy complicada. Cuando advertimos que nuestros hijos no se sienten bien, que están más apagaditos o con bajo ánimo, podemos comenzar la búsqueda de esos inconvenientes y tratar de subsanar esas circunstancias que los hacen sufrir. Este estado, que puede afectar su apetito, puede provenir de varias fuentes: un ambiente poco amoroso en su hogar, desarmonía entre sus padres o los integrantes de la familia, angustia por alguna situación que lo está dañando y tantas más. Ellos son muy sensibles a su medio ambiente y serán afectados por cualquier situación incómoda, desagradable o de deshonra en  su contra.

Si al contrario, vemos que nuestros hijos corren, ríen, bailan, cantan y se desenvuelven vibrantes y felices hasta que llega la hora de comer, entonces el mensaje está muy claro. Están expresando una molestia que se relaciona más directamente con la tensión que se pudo haber instalado cada vez que llega la hora de comer.

Descartando problemas mayores, la tensión que se produce a la hora de la comida pudo haberse gestado en episodios esporádicos que se fueron acrecentando en el tiempo debido a la preocupación de los padres.  Es posible que en un inicio, el niño se resistiera a comer cierto tipo de alimentos porque su cuerpo está más conectado con su Ser Superior y tiene esa claridad para saber qué es lo que no necesita seguir ingiriendo.

Los niños pueden llegar a saber que ciertos alimentos no son tan nutritivos para ellos por contener un alto grado de componentes químicos que no son beneficiosos para su cuerpo, cosa que a los adultos se nos hace más difícil advertir. Algunas veces ellos necesitan dejar de tomar la leche u otro alimento por unos cuantos días porque su cuerpo tiene suficiente nutrición en ese aspecto y ya no lo necesita o requieren un reposo para eliminar sus excesos. Ellos saben mejor que nosotros lo que necesitan comer, pero nosotros creemos que es al revés.

Cuando un niño se siente satisfecho con algún alimento que ha sido muy repetitivo, puede negarse a injerirlo en forma natural. Los padres tienen la tendencia a creer que algo grave le pasa y por lo general acuden al médico de inmediato, el que también puede no advertir de lo que se trata en su profundidad. Si los padres se angustian mucho debido a esta situación, los niños lo sentirán también. Ellos, más que nadie, perciben absolutamente todas las energías que los adultos están emitiendo y sin ninguna duda que advertirán que existe algún problema con la comida. El niño no sabrá muy bien de qué se trata, pero entenderá que él tiene algún problema con la comida. Cuando el niño comienza a creer que tiene problemas con la comida, se producen trastornos y desordenes de la alimentación, como desear comer golosinas u picar a deshora.

En suma, dependiendo de la angustia de los padres, esta situación puede crecer y crecer a niveles muy traumáticos. Lo vi en mi familia, recuerdo que una de mis hermanas menores no quería comer en la cantidad deseada por mis padres y el solo hecho de presenciar la cantidad de energía negativa que se respiraba cada vez que le llegaba la hora de comer, hacia que hasta a mi me dieran ganas de correr y huir del lugar para nunca más volver. Para mis padres esto era manera de amarla, era una muestra de preocupación y cuidados, pero para mi hermana era una verdadera tortura que nunca hubiera querido vivir.

Los niños que están sanos y que se resisten a comer simplemente están expresando una verdad muy grande que hace algunos años leí en las palabras de OSHO: “El alimento para un ser humano no es la comida, sino el amor”. Esa frase me hizo comprender como los padres podemos confundir el deseo de ayudar a los hijos en su alimentación, con un deseo convulsivo de que querer alimentarlos aunque sea contra su voluntad.

Un niño normal que se resiste a comer puede volver a recuperar sus deseos de alimentarse normalmente cuando se vuelva a restablecer la armonía, la paz y el amor a la hora de sentarse a la mesa y enfrentar el plato de comida. La hora de comer puede transformarse en una agradable reunión, muy útil para comunicar el gran respeto que se tiene frente a ese ser humano pequeño, al igual que atendemos a un adulto invitado de honor a nuestra mesa. Podemos ofrecerle comidas diferentes, preparadas diferentes, adornadas con colores, aromáticas y en atrayentes platos, pero lo que es más importante, que sea servida y compartida con tanto amor que sea éste el verdadero alimento que estamos entregando. Este es el ingrediente principal.

No es difícil conquistar a un niño para saborear delicias preparadas  y servidas con amor. Podemos integrarlos en su preparación y también podemos aceptar sus opiniones al respecto. Podemos afinar el odio a percibir cuales son aquellos alimentos que el niño mas apetece de consumir y también comprender que es necesario variarlos de acuerdo a sus necesidades. Evidentemente que se requiere paciencia y tiempo, pero ese es otro asunto.

Patricia González
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domingo, 4 de marzo de 2012

El mundo de los niños pequeños


Cuando somos niños, somos capaces de ver un poco mas allá de lo que hacemos cuando somos adultos. Es posible que algunos adultos recuerden algunas escenas de su niñez conversando con seres sutiles como ángeles o gnomos. Hay personas que recuerdan haber visto los colores del aura de las personas y también hay adultos que recuerdan haber visto las manchas de la usencia de amor en los adultos que les generaba mucho miedo (yo recuerdo eso).

Cuando llegamos a este mundo lo hacemos en un alto estado de pureza y nos resulta muy fácil  vivir plenamente en el presente. Esa condición de vivir en el ahora nos permite tener una mirada más clara de la realidad y tenemos fácil acceso a la verdad. Algunos niños tienen la posibilidad de disfrutar de su mundo mágico por un buen tiempo y otros son rápidamente adaptados a la sociedad. Pero la gran mayoría de nosotros llegamos a la edad adulta sumergidos plenamente en lo que se supone que es la realidad, una realidad sin magia y donde solo existe la lógica.

Debido al condicionamiento que ya han adoptado los adultos, creamos la sociedad con todas sus reglas y normas. Rápidamente nos esforzamos por enfocar a nuestros hijos en la lucha por un lugar en este mundo y deseamos que abandonen sus alucinaciones lo más pronto posible. Tanto es así, que si un niño demora más de la cuenta en dejar de ver los colores de las auras de las personas o si sigue viendo “cosas raras”, lo llevamos al médico desesperados y los tratamos como enfermos. Al poco tiempo de tratamiento médico o terapias ya nos aseguramos de que esté normal, mirando tal cual miran todos los adultos (o la gran mayoría de ellos).

Un niño pequeño no tiene referencias para filtrar sus experiencias, él solo las vive. Todo lo que le dicen sus padres se convierte en su verdad, al extremo de que si le enseñan que robar es la única manera de vivir, él lo aceptará, solo porque sus padres así se lo dijeron.

Si la sociedad aun no puede superar la pobreza, las enfermedades, los sufrimientos y tantas otras cosas, es porque aun no hemos aprendido a alinearnos con la verdad. Podemos decir que los niños nos podrían enseñar cómo llegar allí con mucha facilidad, pero nosotros pensamos que ellos están enfermos. Quizás por eso Jesús dijo: “seáis como los niños”.

Los padres tenemos mucho que aprender de los niños y cada vez nos acercamos mas a ese momento en que dejemos de programar a nuestros hijos para que hagan y se comporten como nosotros les decimos que lo hagan, creyendo que si no nos obedecen ellos se verán perjudicados. No comprendemos que los más perjudicados somos nosotros  al no aprender de ellos.

Ellos saben que su lugar en el mundo está asegurado, no tienen miedo a experimentar, miran a todas las personas con amor, no tienen prejuicios y creen todo los que les decimos. Los padres nos convertimos en su máxima referencia y jamás dudan de que eso que les estamos transmitiendo sea un error, aunque a veces les resulte muy doloroso de aceptar y aun en medio de su sufrimiento lo aceptarán.

Solo cuando llegamos a la edad adulta y no nos agrada ver los resultados de todo lo que hemos creado en base a lo que nos enseñaron, logramos advertir que nuestros padres estaban equivocados.  Cuando nos damos cuenta de esto, podemos pasar por una tristeza inmensa, por mucha rabia, por una negación a perdonar, pero en suma, la tarea es dejar de ensañar lo que aprendimos de la sociedad a nuestros hijos. Este proceso no es motivo de sufrimiento, más bien es un motivo para sentirse muy dichosos. El mundo será mejor cada vez que un ser humano concluye que lo que aprendió puede ser mejorado y el mundo quedará más feliz después de su aporte. Eso es el amor. Por eso cada Ser que viene a este mundo tiene un papel de vital importancia en la evolución y por eso este mundo quedará mejor después de su partida.

En todas las etapas de nuestra niñez somos directamente influenciados por nuestra madre (o la persona que cuida de nosotros). Ella nos revela el mundo y si el mundo de nuestra madre se encuentra afectado por la angustia, el temor o la rabia, esto será traspasado a su hijo en forma directa. El niño pequeño puede enfermar solo por estar en ese ambiente. Si un adulto enferma cuando cree encontrarse en un ambiente hostil, el niño también se enfermará cuando el mundo hostil de su madre le sea mostrado. Por esta razón, un niño puede recuperase de sus enfermedades solo con la recuperación del equilibrio emocional y espiritual de su madre. Ellos experimentan un desequilibrio cuando los alejamos de la verdad y lo recuperan cuando los alineamos al amor. Nadie puede enfermar cuando vivimos plenos y felices.

Como padres podemos facilitar la vida y el desarrollo de nuestros hijos. El amor a nuestros hijos nos guía siempre. El amor nos puede informar claramente si vamos enfocados o no a la verdad de la vida. La felicidad en el rostro de nuestros hijos será la mejor prueba de que así está sucediendo.

Patricia González
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viernes, 3 de febrero de 2012

Los desafíos de nuestros hijos


Muchas veces nos sentimos muy estresados y angustiados cuando queremos ayudar a nuestros hijos cuando enfrentan algunos desafíos que la vida les presenta. Estas situaciones pueden ser especialmente difíciles en aquellos casos en que nuestros hijos están atravesando desafíos angustiosos o que los están haciendo sufrir, como decidir su futuro laboral, la separación de la familia, penas de amor, cuando se retrasan sus estudios, alguna enfermedad, alguna discapacidad, confusión en su vocación o al querer superar algún vicio.

 Es importante tener presente que ellos vienen dotados de todas las capacidades para atravesar sus propios desafíos  y que todas las experiencias que están viviendo no han sido obra de la mala suerte. Ellos están cumpliendo con el plan de su alma y seguramente tendrán que obtener valiosas enseñanzas de esas vivencias, como también sus padres. El objetivo final de todo esto, consiste en observar con amor las posibilidades de crecer y elevar los niveles de conciencia.

En algunas ocasiones podemos ayudarlos directamente con algún consejo o una acción y otras veces nos veremos aparentemente  limitados para hacerlo. Cuando parece que las soluciones se escapan de nuestras manos para poder colaborar a la superación de los inconvenientes, podemos acudir a elevar la mirada.

Elevar la mirada, nos permitirá reconocer que ellos tienen todo el potencial y que es reconocible su capacidad para sobreponerse a sus circunstancias. Ellos solo requieren confirmar esta verdad dentro de sí. Entonces, la primera y más importante ayuda que podemos darles, consiste en reconocerles su propio poder y su propio valor para superarse. Si desmerecemos su valor y sus capacidades, ellos se sentirán más pequeños de lo que son. Si les decimos directamente que no están siendo capaces de superarse, ellos se alejan de su poder interno y crecerá la distancia entre el logro y el fracaso, o entre aprender o no aprender.

Cuando nuestras palabras o nuestra mirada hacia ellos contienen energías de desconfianza en sus capacidades interiores para superarse, les estamos enviando un mensaje muy desalentador y que no corresponde a lo que son.  Cuando nos falta la fe y la confianza en ellos, les hacemos sentir más pequeños, desvalidos, sobrepasados e incapaces. Unas palabras de confianza, fe y esperanza, siempre elevarán el entusiasmo de nuestros hijos, les aportará nuevas energías y les señalará el único camino que existe para salir de allí, la perseverancia. Trasmitir el mensaje de que todo  se encuentra perdido, es la mejor manera de asegurar problema tras problemas.  Una muestra de la perdida de nuestra fe en ellos puede ser suficiente para que se den por  vencidos.

¿Quién más que los padres están llamados a esta tarea tan hermosa de transmitir valor? Aunque todo el mundo hubiera perdido la esperanza, los padres la pueden seguir sosteniendo una y otra vez, porque será sostenida por el amor.

A veces la espera de que algo mejore nos puede hacer perder la paciencia, pero esa será una prueba tanto para los hijos como para los padres. Perder la paciencia nunca ayudará. Es probable que hablemos, que presionemos y que desesperemos, pero esas acciones no podrán colaborar bajo ninguna circunstancia. La desesperación nunca será la manera más adecuada de enfrentar problemas, del tamaño que sea.  Mientras más energías positivas pongamos en nuestra comunicación con ellos, más probabilidades de éxito existirán.  He sabido de casos extraordinarios de sanidades milagrosas que han sucedido gracias a la fe sostenida por las madres de algunos niños que sufrían enfermedades muy graves y desahuciadas por los médicos. El amor puede hacer milagros y eso ha quedado en evidencia muchas veces.

Una fe inquebrantable en el poder del amor y el poder interno de nuestros hijos los ayudará a sobreponerse de cualquier circunstancia que a primera vista nos puede resultar imposible de traspasar.

Patricia González
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domingo, 15 de enero de 2012

Cuando decimos no a nuestros hijos



Todo padre que está queriendo seguir el camino espiritual, seguro que ya se ha encontrado con una verdad que aun nos pasamos por alto muy seguido. Esta verdad es: “el universo no entiende los no”.

El universo funciona en positivo, digamos que funciona en base a movimiento y es incluyente de todo lo que existe. Cuando pretendemos crear alguna cosa en forma deliberada, ya sabemos, no podemos pedirla en base a “no quiero esto”, porque el universo solo escucha el “esto”. Entonces, todos los maestros nos ensañan que si queremos orar y pedir algo nos conviene hacerlo en positivo, lo más claramente posible, en tiempo presente y llenos de fe.

Este mismo principio es apropiado en la educación de los hijos. Nada es más nefasto y negativo para nuestros hijos que miles de “no” sonando por todos lados desde muy temprana edad. Si hacemos memoria de nuestra niñez o ponemos atención a los padres que pasean con sus hijos en la calle, escucharemos miles, pero miles de “no”.

Los niños que se encuentran mas conectados a su divinidad que los adultos, procesan esos “no” igual que el universo. Cuando les decimos “no seas desordenado”, el niño entiende “desordenado”, ese es el único mensaje que queda en su memoria. ¿Recuerdas algo como esto que tus padres te decían cuando eras niño?, ¿Recuerdas que te decían “no seas flojo o tonto o torpe?. Si has podido recordar, te darás cuenta de que te quedabas con un sabor extraño cada vez que escuchabas esas palabras. Si lo analizamos con más calma, podríamos decir que se trataba de un juicio. En el ejemplo anterior, puedes recordar que tu padre o tu madre pensaban que eras un flojo, un tonto o un torpe.

Cuando queremos que nuestros hijos dejen de hacer algo, es conveniente buscar alguna manera de guiarlos para sacarlos de allí evitando el famoso “no”. Lo ideal es explicarle los inconvenientes que tendrán si siguen haciendo lo que están haciendo, aun mas, lo ideal es que puedan decidir por ellos mismos si quieren seguir o no con la experiencia y acompañarlos para evaluar sus resultados y juntos sacar las mejores conclusiones de la aventura. Esto a simple vista parece peligroso, pero está muy lejos de serlo. Peligrosas son las consecuencias de un “no” que muchas veces va lanzado sin razones que lo sostengan. Los niños saben cuando un “no” no tiene el sustento suficiente y se dan cuenta que solo se trata de imponer un abuso de poder sobre él. De estas situaciones se obtienen los niños rebeldes.

Los padres somos los que vemos los peligros y por eso nos abalanzamos sobre nuestros hijos con un inmenso “no” cuando los vemos acercarse a algún peligro inminente. Pero hasta en estos momentos podemos utilizar nuestra inteligencia para trata de hablar en positivo. Por ejemplo, si vemos que el niño quiere acercarse a un calefactor y corre el riesgo de quemarse, podemos tener la delicadeza de acercarlo lo máximo posible para ensañarle el calor. El niño lo aprenderá de inmediato y nunca más deseará acercarse allí.

En la vida cotidiana hay muchas situaciones en las que podemos utilizar los “no”, trata de contarlos y te volverás loco. Quizás los más complicados y significativos sean los “no” que decimos a nuestros hijos adolescentes. Ellos ya tiene ciertos intereses y cuando los contradecimos se producen diferencias importantes. Pero también es posible llegar a consenso con ellos. En estos casos la vida nos obliga a tener un mejor y mas profundo dialogo con ellos. Aumentado el nivel de comunicación no tendría por qué existir inconvenientes, especialmente si hemos evitado los no en la temprana edad. Se pueden plantear las dos partes con entera transparencia, con mucho respeto y honrando ambas opiniones. Puedes explicarle a tu hijo, por ejemplo, que no quieres negarte a su salida por la noche, pero que te mueres de miedo que le pase algo o se junte con amigos que no te gustan, que eso te impide estar tranquila(o) y qué prefieres que se quede en casa. Las cosas bien planteadas tienen muchas posibilidades de que se puedan resolver. Tal cual como nos sucede cuando pedimos al universo, si explicamos el detalle, existen muchas posibilidades de que nuestra creación se manifieste.

Un niño que ha crecido bajo el régimen de los “no” no tiene su criterio personal bien formado. Está acostumbrado a la resistencia y tratará de buscar maneras poco claras para hacer lo que quiere. Será un adulto cargado de negaciones que le pesaran a la hora de hacer sus propias manifestaciones personales, no creerá que pueda ser posible. Será un adulto que le cueste tomar iniciativas por temor a hacerlo mal, no tendrá confianza en sí mismo, creerá que el mundo está en su contra, que hay gente lista para enjuiciarlo y no tendrá el mismo nivel de confianza en la vida que un adulto que tuvo una niñez sin “no”.

Mientras más existan los “si” en nuestra vida, más felices seremos. “Si” a la aventura de vivir, “si” a disfrutar del error, “si” a intentarlo de nuevo, “si” a levantarnos una y mil veces y un “SI” a ser más y más felices.

Patricia González
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sábado, 7 de enero de 2012

Los niños tienen todo el potencial


Educar es sacar a la luz la creatividad del niño. La educación no es la simple acumulación de conocimientos, tampoco es una preparación para poder ganarse la vida como hoy se acostumbra a pensar. La educación es mucho más que todo esto. Se trata de ayudar a los niños y jóvenes a ubicarse en el contexto de la vida, a saber tomar sus propias decisiones basadas en el bien personal y común, que aprendan a utilizar sabiamente su propia libertad, que sepan reconocer lo que les gusta hacer, que sean capaces de saber lo que esperan hacer de su vida y que sepan cómo hacerlo por sus propios medios, que se relacionen con aprecio a sí mismos y a los demás, que sean perseverantes y capaces de alcanzar metas, respetando la diversidad, con valores y virtudes.

Cada niño viene dotado de todo el potencial para ser lo que tiene que ser, no es nuestra tarea imponérselos. Ellos vienen a cumplir con un plan superior para desarrollar su nivel de conciencia con su particular aporte a la humanidad. Actualmente no estamos celebrando la diversidad de los niños, los uniformamos y les exigimos un rendimiento también uniformado. 

Lo primero es el SER y después vienen los conocimientos. Primero está la búsqueda de la felicidad interior y la guía para que ellos mismos lo descubran. Las escuelas son inertes cuando se saltan estos principios tan importantes que dejan de lado el cómo se aprende a vivir en las relaciones con los demás, cómo comunicarse, cómo enfrentar los éxitos y los fallos y cómo todo en el universo está conectado.

Hemos impuesto los aprendizajes intelectuales por sobre la creatividad, la educación emocional, la capacidad de observación y la genialidad innata de los niños. Esta imposición limita o anula la capacidad de soñar y lo más valioso de un ser humano es su capacidad de soñar, porque ésta le permite innovar y expandir su ser, que son los más importantes portadores de la felicidad en el adulto. La persona que tiene mutilada su capacidad de soñar no puede ser feliz y su vida se convierte en un sobrevivir.

El conocimiento se ha inclinado demasiado a lo intelectual. Las artes enseñan las emociones y cada vez son más postergadas en los programas educacionales. Es vital lograr un equilibrio en todas las asignaturas, mitad para cada parte del cerebro. No se trata de eliminar contenidos, es agregar más cosas para que aprender sea más rápido. Se logran mejores resultados y con excelencia cuando hay un ambiente más agradable. Es importante que los niños sientan su propia confianza por el aporte que harán al mundo, que ellos puedan sentir que van a contribuir, que descubran el propósito de su vida con un enfoque de cooperación y conexión con la red de la vida. Todas estas son habilidades necesarias para la vida.

En la educación formal actual, todo lo que se enseña está limitado en un marco, hay especialización por áreas. Por eso cuando los jóvenes terminan sus estudios lo hacen sintiéndose inútiles si alguien no les da empleo, se llenan de temor y desconfianza de la vida. De las escuelas no salen a crear empleos, salen a buscar empleo. No se crean emprendedores. Las personas terminan creándose una perspectiva que es más cercana a un espectador de la realidad, en vez de estar dispuestos a  cambiar la realidad. Se forma una mentalidad competitiva, derrotista y egoísta que fomenta los intereses creados y mezquinos que no favorecen a la humanidad, sino que obedecen a intereses personales o reducidos a grupos de poder.

Bajo estas limitaciones, cuando llegamos a la adultez,  juzgamos todo nuestro entorno en base a bueno y malo y no se comprende que es mejor enfocarse en que todo es mejorable. O sea, nos quedamos sin iniciativa, somos meros espectadores de lo que sucede y no nos sentimos capaces de hacer algo para mejorar nuestras circunstancias.

Un sistema integrado de aprendizaje evitaría que la ciencia y la tecnología sigan  siendo manejadas por intereses egoístas. Los jóvenes educados en un sistema amplio utilizaran todo su criterio para resolver las problemáticas actuales porque habrán desarrollado su conciencia y formularan soluciones amplias, las más amplias posibles.
 
Pensar en forma amplia, contando con toda la información necesaria para tomar buenas decisiones evitará, por ejemplo,  que empresas como Monsanto pretendan apoderarse de las semillas del mundo y produzcan hambre y una escases creada artificialmente. Todos estamos de acuerdo en que hace falta valores y ética y la educación segmentada y fraccionada no lo está permitiendo.

Es necesario que los niños aprendan a aprender, por eso no es tan necesario  memorizar datos, sino la habilidad de ver más allá, para que cuando trabajen resuelvan sabiamente. Esto no se enseña con los libros, los libros son accesorios que podrán utilizar después de valorar la dignidad humana y la sustentabilidad de la humanidad. La ciencia y la tecnología vienen después del desarrollo de la conciencia. Cada niño es único y grande, pero nuestras escuelas reprimen estas potencialidades, están reduciendo sus capacidades y están formando profesionales competitivos y sin confianza en la vida.

Los niños saben cómo ser niños, no son ignorantes, les faltamos el respeto y los atropellamos cuando creemos que nosotros tenemos que llenarlos de nuestros conocimientos en desmedro de lo que ellos traen en su interior. Lo único que podemos hacer es acompañarlos a SER. Cuando comprendemos esto, participar en la educación de un niño se convierte en un honor y un privilegio.

Patricia González
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viernes, 23 de diciembre de 2011

La educación formal de los niños


Si estas advirtiendo algún inconveniente en el rendimiento escolar de tu hijo, pese a que te sientes motivado a ayudarlo y apoyarlo sin que tus esfuerzos logren dar buenos frutos, existen muchas posibilidades de que el problema no se encuentre en tu hijo, sino en lo que el sistema escolar está haciendo por él.

La educación formal tal como la conocemos hoy, ha sido poco a poco estructura de acuerdo a los intereses de la sociedad, los gobiernos y del sistema económico. Este sistema no se encuentra basado en los intereses de cada niño o cada individuo que desea aprender y desarrollarse. Los intereses creados en torno a la educación formal se encuentran muy distantes a lo que sirve y ayuda a los niños en forma individual, ya que estos se dejan en segundo plano. No se considera relevante los intereses, las inclinaciones, las capacidades, talentos y dones naturales de cada uno de los niños, más bien, se ha querido implantar un programa estructurado a nivel mundial que fortalece ciertas aéreas que servirán al mantenimiento de nuestra estructura social, en desmedro de las que cada cual requiere desarrollar.  Aun no se comprende que La sociedad se vería profundamente beneficiada si cada cual se desarrollara en plenitud.

Más que hacer juicios sobre lo que nosotros mismos hemos construido bajo el nombre de educación formal, es conveniente observar sus falencias con la finalidad de hacer las correcciones que tengamos al alcance y que son muchas y muy amplias.

Un tema importante es que la educación formal está basada en una forma de aprendizaje que no es natural para el ser humano. Nuestras facultades y capacidades intelectuales son enormes y todas son posibles de desarrollar en base a la utilización de la imaginación. No existe otra manera de aprender que no sea en base a la imaginación y al proceso de guardar imágenes mentales. Todo lo que aprendemos en la vida, del área que sea, es almacenado en forma de imágenes. En la educación formal, la utilización de la imaginación parece estar prohibida.

Muchos son los casos en que los niños son fuertemente criticados por sus profesores por realizar algunas tareas aplicando su imaginación saliéndose de los esquemas predeterminados. Supe el caso de una mujer que pasados los 50 años de edad aun se quebraba al recordar que cuando era muy niña fue ridiculizada por su profesora frente a todos sus compañeros de curso por haber pintado el tronco de un árbol de color rosa. Todos los que hemos asistido a colegíos tradicionales cargamos con uno o varios episodios traumáticos creados por nuestros profesores por haber utilizado nuestra imaginación y haber hecho alguna acción que ni siquiera pensamos que sería fuertemente juzgada, provocando un evento que drenó energía vital y natural de nuestro SER al sentir que estábamos cometiendo un pecado que debía ser castigado. Nuestros sistemas de educación no pueden seguir haciendo esta mutilación de un aspecto tan importante del SER.  Albert Einstein dijo que la imaginación es más importante que el conocimiento.

Otro aspecto importante es la disminución de los tiempos libres que los niños necesitan para crear su propia vida. Las largas jornadas escolares no permiten que los niños puedan jugar como necesitan. El juego es la única y mejor forma de aprender cuando somos niños. Si la educación se basara en el juego, todos podríamos incorporar la información necesaria y retenerla por todo el tiempo que se requiera. Sin embargo, la escuela está muy lejos del juego. Se ha convertido en una pesada obligación con extensos horarios, negando el justo derecho a moverse, expresarse, interactuar, comunicarse, relacionarse, inventar e innovar libremente.  Los conocimientos se entregan en forma fija, estática,  aburrida y en jornadas extenuantes para cualquiera, especialmente para los niños que por naturaleza necesitan más que nadie experimentar. Los horarios escolares no están favoreciendo el aprendizaje, más bien han sido establecidos con una finalidad diferente, que se relaciona con proporcionar los tiempos  requeridos por sus padres para cumplir sus propias jornadas de trabajo, evitando el problema de los niños solos en la casa y/o en la calle.

Los conocimientos entregados a los niños están siendo limitados a los que supuestamente requiere la sociedad, privilegiando aquellas aéreas más comercialmente necesarias. Se están dejando de lado las aéreas creativas, las artes y otras que al parecer pueden no ser tan relevantes y se fortalecen materias como las matemáticas y otras que aparentemente son más útiles. No se considera que un ser humano es un ser de amplitud que necesita expresarse en forma holística, utilizando todas sus facultades para lograr una vida armoniosa y feliz. Cuando se limita la expresión de algún área en especial, la persona se ve fuertemente afectada, pudiendo manifestar intensos sentimientos de frustración y desdicha en la vida adulta aun habiendo conseguido un significativo logro académico y profesional.

Actualmente se está permitiendo la formación de profesores casi por accidente. No se está privilegiando la vocación de maestro, mas bien, es una profesión que puede ejecutar cualquier persona que lo decida, aun sin tener su alma comprometida con lo que ésta tarea significa. Un maestro une su espíritu con el de su alumno y se hace uno con él, dando lugar a un intercambio de energías mutuas que hace que el aprendizaje se convierta en un viaje mágico y no en una obligación pesada de cargar. A un maestro no le interesa la calificación porque entiende que la calificación es una comparación entre seres individuales que no pueden ser comparados. Su mayor función consiste en empapar la dicha de aprender a aprender.

Entre otros temas, la separación temprana del niño con sus padres, especialmente con su madre, puede afectar profundamente su autoestima. El niño es sometido a un régimen diferente al medio de confianza, cariño y amor proporcionado en su hogar, siendo esto el mayor soporte emocional y espiritual de la infancia necesario para formar un adulto seguro y feliz.

Hay muchos aspectos de la educación que podemos mejorar en conjunto. Si escuchamos a nuestros hijos, descubriremos  algunas verdades al respecto que podemos considerarlas con un mayor grado de importancia. Además, podemos recordar lo que nosotros mismos vivimos en la infancia escolar.

Es maravilloso sentir como cada vez somos más los que nos interesamos en hacer mejoras importantes en esta área.  Hay profesores que han renunciado a su trabajo para dedicarse a crear una educación diferente, con sistemas que favorecen el crecimiento y desarrollo del ser como centro, hay escuelas de educación libre naciendo por todos lados, hay un inmenso interés en hacer de la educación un apoyo al crecimiento y la expansión del SER en todo su esplendor.

Patricia González
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